A ver si entiende Burguera que una cosa es “contra-fuero” y otra cosa es “contra-fiera”
Las modificaciones de la Ley de Orden Público vienen a reforzar las libertades que el Fuero de los Españoles garantiza a los ciudadanos. Entre las primera libertades que corresponden a todos los españoles está la del respeto a la dignidad, integridad y liber- tad de la persona humana, reconociendo al hombre, en cuanto portador de valores eter- nos y miembro de una comunidad nacional, titular de deberes y derechos, cuyo ejercicio garantiza en orden al bien común. Así reza el artículo primero de un texto cuya finali- dad es la garantía de libertades MIENTRAS NO ATENTEN A LOS PRINCIPIOS FUNDA- MENTALES DEL ESTADO. Separar del tex- to los artículos que elegimos como base de entender la libertad sin limitaciones es fal- ta de honestidad, desinformación pública, utilizar sibilinamente las normas para ATEN- TAR precisamente contra el Estado.
No puede, pues, la L. O. P. modificada caer en recurso de contrafuero, porque el Con- trafuero se ha establecido precisamente para velar por los Principios Fundamentales del Estado y utilizar el contrafuero frente a los
SEMANARIO INDEPENDIENTE (Depósito legal: M. 7-1964)
| AÑO VIII - NUM. 392 - 3 JULIO 1971
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JOAQUIN PEREZ MADRIGAL
13 PTAS.
Por OSCAR MEDINA
desviacionismos del Poder que traten de mo- dificar aquéllos.
La modificación de L. O. P. trata de evitar que el Gobierno tenga que echar mano de las facultades del artículo 35, salvo causas muy imperiosas. Pretender que la subversión se institucionalice, cediéndola el paso libre de las vías públicas para que por ellas circu- le sin limitación la algarada y el atropello que viola la libertad de los demás españo- les, es una triste paradoja escrita en un pe- riódico que ha recogido en su propio des- tino las experiencias más trágicas, desde el destierro voluntario de quien no quería san: gre, para anegarnos en ella, hasta el tiro traidor en la madrugada, del tribuno cuyo nombre repica ahora en tierra chilena.
G Burguera, que en su tendido de sol no entiende nada, un día dijo que si tan poca fuerza era esa minoría, ¿para qué hacía fal- ta tanta fuerza? Otro día se preguntan en el mismo periódico: ¿Quiénes? (queriendo cargar a la cuenta de la derecha chilena el crimen magnicida). La respuesta a esta últi- ma pregunta no se ha hecho esperar. De ver- dad que somos un pueblo de retóricos. Se- guro que a uno le gustaría explicar a ciertos escritores que nuestra experiencia socio-po- lítica tiene su origen en el latido mismo del trabajador manual. Que somos de los incon- formistas que aireamos las palabras de José Antonio en Mota del Cuervo. Que no somos de derechas ni de izquierda, porque son con- figuraciones que carecen de sentido. Que no somos siquiera extremistas. Que tenemos un gran sentido de la tolerancia y de la liber- tad. Que no nos sentimos tan liberales como Gregorio Marañón, que no dudó en prolo- gar el libro de León Degrelle «Almas ar- diendo».
Que llevamos luchando incansables, inase- quibles al desaliento, desde los años cuaren- ta —muchos, como yo, desde los dieciséis años— por convencer a la burguesía espa- nola de la pereza mental en que vive al ig- norar los riesgos socio-políticos de la épo- ca. Que esta enfermedad burguesa no es pri- vativa de nuestra Patria, sino también de todo el mundo occidental anglosajón, es no- torio. Al amparo de un socialismo decaden- te, en que la tajada del león se la lleva siem- pre el capitalismo (y utilizamos el «ismo» como simbolo para diferenciarlo del ingre- diente capital), un grupo muy definido en el interior de nuestra Patria, pretende enmas-
LEAN EN ESTE NUMERO:
carar a los españoles, tras sus medios de di- fusión informativos, el verdadero matiz de sus intenciones. Al socaire de permitir y de- fender libertades negativas y condicionantes, quieren hacer creer que son los valedores de una distribución social de la riqueza, a la que están muy lejos de acceder. De esta doc- trina ha participado también un sector cam- biante doctrinal, cuyo oportunismo está en la mente incluso de los anarquistas de Fe- derica Montseny.
Quede claro, pues, que todos esos califi- cativos que se usan como insulto desde cier- tas columnas son pura finta política. Nues- tra filia y nuestra fobia están claramente de- finidas. A ellos, escarceadores de la maqui- nación política, les corresponde responder. Nosotros no somos defensores de lo que no tenemos, porque no poseemos absolutamen- te nada. Defendemos el patrimonio común: la Patria, el Orden (no la injusticia), que es lo único que tenemos en conjunción con el resto de los españoles. No aspiramos al Po- der, no queremos prebendas. Pedimos or- den para circular, aunque en ese orden nos corresponda ir detrás o ir a pie.
O Burguera no entiende. La Ley de Or- den Público modificada no agrada a quienes quieren gozar de libertades para fastidiar las del prójimo. Pues cualquiera entiende que la limitación a las atribuciones del artícu: lo 35 del Fuero de los Españoles no quiere decir se caiga en contrafuero, ni tampoco por limitar los derechos del artículo 18. Cual- quiera que guste informarse sabe que todas las libertades que concede el Fuero de los Españoles están supeditadas a que «no aten- ten a los principios fundamentales del Es- tado».
Las modificaciones de L. O. P. no caen en contrafuero; vienen a establecer unas me- didas legales sancionadoras que harán sea menos necesario (a al menos lo intentan) las correcciones legales de aplicación del ar- tículo 35. Pero para Burguera, que, en otro tendido de sol, considera que mucha fuerza - es la fuerza precisa para tan menguada fuer- za, con lo que quiere demostrar que hay mucha fuerza desenladrilladora y habrá que decirle solamente que no hay peor sordo que el que no quiere oir, ni peor entendedor que el que no quiere entender, ni desenladrilla- dor que desenladrille, por buen desenladrilla- dor que sea, cuando todo se quiere enredar. Y eso es todo.
QD Del secretamente llamado «Complot de Vallecas»
SUCESOS Y HOMBRES DE LA RECIENTE HISTORIA
Por PEREZ MADRIGAL
O ¡HAGAN JUEGO, SEÑORES, QUE EL «CRUPIÉ»
ES NOVAIS!
Por LEON TEJEDOR
OQ Yotros Interesantes originales de actualidad
FANTASIA ATORMENTADA
SIMPOSIO EN El CELO Por EL P. DANIEL VEGA, C. M.
San Pedro le dice al Arcángel que tenia de servicio en la semana: _ Mira, Rafael, avisa a los Fundadores de todas las Ordenes re- ligiosas Que aquí viven en sus departamentos correspondientes que mañana, a las seis de la tarde, tendremos un Simposio en la sala 124,
—¿Un qué ha dicho? —replica el Arcángel.
—Un Simposio. Simposio. ¿Te enteras?
RAFAEL.—¿Queé es eso de Simposio?
SAN PEDRO.—Una reunión, una asamblea, una convivencia, una especie de cónclave; pero como en la Tierra hacen muchas tonte- rías, han inventado esta palabreja sin estar en el Diccionario, por lo menos el que yo uso, que es el de José Alemany, Académico de la Española.
Simposio, Simposio, va repitiendo Rafael por el camino para que no se le olvide. (En la Tierra deben estar medio chalados), dice por lo bajo.
Llama en el departamento de San Ignacio de Loyola, y sale a recibirle el asceta P. Alonso Rodríguez:
—¿Qué desea?
RAFAEL.—De parte del Portero celeste —San Pedro—, que maña- na, a las seis, tienen un Simposio en la sala 124 todos los fundadores de las Ordenes religiosas.
-—Un Simposio, ¿ha dicho usted? ¿Y eso qué es?
Sin aguardar respuesta, se marcha para comunicárselo a su pa- dre Ignacio y su Fundador.
Entra en el departamento, dando un portazo, porque aquella no- ticia le ha puesto de un talante no del todo tranquilo y sosegado.
—Padre Ignacio —le dice ya en su presencia—, que San Pedro le convoca, al igual que a los demás fundadores, a un Simposio a las seis de la tarde en la sala 124.
—¿A un Simposio? ¡Bah! Alguna tontería de los del mundo, como si lo viera. De todos modos, algo grave sucede cuando nos convo- ca a todos los fundadores con carácter urgente y desusado en esta región de dicha y felicidad. Contesta —le dice al P. Rodríguez— que seré puntual a la reaunión, no al Simposio.
Un aviso .parecido les fue transmitido a los restante fundado- res para que acudieran sin falta a la convocatoria ordenada por el Portero celeste.
Quien más, quien menos de los fundadores sospecharon el mo- tivo poderoso que tenia el Santo Portero para semejante Simposio.
Lo primero que se les ocurrió a casi todos, que sus hijos del mundo habían hecho mangas y capirotes de sus disposiciones y de las reglas que les dejaron como testamento espiritual, y que la relajación debía de ser escandalosa cuando se cernía un castigo de proporciones apocalípticas, a juzgar por la llamada nunca vista en aquel Edén.
Pocos son los que no recibieron invitación, porque no necesita- tan recibir órdenes: San Bruno, y para de contar, porque todos los demás se presentaron ante llamada tan trágica.
COMIENZA EL SIMPOSIO
Comienza el Simposio, entonando San Pedro el Trisagio en ho- nor de la Santísima Trinidad; Santo Dios, Santo Fuerte, Santo In- mortal; Libralos Señor de todo mal.
Repitieron tres veces el hímno con gran emoción, pues todos A eneban algo nunca visto ni oido en los anales celestes y te- rrestres.
Terminado el Trisagio ordenó San Pedro que se sentaron to- dos, para irles comunicando a cada uno su documentación corres- pondiente, y sobre ella versaria la conferencia y los remedios que se podrían sugerir y aplicar.
á Llamó a Rafael, y le fue dando todas las documentaciones para
que las repartiera a cada fundador.
ñ _Así lo hizo el Arcángel, al servicio de San Pedro, y una vez ter- minada la distribución correspondiente, les invitó a todos los fun- dadores para que la leyerany meditaran por espacio de media hora, pasada la cual comenzaría la discusión, a base de la documenta- ción correspondiente, traída de la Tierra por los Angeles de la Guar- da de cada miembro de su Congregación.
Leídos los informes correspondientes, se suspendió la sesión por dos días, hasta que se calmara algún tanto el estremecimiento que produjo a cada uno de los convocados la lectura de la vida y actos verificados por sus hijos en la tierra.
mayoría de los fundadores sufrió sincopes y desmayos, y de haber estado viviendo todavía en el mundo, hubieran muerto re-
- Pentinamente del golpe moral recibido con el informe auténtico,
traído por un ejército de Angeles de la Guarda respectivos.
La mayoría se metió en cama por no poder soportar el tremen-
do impacto en posición vertical, y apenas pudieron descansar ni
dormir, como efecto de la sacudida recibida...
- __ Pasadas las cuarenta y ocho horas transcurridas desde la prime-
- Ta sesión, dedicada a entregar las fichas de los hijos respectivos, se
Rersonaron en el hemiciclo todos los fundadores de las diversas
es de la Iglesia, excepción hecha de San Bruno, del que no la queja ninguna con relación a sus súbditos. Y ¡Cómo se presentaron! ¡Daba pena verles!
“ea Desmadejados casi todos, ojerosos, tambaleantes, sudorosos; al- 5 Otros, desorbitados los ojos, mirando al infinito, desordena- JHSREno, agarrotados los dedos y las manos, como queriendo
elas algo que se les escapaba; no pocos braceando ins-
nie, dando golpes en el espacio, pronunciando algunos pa-
A,
labras incoherentes sin sentido, aunque se percibían algunas frases sueltas que decían:
—¡Que me den permiso para volver a la Tierra! y arreglo aquello en un santiamen!
San Pedro, al verles en esta situación, se compadeció de ellos y les dio otros tres dias de descanso, hasta que se les pasara el primer furor contra sus hijos terrestres.
¡Eso quiero,
SESION PLENARIA
Un poco más calmados, aparecieron en la sesión plenaria con: vocada por San Pedro a todos los fundadores, menos San Bruno, y comenzó la sesión una vez que se tocó el timbre de los grandes acontecimientos.
DISCURSO DE SAN PEDRO
«Señores fundadores de todas las Ordenes religiosas existentes en la Tierra. Muy señores míos y queridos hijos:
Por la documentación que tenéis en vuestro poder habéis podi- do apreciar la conducta de vuestros hijos en la Tierra, de modo especial una gran parte del elemento joven de vuestra Institución.
_ En este lugar de delicias, por única vez, habéis tenido un gran disgusto, un terrible contratiempo que si estuvierais allí hubiera acabado con vuestra existencia terrena, pues no podríais haber so- portado tan espantoso drama espiritual, como es el que gran par- te de vuestros hijos consagrados para llevar la luz espiritual a las almas las estén llevando a las tinieblas más cerradas del lugar te- nebroso.
Tan sólo esto hubiera bastado para terminar con vuestra vida terrena. Ya no es sólo que ellos se pierdan, pero que promueven la perdición de los demás, a conciencia de arruinar las almas, de producir el desorden, la confusión, el caos.
En lugar de ser apóstoles de Cristo se han convertido de la no- che a la mañana en agentes de Lucifer, pero agentes activos, pro- pagandistas del mal, para conseguir la demolición de la Iglesia, Ano ha dicho Pablo VI, sentado actualmente en la silla que yo
ejé.
No quiero hacer un recuento de los secularizados en cada Con- gregación, de la que vosotros fuisteis fundadores ilustres; pero no, no quiero produciros más congoja que la que ya tenéis por los folios traidos por los Angeles y que están en vuestro poder.
Vosotros no tenéis culpa ninguna de que gran parte de vuestros hijos se hayan vuelto locos y estén cometiendo en estas fechas toda clase de locuras, anejas a la apostasía de que han sido victimas.
Además de la esquizofrenia que se ha apoderado de los pobreci- tos, les ha dado por sacudirse el carácter sagrado que les impri- mieron en su ordenación, diciendo que quieren desacralizarse, que desean ser hombres mezclados en el mundo como otros cualesquie- ra, que no quieren nada con aquello del salmo —169— «Tú eres
sacerdote por toda la eternidad, según el orden de Melquisedec.»
SIGUE EL DISCURSO
Si hiciéramos un balance de los desórdenes que ha supuesto este terremoto espiritual, que ha asolado al mundo más que todos los terremotos que sacuden regiones enteras de la Tierra, no ter- minaríamos en mucho tiempo. .
Personal eclesiástico secularizado se calcula en 30.000; la mitad de los cuales figuraban entre los individuos de Ordenes religiosas, y esto en el espacio de cuatro o cinco años. Vocaciones, casi ningu- na. Seminarios, cerrados. Están haciendo unas iglesias frías que apenas hablan de vida espiritual, similares a las de los protestantes.
Muchísimas imágenes las han arrumbado a los desvanes o han hecho almoneda con ellas, en un parecido al tratamiento que las dieron los Iconoclastas en tiempos de León Isáurico, en el Medievo.
Las campanas estás desapareciendo. El órgano es sustituido por unos conjuntos musicales a base de guitarras, acordeones y otros instrumentos propios de salones profanos.
Lo grave es que ha llegado el ataque a los dogmas. Se arremete contra la Eucaristía, la confesión, la devoción a la Virgen, el valor de la oración, y de los sacramentos, la Escritura sagrada, la infali- bilidad del Papa, el ministerio sacerdotal. Estas anomalías han sido denunciadas por mi sucesor Pablo VI. é
Para más libertad, se han refugiado muchos jóvenes en unos pisos que son sepultura de vocaciones, segun asegura un pisista vic- tima del mismo. , 27
Lo que les voy diciendo es tan sólo una mínima parte de lo rea- lizado por una gran parte de sus hijos jóvenes en la Tierra, pues no quiero tocar otros asuntos que les amargarian la existencia en este sitio, todo él dedicado a glorificar a Dios y a una eterna fe- licidad. P
] ] so ha sido un paréntesis dentro de este gozo sempl- otro ha movido a ello la situación de sus e allá en la tierra, que han tenido la enorme desgracia de sufrir este cataclismo sin igual en los anales de la Historia antigua, media y
moderna.
Les dejo a ustedes de m tos proporcionados por mi, guna solución que podríamos tida y tan espantosa. , '
tara en el próximo número, D, m.)
omento, para que, a vista de estos da-
deliberen libremente y me sugieran al- dar a una situación tan comprome-
y ARA , Pe a
POR SI SIRVE DE ALGO [3]
o
Como sabemos, el comandante Doval, por el verano de 1935, me confió un rimero de cuartillas con el relato referente al «complot de Vallecas» y de otros importantes servicios de Policía y Seguri- dad conducidos por él bajo su personal responsabilidad y auxiliado
siempre por un plantel de guardias civiles, bien probados en la in- vestigación y la represión del quehacer y del deshacer, en vidas y haciendas, de los activistas del atraco, el pistolerismo y el terro- rismo inhumano y antisocial... No aparece en el relato de «lo de Vallecas» dato tan importante como el de las fechas del suceso, pero por deducción vamos a fijar el invierno de 1927.
: El comandante Doval, a la sazón era el capitán de la Guardia Ci- vil de Gijón. La demarcación de sus fuerzas y mando se extendía a toda la zona minera: Aller, Turón, Mieres y Langreo. El socialismo y y el anarquismo, con predominio de aquél (U. G. T.) sobre la Acra-
cia (F. A. 1.), Entre los anarquistas de acción más significados y «ejecutivos» figuraban José María Martínez (a) el Rastra; Segundo 7 Blanco González (llegaría a Ministro de la República, con Negrín), | y Acracio Bartolomé. Por los socialistas (asentados y «colaboracio- ] nistas», bajo la Dictadura) descollaban, entre los más decentes y «moderados», Manuel Llaneza, y entre los más preparados, Teodo- mido Menéndez, amigo de Indalecio Prieto. En Asturias, con un censo proletario tan nutrido, rudo y valeroso como el de las minas, las dos Juerzas sindicales en pugna, U. G. T.-C. N. T., socialismo evo- y) lutivo y anarquismo demoledor, habrian de apelar, sin reparar en medios, a imponer cada fuerza su doctrina y su acción. Y cuando ¡ en ésta, en la acción, ni las demostraciones, las conferencias, las amenazas, lograban disuadir al adversario terco, se confiaba la ges- tión resolutoria al pistolero de turno, que los había en la plaza o en las sedes centrales respectivas. El caso es que el «ejecutivo» o eje- cutor llegaba «oportunamente» y daba cumplimiento a su misión infame. Al trabajador, al patrono o al lider asesinado, se le enterra- ba. Al asesino, difícilmente se lograba identificarle. ¿Quién había sido? ¿De dónde y por dónde vino y se fue?
El capitán de la Guardia Civil de Gijón, don Lisardo Doval, no ' esperaba, en su función y responsabilidad, para mejor cumplirla y satisfacerla, que los asesinos y terroristas acudiesen a su puesto de mando para identificarse y declarar cómo acababan de perpetrar un crimen O cómo se disponían a perpetrarlo. Tampoco admitía que pistoleros y terroristas de los llegados de fuera de Asturias y de la cuencia minera a cumplir una siniestra misión dentro de su demar- cación, se exhibieran públicamente y facilitasen a nadie la razón de su presencia en Gijón, Aller, Turón, Mieres o Langreo, y el nombre del hotel, fonda o pensión en que se hospedasen... Es decir, el ca- pitán Doval tenía conciencia de que los enemigos no iban a pene- trar, a dejarse ver en el mundo de su función, responsabilidad y jurisdicción. Asi, ¿cómo iban él y sus fuerzas a cumplir sus debe- res de Policía, Investigación y Seguridad? «Si ellos no vienen a nuestro mundo —cosa natural— tenemos nosotros que ir al suyo —cosa, aunque llena de riesgos, natural también en un policía y en un soldado. Y merced a ese móvil de investigación, sin reparar en peligro y en audacias temerarias, el capitán Doval se situó, para mejor servir a la Patria, a la sociedad y a la vida y la hacienda de los hombres —signo distintivo de los Cuerpos de Policía y de la Guardia Civil— en las mismas fuentes escondidas del fratricidio como instrumento de la política social «redentora»...
Todos los pistoleros y terroristas autóctonos o indígenas —los de la cuenca minera— estaban bien localizados, vigilados y casi in- utilizados por el capitán Doval y sus hombres. De aquéllos poco había que temer. Pero el peligro se centraba en los «activistas» fo- rasteros, en los «ejecutivos», ejecutores, verdaderos «verdugos» que, sin saber cómo ni por dónde, aparecian en ésta y en aquella zona de la cuenca, consumaban el atraco o el asesinato y desaparecían sin dejar rastro... ¿Por dónde entraban? ¿Amparados por quiénes permanecían algunos días, bien guardados, a la espera de realizar la bárbara fechoría? Concluida ésta, ¿qué personas, de las exentas de sospechas por conducta y costumbres, facilitaban la evasión? En el afán de descifrar esta incógnita, logró el capitán Doval, tras in- decibles y laboriosos trabajos personalisimos, que sólo él concibió y desarrolló, apoderarse del canal secreto por el que se infiltraban en Gijón y en los pueblos de la cuenca minera los más descollan- tes dirigentes del anarquismo ibérico y los más avezados y temi- bles pistoleros y alcabaleros, mediante el terror, de los «golpes eco- nómicos» a Bancos y poderosas empresas.
Una ¡joven y atractiva mujer, a la que llamaremos Carmina, si- lenciando su nombre por si todavía vive y le ocasionáramos daño con este relato; esta «Carmina» —repetimos—, tan seria como agra- ciada y emprendedora, era en Gijón lo que se dice una hembra de rompe y rasga. Y de tal peligrosidad, por su carácter y talento, que se captaba la universal simpatía. ¡Admirable mujer! ¡Tan joven, tan desgraciada y tan valiente! Su marido, Aquilino, cumplia sen- tencia en el penal de Burgos por el delito de robo. Ella, en viudez
DEL LLAMADO, EN SECRETO, «COMPLOT DE VALLEC
SUCESOS Y HOMBRES DE LA RECIENTE HISTORIA
- Por Joaquín Pérez Madrigal
ye ' MS.
temporal, no se arredró en su penuria y soledad. Sabía corte, cosía que era un primor, poseía grandes dotes para eso de entablar, Sos- tener y aumentar las relaciones públicas utilitarias. Y estableció, como dueña y señora, a base de modelos originales que ella misma diseñaba y confeccionaba en su taller, una casa de modas, modesta, pero próspera y bastante acreditada. Carmina era admirable. ¡Qué trabajadora! ¡Qué inteligente! Por si la «casa de modas» fuese poca industria para Jlenarle las horas y acrecentar su economía, convir- tió su domicilio en casa de huéspedes. No para muchos y sin una previa discriminación. Tres o cuatro, a lo más. Los estables ten- drían que ser personas honorables, con destino estable en la ciudad y dignos de residir en casa de Carmina. En cuanto a los huéspedes de paso, sólo se admitirían aquellos que, bien documentados, acre- ditasen las claras razones de su breve permanencia en Gijón.
Los dos negocios de Carmina la proporcionaban un buen pasar dentro de sus pesares: ganaba para vivir y para lo que más le im- portaba, para enviarle a Aquilino el abrigo, los alimentos y las go- losinas que mitigaron el frio y las hambres de su cautiverio. ¡Cuán- to amaba a Aquilino! Era un loco, un irresponsable, quizás un Ca- nalla, si. Pero Carmina le quería con toda su alma. ¿Era un deli- to que amase a su marido?
Ya habrán supuesto ustedes que todo esto, referente a Carmina, había sido la propia Carmina la que se lo contaba, con variaciones, al capitán Doval a lo largo de las frecuentes entrevistas que solían celebrar ambos. Al capitán jefe de la demarcación de Gijón, con su «volcánica» cuenca minera, le traia «policialmente» intrigado el tipo de mujer aquél, tan joven, tan guapa, con su marido condenado a presidio por robo y con un proceder social —nada reprochable en lo íntimo o privado— tan laborioso y ejemplar...
No le fue difícil al capitán de la Guardia Civil averiguar antece- dentes de Carmina y de Aquilino. Tras prolija, morosa investiga- ción, bien contrastada, adquirió la certeza el «policia» de la peli- grosidad activa y «acorazada» de aquella mujer... Pero convenía ha- cerle creer a la «heroína» que el capitán de la Guardia Civil era un necio, un infeliz más, que se había creido a pies juntillas el cuento de hadas que le venía contando.
Carmina y Aquilino eran dos anarquistas de mucho cuidado. Se habian establecido en Gijón para algo. Este algo era lo interesante. Había que averiguarlo. Y antes que frustrar su consecución, poner sus medios y sus fines bajo el control policial, con lo que se volve- rían las tornas. ¿Qué pretendían los anarquistas valiéndose, entre otros, de Carmina y Aquilino? ¿Dar sus golpes y con ellos demos- trar lo bien que habían burlado al Estado y a la Policía del Esta- do? Pues ahora trataba el capitán Doval, como policía del Estado, de dar sus contragolpes, y con ellos demostrar lo bien que habían burlado los Servicios de Seguridad y Orden Público, a los fanáticos conjurados para el asalto de la Patria mediante el terrorismo fra- tricida, expoliador y anarquizante.
El caso fue que el capitán de la Guardia Cívil de Gijón, como resultado de su sagacidad, perseverancia y tino, logró un día que » Carmina, con espontaneidad de conciencia que se reconoce venci- da y humanamente tratada, le dijese al capitán de la Guardia Civil:
—Vamos a dejarnos de ya inútiles disimulos. ¡Haga usted de mi lo que quiera! ¡Soy anarquista actuante, como mi compañero, y lo seremos mientras vivamos! Servimos a nuestra causa como usted sirve a la suya. Ha hecho usted un buen trabajo..., lo reconozco.
Doval no pudo reprimir su gozo ante las facilidades que le brin- daba Carmina. Aunque no las necesitaba tan pronto. Aquilino iba a ser puesto en libertad próximamente. Y le interesaba al «policía» habérselas con Aquilino. Y que a éste le moviese a confiar, por el trato dado a su mujer, al capitán de la demarcación. Extremó, pues, Doval su comprensión y tolerante tratamiento con la anar: quista de acción, hasta que, ya en escena su compañero, se aborda- se el caso con todas sus consecuencias...
¿Consecuencias? Carmina y Aquilino, hábilmente seducidos por la «técnica» del capitán Doval, transformaron su anarquismo mili- tante en valioso servicio de Información de la Guardia Civil. La casa de huéspedes de Carmina y su piso de modisteria eran instalacio-. nes de refugio clandestino, de correo y enlace para los responsa- bles del anarquismo y de sus «ejecutivos» móviles. No llegaba a Gi- jón, incluso a cualquier lugar de Asturias, un pistolero o terrori con misión específica del que el capitán Doval no tuviera inforr ción rápida. Merced a ésta, tan pacienzuda e inteligentemente r bada y constantemente directa, veraz y sostenida por el capitán val, pudo éste en aquel tiempo frustrar, bajo su iniciativa y man exclusivos, los estallidos de las bombas, con la mortandad cor guiente, del después llamado en secreto «complot de Vallecas; torno a cuya preparación, objetivos y desenlace, seguiremos i mando (D. m.) en artículos sucesivos. Dl:
Desde Francia
Consternación ante la nueva e indeterminada doctrina social de la Iglesia
Deliberadamente he querido retrasar el informar con cierta am- plitud a nuestros lectores sobre la acogida que en los sectores cató- licos calificados de «tradicionalistas», «conservadores», «integristas» o de «nacional-catolicismo» —incontaminados del progresismo do- minante— ha tenido la carta que Pablo VI dirigió el pasado 14 de mayo al Presidente de las Comisiones de laicos y «justicia y pazh, Cardenal Roy, carente de la solemnidad propia de un documento doctrinal y presentada como una carta poco más que particular, que, pese a titularse «Octagesima adveniens», carece del carácter esencial de las enciclicas pontificias. Nos hallamos ante un docu- mento inédito por el conjunto de sus características. Ofrece más mo- tivos de meditación que soluciones y formula más preguntas que respuestas.
Transcurrido más de un mes desde su difusión, puedo ahora in- formar, pasados los primeros impactos, que esta carta del Papa Montini ha dejado estupefactos a los católicos citados ante el insó- lito hecho de que por primera vez, y en materia social, no se apor- ta una homogénea y coherente orientación doctrinal. Parece como si hubiese antes decidido no adoptar actitud alguna que pudiera parecer autoritaria, contrariamente a sus predecesores cuyas enci- clicas, en sus épocas respectivas, propugnaban abierta e invariable- mente «la restauración del orden social de conformidad con los preceptos del Evangelio».
La conmemoración del ochenta aniversario de la enciclica «Re- rum novarum» de León XIII con la carta al Cardenal Roy «Octage- sima adveniens» ha constituido un aliento —y elogio— del pluralis- mo político, y su redacción es un esfuerzo para conseguir una ausen-
b cia de términos explícita y rotundamente religiosos, con un estilo literario desacralizado y equívoco, dice querer ser coherente con el Evangelio, y no hace expresa declaración de afirmación plena de la doctrina social católica. Y naturalmente, el corporativismo queda definitivamente apeado como doctrina social de la Iglesia. Una vez más, el autor de la carta dirigida al Cardenal Roy y des- h tinada a las comunidades cristianas ha sido fiel a su peculiar y hu- mana visión de los problemas humanos e ideológicos, pues ya en 1 de septiembre de 1963 («L'Osservatore Romano» del 2-3 de septiem- bre del 63), haciendo mención de la Revolución Francesa, afirmó que en su doctrina «había ideas vivas, coincidencias entre los grandes principios de la revolución, que no había hecho otra cosa que apro- piarse de algunos conceptos cristianos, hermandad, libertad, igual- , dad, progreso, deseo de levantar las clases humildes. Porque todo esto era cristiano».
Con sorprendente unanimidad, la mayoría de los grupos políticos y sindicales insertos en los postulados del «pluralismo político» han coincidido en la apreciación de que la carta de Pablo VI «consti-
» tuye una ruptura con el integrismo», por su sentido de la historia > y por la deliberada renuncia a proclamar una enseñanza única y a - t proclamar una solución que tenga valor universal con su consiguien- e te capacidad de iluminar en cada época el momento histórico del futuro de la humanidad. de. Y si la Iglesia ya no se presenta ahora a los pueblos como por- y tadora de un único mensaje y una doctrina social de verdad abso- luta y eficacia permanente, no les puede extrañar a los católicos consecuentes que la «Octagesima adveniens» proclame «la urgencia de una acción solidaria en este viraje de la Historia de la Huma- nidad»: no se la presenta como el fundamento de la civilización cris- tiana, sino como mensajera de la solidaridad humana en una socie- dad «pluralista», y entre líneas se percibe el propósito de no querer 4 llegar tarde a la cita con la evolución histórica, como si el orden temporal fundamentado en la doctrina del Evangelio careciese de la permanente aptitud para ser adaptada a todos los tiempos. La carta le recuerda a uno el lenguaje de Althuser y Lombardo Radice cuan- do distingue y separa «ideología» y «ciencia», haciendo un «llama- miento a la imaginación creadora», y en esa misma apelación sitúa el Papa Montini una capacidad anticipadora y renovadora de la fe; ' la función profética.
A las comunidades de cristianos les pide Pablo VI que sepan dis- cernir en el orden político, por sí mismas, «con la ayuda del Espí: ritu Santo, en comunión con los obispos responsables, en diálogo con los otros hermanos cristianos y todos los hombres de buena voluntad, las opciones y los compromisos que convenga adoptar»...
Es decir, que los católicos ya no son llamados a que sean ellos, con su específica. y concreta doctrina social, los arquitectos que construyan la sociedad del mañana, sino que, al contrario, deben comprometerse en una acción social y política «concebida como un servicio», en los movimientos históricos concretos nacidos al aliento de las distintas ideologías. En esta ocasión, la «Octagesima adve- _biens» no hace ninguna mención de los sindicatos católicos obreros O patronales que han nacido de la vitalidad de la Iglesia. La citada carta menciona los movimientos que, nacidos de los errores ideoló- -B1COS, «evolucionan» y por arte de magia resulta que ya no son iden- —Úficables con los errores que les dieron vida.
? Una misma fe cristiana puede conducir a compromisos diferen- tes», ha dicho Pablo VI. Ese lenguaje y esquema mental es radical- e distinto al de unos tiempos no muy lejanos —concretamente la muerte de Pío XII— en que los Papas hacían especial men- ponían siempre de relieve «la competencia de la Iglesia para orlentar— si las bases de una organización social con- 1 conformes al orden inmutable que Dios ha manifestado
Por A. ROIG
por el derecho natural y la Revelación, doble condición requerida y alentada por León XIII en la «Rerum novarum». Tal planteamien- to del orden social cristiano es radicalmente ajeno —e incluso ad: verso— al pluralismo de los partidos y las ideologías nacidas de los principios de la Revolución Francesa.
La carta «Octagesima adveniens» ya no defiende un orden social inmutable y adaptable a los avances técnicos, sino que hace expresa mención de «la aportación del Evangelio como fuente de renova- ción»..., a «una reflexión atenta a las situaciones cambiantes», pres: cindiéndose de enjuiciar si las bases de una organización social con- ereta son o no son conformes a las enseñanzas de la Iglesia que por lo visto ahora ya no es presentada como madre y maestra, sino que se quiere bautizar sin hurgar en sus orígenes y contenido. Por pri- mera vez, en la esfera de lo social, ya no enseña su doctrina a to- dos los hombres, sino que se limita a orientar a los cristianos ha- E «engagements» que les permitan aportar el mensaje del Evan: gelio.
ES una vez más parece que se confunde o identifica a la demo: eracia con el cristianismo. Y con la apelación a la conciencia se abre una espiral al infinito del libre examen individual. Por eso nos afirma Pablo VI: «Deben inventarse formas de democracia moder- na, no sólo dándole a cada hombre la posibilidad de informarse y expresarse, sino comprometiéndosele en una responsabilidad común».
Ya no se trata de poner en obra de conformidad con la virtud de la prudencia lo que Pío XII denominaba el 31 de enero de 1952 el «programa social de la Iglesia», tal como está expuesto en la en- ciclica «Quadragesimo Anno». Ahora, según la «Octagesima adve: niens», los cristianos han de participar —con los demás, en igual- dad pluralista— en la búsqueda de un tipo de democracia moderna, búsqueda o investigación que queda abierta a todas las tendencias ideológicas y pragmáticas.
Liberalismo, socialismo, marxismo son rechazados por Pablo VI, pero... por otra parte afirma que estamos asistiendo a una reno- vación de la ideología liberal... que buen número de cristianos son atraídos por las corrientes socialistas... y que otros cristianos se preguntan hoy si una evolución histórica del marxismo no podría ya autorizar ciertos acercamientos concretos...
A los alineados en la vía liberal les recomienda «un discernement atentif»; a los encuadrados en el socialismo les pide evitar compro- meterse en colaboraciones incondicionales y contrarias al verdade- ro humanismo; y en lo que hace referencia al marxismo les advierte «que sería ilusorio y peligroso olvidar el totalitarismo a que nece- sariamente conduce»... Un detenido análisis de las Enciíclicas de Gre- gorio XVI hasta Pío XII pondría de relieve el «cambio de menta: lidad» que forzosamente ha de chocar con los católicos víctimas del continuado reformismo pastoralista Vaticano Segundo. Una atenta lectura de los comentarios de prensa motivados por la «Octagesima adveniens» nos confirmará su plurivalente planteamiento de la ac- ción de los cristianos.
Para «Le Monde» del 15 de mayo «los cristianos son invitados in- sistentemente por el Papa para participar en la búsqueda de un «type de societé democratique»... «El Papa no desaprueba a los cris: tianos alineados con el socialismo en tanto éste no se oponga a la libertad, a la responsabilidad ni a la fe.»
No es preciso que las profese. Basta con que no se oponga.
«Le Figaro» del 17 de mayo lanza sus campanas al vuelo por la palabra «participación» que inserta el mensaje de Pablo VI, ponien- do de relieve que «La participación era uno de los grandes capítu- los de la política del general (De Gaulle)». A1 día siguiente le replica el Padre Guissard al afirmar que «la resurgence de l'ideologie libe- rale» y la atracción hacia el socialismo constituye un aspecto posi: tivo para el porvenir, así como también la llamada a las comuni- dades cristianas para una etapa de «imaginación social», que vis: lumbra este modesto cronista como una especie de «socialismo de agua bendita», cuyas consecuencias «proféticas» ya pueden preveer- se. «L'Humanité» de la misma fecha afirma por la pluma de Etienne Fanjon: «Por irreductible que sea en el plano filosófico la Oposi: ción del materialismo científico con el principio religioso, este en- tendimiento con los católicos es indispensable y fecundo para la de- mocracia, el socialismo y la paz. Y en esta línea marcada (por la carta de Pablo VI al Cardenal Roy para todos los cristianos) los Co- munistas harán todo cuanto de ellos dependa para que progrese constantemente. Cuando hoy ya nadie se atreve a defender un viejo concepto del mundo ya caduco, el socialismo constituye la esperan- za universal, hasta el punto de que el mismo Papa toma buena nota de él, con ciertos condicionamientos como solución social». «L'Os- servatore Romano» del 17 de mayo escribe: «Nada excluye la bús- queda, el diálogo, con los movimientos que dominan la escena mun: dial (...). El cristiano debe moverse y actuar, vivir y, hasta oo límites, colaborar hacia fines concretos con las otras fuerzas poli- ticas y sociales; del marxismo al liberalismo, a la tecnocracia. Pero no puede cambiar su «credo» social a partir de dichas in Uno ha agotado ya su capacidad de asombro, por lo que a dicho ór- A cid O el reverendo P. Ramiér, que fue Con- siliario Nacional del «Mouvement des cadres chretiens» (M. C. C.), nos explica que «el Papa nos ha dado una lección de política, y este
(Continúa en la página siguiente.)
y Ñ Y bA A di E AA ds A A AAA A ss
De aquí, de allá y del otro la:
Llegaron a nuestras manos hace pocas fe- chas, como envoltorio de alguna mercancía Poco delicada, unas páginas de la revista «Sá- bado Gráfico», a la que Dios perdone el da- no que pueda haber ocasionado a la sensi- bilidad de los españoles. Nos llama la aten- cion en esas páginas la fotografía de un se- nor elegantemente vestido, hablando por te- léfono con no sabemos quién, en sugestiva pose.
Vemos el pie de la fotografía. «¡Atiza! ¡Si es un cural» Nada menos que el «super- agglornado» y muy avanzado padre José Luis Martin Vigil, novelista, guionista, periodista y ¡qué sé yo!
La fotografía aludida ilustra una entrevista mantenida con el clérigo en cuestión, en la cual se dicen cosas que espantan al ser di- chas por un sacerdote. Vamos a pasar por alto la mayor parte de esas «cosas», y vamos a fijarnos sólo en una. A cierta pregunta del periodista de «Sábado Gráfico» contesta «el reverendo» Martín Vigil:
—La tradición ha hecho, POR DESGRACIA, del sacerdote un ser aparte. La sotana ha hecho de él un segregado. Hoy, sin embar- go, desde que el sacerdote colgó la sotana PARA SER HOMBRE, ha dejado de ser una «vaca sagrada». Segun San Pablo, el sacer- dote es un hombre extraido de los hombres para los hombres...
Ni más ni menos y como ustedes lo han podido leer (lo destacado en mayúsculas es nuestro). Ya lo sabe el lector: el sacerdote (católico, por supuesto) «ha dejado de ser una vaca sagrada...». Lo malo es que algu- nos (y no señalamos a nadie en concreto) han pasado a ser... «seres sin sacrilizar». O ya lo eran. Pero se habian vestido de clé- rigo sin duda por equivocación.
o En «Informaciones» apareció un artícu- lo que firmaba Bernardino M. Hernando so- bre el tema del «anticlericalismo». Escribe su autor:
«Aqui se ha sido y se es anticlerical, no sólo por ser creyente, sino porque el cura está en todas partes.»
¡Es para quedarse de una pieza! Porque en esta época posconciliar se ha escrito y voceado hasta la saciedad que el cura debe salir de su sacristía y estar en todas partes. En las mismas páginas de «Ecclesia» (que ha reproducido el articulo del señor Hernan- do en «Informaciones») se ha sostenido este punto de vista: El cura, al mundo, a la so- ciedad, a las oficinas públicas, a los foros, a los laboratorios, a las fábricas, a los esta- dios... A todas partes, en fin, en donde exis- ta actividad humana.
Ahora resulta que no, que el hecho de es- tar el sacerdote en todas partes es ocasión de anticlericalismo... ¿En qué quedamos? ¿Qué tesis debemos abrazar? ¿Adoptar qué postura?
¡Oh tiempos locos, en los cuales los maes-
Por MANUEL PEDROSA
tros se contradicen, las gentes se desorien- tan y andamos de cabeza todos! Con esta oposicion de criterios, con esta confusión te- rrible, ¿qué porvenir nos espera, qué futuro va a ser el nuestro?
e ¡Sincero y clarividente doctor Morcillo, que de santa gloria esté disfrutando! De él es esta frase dirigida al Colegio de Párrocos de Madrid, el 25 de febrero pasado, cuando se despidió de los mismos presintiendo su cercana muerte:
«Creo que el pecado mús grave que esta- mos cometiendo los sacerdotes en el día de hoy es quitar a los fieles la seguridad de su fe.»
El doctor Morcillo reconocía ese «pecado», y con humildad y compunción lo confesaba. No hacen lo mismo, desde luego, los que ese mismo pecado cometen, y, engreídos y so- berbios, ni lo confiesan ni lo reconocen.
o Ha dicho el Cardenal Garrone, según pudimos leer en los periódicos del 30 de ma- yo pasado:
«La situación de las vocaciones en el mun- do es evidentemente más que grave.»
VIDA
Ha quedado demostrado una vez más —y ya son muchas— con ocasión de la misa de campaña y desfile militar celebrados en Bil- bao para conmemorar un aniversario más de la Liberación.
¡Qué solemnidad tan emocionante!, por- que los actos resultaron brillantísimos en verdad, a lo que por dicha acompañó la es- plendidez del sol. Galas, banderas, autorida- des, vistosos uniformes y músicas que con- movían y emocionaban. ¿Qué sentirían los muchos supervivientes de aquellas fechas, presentes al acto? No profanemos su emo: ción y gratitud con epítetos que se quedan cortos.
En el presbiterio, dos sitiales; uno, ocupa- do por el señor Ministro del Aire; otro, va- cante. ¿Para quién estaría reservado? Sin duda para el señor Obispo Administrador Apostólico, única autoridad que brilló por su ausencia. Pero nos hacemos cargo. ¿Có: mo exigirle asistencia? Si solemnemente dis- crepó de los militares con ocasión del Con- sejo de Burgos, ¿cómo no eludir su presen- cia ante ellos? Situación comprometida y desairada. Pero es el caso que también el año pasado tuvo el mismo gesto, lejos aún el ruidoso Consejo. ¿Luego miedo a los mili- tares? Más teme a sus curas que a los ca- ñonazos.
DIO,
Comentario nuestro: ¿Y ésta es la famosa .
y soñada primavera posconciliar? El señor Cardenal ha añadido:
«Para dedicarse a la promoción de las vo- caciones y para poder ser un buen forma- %
dor de sacerdotes es necesario, ante todo, creer profundamente en el propio sacer- docio.»
Creer en el propio sacerdocio... He aquí, sin duda, un buen remedio para esta crisis de vocaciones que nos inquieta. Pero en Es- paña, según se deduce de la famosa encues- ta previa a la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes, todavía estamos tratando de definir lo que ha de entenderse por sacerdo- cio. En estas circunstancias no debe nadie extranarse de que haya crisis...
O Una frase positiva, constructiva, pro- nunciada por el señor Obispo de Cartagena- Murcia, doctor Roca Cabanellas:
«La cruz siempre será un escándalo o una locura. Pero siempre será también la sabidu- ría del sacerdote.»
Evidentísimo. Y también, sin duda alguna, la sabiduría de todo cristiano, seglar o clé- rigo. Pero esto suele olvidarse de ordinario
DI AMAN
s
Mal si se dejaba ver. ¡Qué zipizape entre los curas progresistas, separatistas y etistas, y sus «fieles» seguidores! Mal también si no se dejaba ver ante el sector espanol, bilbaíno o no bilbaíno. ¡Qué porcentaje tan alto de «simpatía» le retiraría éste! Era para pen- sarlo.
¿Qué hacer? Verdaderamente situación crí- tica. Pero había que pasar uno de los dos ru- bicones. ¿Cuál? Por fin optó por esfumarse. Hizo «bien», porque pensándolo detenidamen- te, ¿a quién debe que hoy haya liturgia vas- ca, inútil para las tres cuartas partes de la Diócesis por lo menos? ¿Al Ejército de Li- beración...? ¡Quiá!..., lo debe a los rojos...
Pero reconociendo que unos y otros le hu- biesen criticado, tirase por donde tirase, es lo cierto que un sector muy amplio de sus diocesanos no están con él. ¿Cómo pueden estarlo los que entusiastas y enardecidos asis- tieron a la misa y presenciaron el desfile? Que fueron muchos, pero muchos, sin con- tar los innumerables que hubieran querido asistir y se vieron impedidos. Tal asistencia tiene que abrir los ojos.
Evidente que la Diócesis está dividida. Si eso no le importa al señor Nuncio, bien va el «nuevo rostro» de la Iglesia que pide el
Concilio. MENCHACA
(Viene de la página anterior.)
terreno «devien un lieu de la foi» (¡!). El Padre Heckel, Director de la revista jesuítica «Cahiers de l'actualité religieuse et sociale» lo comprende también así al pontificar que «la fe debe ser vivida en la realidad». Y para el Padre Deroubaix, «responsable nacional» de la Misión obrera, «esta apertura es la luz ámbar, previa a la luz verde para el socialismo. Ya no hay luz roja prohibitoria».
Para «Nouvel Observateur», «la Iglesia ha modificado totalmente la visión que tenía del mundo. Pablo VI escribe que las ciencias hu- manas de la sociología al psicoanálisis «podrían también ayudar a la moral social cristiana». Esta actitud positiva resulta sorprenden- te por cuanto el Papa subraya los límites de las ciencias humanas. Ahora la Iglesia ya no pretende «regenter le monde», sino (solamen- te) «apporter l'Evangele»... «Las interpretaciones a la carta del Papa tienen limitado alcance. Si se elimina a los ultras, muy desconten- tos de esta apertura, todos están muy satisfechos, desde Jacques de Montalais y René Tomasini hasta Etienne Fanjon (de «L'Huma- nité»), pasando por los «catholiques de gauche» y Roger Garaudy, La recuperación ha comenzado.» Y añade: «Les integristes sont en cólere». Si Pablo VI afirma el pluralismo de las opciones, abriendo nuevas puertas, da una orientación hacia perspectivas nuevas y dis- tintas. «C'est un coup terrible porté a l'ntegrisme»... Para el mar- xista Roger Garaudy la «Octagesima adveniens»... «Es un plan de tra- bajo, una iniciativa capital de una Iglesia en movimiento. Nos con: firma en el plan de profundizar en la iniciativa teórica de Togliatti
en 1963... Constato que el capitalismo es condenado en su misma principio y que no se ha lanzado ningún anatema contra el socia- lismo. Esta carta no huele a opio. Y la gran revolución que nos queda por haber sería una desgracia histórica que no la hiciésemos juntos» (los marxistas unidos a los católicos).
Las declaraciones a la Radio Televisión del Cardenal Danielou son mucho menos entusiastas: «Después de esta encíclica, un cristiano puede perfectamente preferir una solución económica «qui soit da. vantage dans la ligne liberale» —yo no digo en el sentido del libe- ralismo que es condenado como ideología— o en una linea más so- cialistan. ¿Acaso nada ha cambiado? Esta es la cuestión...
La estricta realidad de esta hora social es que la «Octagesima adveniens» es benevolentemente interpretada..., políticamente ambi.- gua. Ni los más opuestos contrincantes ideológicos que admiten el principio de la democracia pluripartista —o se aprovechan de sus posibilidades— han sentido la menor decepción ante tan insólito do- cumento pontificio, del que tirios y troyanos del «pluralismo» ex- traen, como los israelitas del maná celestial, el sabor que prefieren. Por eso el cronista teme que los de aquí, los de allá y los de más allá puedan seguir combatiéndose no ya con palabras distintas, sino con las mismas palabras. Son los gajes del pluralismo que nos ofre- ce y alienta. No nos sorprendan, pues, sus consecuencias. Ni la de cepción que el documento ha causado a los católicos que en todos los órdenes se mantienen inclaudicables. E
Toulouse, junio de 1971.
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LO QUE LOS CARLISTAS ESPERAN DE "EL PENSAMIENTO NAVARRO”
Por A. ZURITA DE CEBRIAN
En toda España se sigue con interés creciente el diario «El Pen- samiento Navarro». Desde luego sigue una trayectoria singularmente destacada, que le hace merecedor de que pueda calificarse como el diario español mejor sintonizado con los ideales del 18 de julio. Responde plenamente a los postulados básicos de nuestra Cru: zada: Dios y España. Durante esta última etapa, «El Pensamiento Navarro» ha concentrado un depósito de doctrina y de posturas en el terreno de defensa de la fe, de España, de la Navarra in- mortal, de enfrentamiento contra el comunismo y contra la porno, que si fuera la tónica general de la prensa española cambiaria to- talmente la faz de la vida nacional, muy acorde con lo que debe ser por fidelidad a nuestra Cruzada.
Ultimamente, «El Pensamiento Navarro» ha contestado esplén- didamente a la revista «Mundo», entrometida en los problemas internos del carlismo desde una tribuna que no tiene autoridad alguna, ni para enjuiciarlos ni para entenderlos. La respuesta de «El Pensamiento Navarro», del dia 6 de junio, así como otras acla- raciones sobre ciertas bufas operaciones de dispersión, nos pare cen muy acertadas.
Pero acusa una postura nacional el actual «Pensamiento Na- varro» que no aclara ni convence. Dice el director de dicho diario que «cuanto quien esto escribe sea su director. jamás sembrará la desunión entre hermanos. Jamás se sumará ni se pondrá al servicio más que de Dios, Patria y Rey, del Rey carlista con los legítimos derechos de origen y ejercicio». Muy bien esto en el terreno teó- rico. Pero un diario de ideología política combatiente y actual no puede quedarse en las nubes de la pura abstracción. Pues «la des- unión entre hermanos» dentro del carlismo español, en la actua- lidad, no es fruto de ningún personalismo más o menos pasional. El núcleo central del problema carlista en estos momentos es el siguiente: Hay una dinastía —los Borbón-Parma— que consciente- mente, permanentemente, a lo menos desde 1958, viene producién- dose, en sus manifiestos, en los actos organizados por la llamada Junta Suprema de la Comunión Tradicionalista, en las declaracio- nes de don Hugo-Carlos en «Familia Nueva», las últimas declara- ciones y manifiestos de don Javier y en toda la trayectoria del «ja- vierismo», con posterioridad al 19 de abril de 1937, en que por si y ante si renunció a sus derechos de Regente, asi como con los actos públicos de Montejurra y Montserrat, que han merecido elo- gios y concomitancias doctrinales con Santiago Carrillo, que con seguridad se puede afirmar que los Borbón-Parma enajenan toda legitimidad de ejercicio para seguir invocando su pretendida fun- ción de continuadores del Rey Don Alfonso Carlos I. Hasta el col- mo de que «El Pensamiento Navarro» está al margen de la disci- plina de la Comunón Tradicionalista oficial, ya que ésta preferia a «El Pensamiento Navarro» dirigido por Pascual, con elogios a «Che» Guevara y en linea totalmente progresista.
Si «El Pensamiento Navarro» actualmente tiene una línea polí- tica clarificada en doctrina tradicionalista, debe declarar que no existe «Rey carlista con los legitimos derechos de origen y ejer- cicio». Y debe declarar explícitamente cuáles son los que han cau- sado «las dolorosas heridas provocadas por la defección en el sa- grado cuerpo de la Tradición». Un diario como «El Pensamiento Navarro» no puede callarse por diplomacia o táctica mal entendi- das quiénes son los que traicionan y son cómplices de desgarrar la Tradición. Afirma el director de «El Pensamiento Navarro: «No
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caeremos en la insana estupidez de ensanchar las diferencias en nuestras filas, a mayor gloria y provecho del enemigo. Del enemigo que siempre es uno y el mismo: la Revolución.» Pero en esta inten: ción, que es noble, falta una aclaración fundamental: el enemigo del carlismo español, el que mixtifica su ideario, el que corrompe a sus hombres ideológicamente, el que le causa más daño que el propio Maroto, es el «javierismo-huguismo». Ellos ponen a los auténticos carlistas en oposición con las afirmaciones, los docu: mentos, las hojas, las publicaciones, los manifiestos del tándem don Javierdon Hugo-Carlos, porque éstos no expresan la doctrina carlista, sino que son la negación total del ideario.
Una prueba al canto: El actual «El Pensamiento Navarro» res: ponde maravillosamente a la temática carlista, con perfecta agu- deza para enjuiciar los problemas internacionales, nacionales, so- ciales y religiosos de esta hora. Pero este «Pensamiento Navarro» no es del agrado ni de don Javier ni de don Carlos-Hugo. Al con: trario, don Javier y don Hugo-Carlos están con la revista «Monte jurra», perfectamente alineada con la Revolución con mayúscula, con el enemigo, que tan acertadamente denuncia «El Pensamiento Navarro». Don Javier y don Hugo-Carlos inspiran y están con las declaraciones y discursos políticos difundidos en el Montejurra 1971, des «El Pensamiento Navarro», en su día, denostó como anticar- istas.
Luego «El Pensamiento Navarro» debe aclarar con pelos y seña- les cuando se refiere al «Rey carlista con los legítimos derechos de origen y ejercicio» si se refiere concretamente a los Borbón-Parma, a pesar de la excomunión que han lanzado contra este gran diario carlista navarro. O si la apelación al «Rey carlista con los legítimos derechos de origen y ejercicio» es una mera abstracción, como si habláramos de la humanidad, de la bondad u otros entes de razón. Es de esperar, pues en ello le emplazamos, que se tenga la gallardía de llegar hasta las últimas consecuencias. Pues de no aclararlo, tan absurdo sería «El Pensamiento Navarro» como lo que justamente critica en el editorial aludido.
Porque no hay tarea más importante para el carlismo español que marginar totalmente a los Borbón-Parma, por haberse desvia- do del Testamento jurado del Dey Don Alfonso Carlos I y haberse alejado del contenido ideológico del carlismo, poniéndolo al ser- vicio del marxismo y sus compañeros de viaje. España necesita al carlismo. Con todas sus implicaciones y lealtades, que en ningún momento pueden bastardearse. Pero cuando los Borbón-Parma han caido en errores mucho más grandes que los de Juan III, padre de Carlos VII, tan dignamente depuesto, a lo menos el único periódico carlista que nos queda tiene la obligación de pronun- ciarse en concreto y de no quedarse entre bastidores hablando de una dinastia legitima que no existe y no asumiendo la tremenda responsabilidad histórica que la Providencia señala a «El Pensa- miento Navarro» de convertirse auténticamente en el cerebro y en el corazón de todo el carlismo español, liberado de la defección dinástica de los Borbón-Parma y asumiendo la misión histórica que Carlos VII señaló en su Testamento Político: convertirse en el ór- gano vertebrador de «la dinastia vuestra, la dinastia de mis admi- rables carlistas». Para luchar contra la Revolución y contra el ene: migo. Esto es lo que el carlismo espera de su actual director, sl no es que por posturas que no nos explicamos se siente pequeño ante este gran deber.
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En un reciente escrito pastoral, creo que a propósito del «Día del Papa», Mons. Ci- rarda ha dicho cosas tremendas. Permíta- senos puntualizar para orientar a no pocos e que habrán quedado perplejos.
Termina el Prelado, como aquel que dis- para el último cartucho, con esta afirma- ción: «Estamos en la hora más dificil de la bimilenaria historia de la Iglesia.» Terrible situación. De ser cierta, como así lo cree- mos, nunca mejor dicho: A grandes males, grandes remedios. ¿Y si se aplican? ¿Los remedios son grandes de verdad? ¿Y sobre grandes, son proporcionados? Hora la más difícil, porque se ha abatido, y por los me- dios de comunicación difundido fulminan- temente, el conjunto de todas las herejías, y encima, una crisis total de obediencia. La anarquía, la rebelión campan a sus anchas, Paralela, la relajación en clero y pueblo. Pe- YO ¿presenciaríamos esa vida «caótica» (pa- - labra reciente del Papa) de no existir con- - Juntamente, o mejor precedentemente, cri-
- Sis de autoridad? Este es otro hecho eviden- _te. ¿Y quién tendrá la culpa? ¿A quién prin- - Cipalmente pedirá Dios estrecha y aterra-
dora cuenta?
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_ ¿Remedio? Se cae tan de su peso, que el cropio Prelado a él se acoge: «La autori:
14 es tanto más urgente cuanto más radi- /05 pasos de la renovación.» Coincide apa en su catequesis de la subsi-
diencia de los miércoles: «Tanto
ensable y urgente la función de 1to es más considerada por is
4 j pl 6
la juventud como enemiga de la libertad. Por mimetismo todos tratan de huir la au- toridad y de rechazar el influjo de la trar dición, costumbres heredadas, historia «pa- sadan, etc.
Autoridad, pero ¿en qué forma? «Comul- gando con el Papa, porque así hay la certeza de estar en comunión con Cristo?» Sin duda, señor Obispo. Pero ¿qué clase de comunión? «¿A través de la INFALIBILIDAD, prenda del vivir y querer de Cristo?» Pero si extre- mamos las cosas, ¿a qué reducimos hoy la infalibilidad? Lo poco que queda, ¿cómo se lo manipula, ofusca y desvirtúa? ¿Y qué pasa con lo que no cae estrictamente bajo la infalibilidad, por mucho que caiga bajo el Magisterio ordinario, digno de acatamien- to? Pues que de todas esas capas se hacen otros tantos sayos. Y así reconoce Mons. Ci- rarda que se contraponen carisma y jerar- quía, profetismo e institución, etc. Asimis- mo advierte las tensiones de grupos e indi- viduos contra el Papa y Obispos.
¿Por qué todo eso? Porque el Papa, «ante todo y sobre todo —asienta Mons, Cirarda— es una GRACIA para nuestro bien», Y asi de una gracia se puede usar con más o me- nos elasticidad y obligación. De ahí las ten- siones, que se las califica de «naturales, que pueden ser fecundas». Pueden, pero ¿lo son? ¿Qué es lo que en ellas más predomina, el bien o el mal? Tensiones inevitables, sí, co- mo decía San Pablo de las herejías; pero ¿naturales?..., no. Son antinaturales, aunque, como las herejías, sean ocasión de algún bien. Pero esto no autoriza a no contrarres-
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DISCREPAMOS DEL SR. OBISPO TITULAR DE SANTANDER
tarlas; menos a no prevenirlas. Menos aún a alabarlas.
Si el Papa primordialmente es una gracia, preguntamos: ¿En razón de qué lo es? En virtud de la AUTORIDAD, de las LLAVES, ni más ni menos. Prescíndase de esa Auto- ridad, como en los Patriarcas ortodoxos; reléguesela a segundo o tercer orden, y a ver en qué queda y para qué sirve el rega- lo. Ya lo estamos viendo. Luego autoridad por encima de todo. Sin embargo, Mons. Ci- rarda nos ha predicado: «El Papa no es PRI- MARIAMENTE una Autoridad.» ¿Es posible? ¿Cuánto no resta a la obediencia debida esa alegre e inconsiderada afirmación? ¿Ad- mitirá nadie sin reservas siempre, y hoy me: nos que nunca, la urgencia de la Autoridad en vista del caos? Si las tensiones pueden ser fecundas, si el Papa más que nada es gracia y regalo (regalo costoso de aceptar), adiós obediencia y autoridad.
¿Cuándo acabaremos de saber y conven: cernos de que el carácter especifico, lo esen- cial y constitutivo del verdadero católico es el reconocimiento y sumisión a la Autoridad papal? ¿Ir a misa, comulgar mucho y des: pués discutir y negar la «Humanae Vitae», por ejemplo? ¡No, señor! No será usted ca- tólico sólo por ir a misa. Por eso no son católicos, sólo por eso, los hermanos sepa: rados. No son católicos porque ante todo y sobre todo no reconocen la suprema Auto: ridad del Papa, aunque le reconozcan gra: cias y más gracias.
MONTANCHEZ
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NN
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¡Hagan juego, señores, que el “crupié” es Noval:
Asi titula JOSE ANTONIO NOVAIS, el pe- Modista español corresponsal de «Le Mon- den, de París, en Madrid, la noticia de la Muerte de don Casimiro Morcillo apareci- da en el diario francés el 1 de junio. El ar- ticulo de Novais, como podremos apreciar por algunos de sus párrafos, no ha hecho mas que ensuciar una de las páginas del pe- riódico parisiense.
Escribe textualmente, traducido del fran- ces: «DON CASIMIRO MORCILLO ERA UN ACERRIMO PARTIDARIO DEL REGIMEN FRANQUISTA, EL PROTOTIPO DEL PRELA- DO ESPAÑOL, QUE CREIA QUE SERVIR AL CESAR ES, EN ESPAÑA, LA MEJOR MA- NERA DE SERVIR A LA IGLESIA. CON EL, ABANDERADO DE LOS OBISPOS POLITI- COS, DESAPARECE UNA CASTA DE ECLE- SIASTICOS QUE, DURANTE TODA SU VI DA, SE HAN MOSTRADO MAS ATENTOS A LAS PALABRAS DE EL PARDO, RESI- DENCIA DEL JEFE DEL ESTADO, QUE A LAS DE ROMA.» Más hiel no puede acumu- larse en un solo párrafo. Más veneno no puede destilar una lengua de víbora. Mas odio no puede almacenarse en un corazón ingrato. La acusación de que don Casimiro estaba al servicio del Estado español y del César (léase Franco) con detrimento de los intereses especificos de la Iglesia que tenía encomendados por sus cargos eclesiásticos, es un furibundo ataque tanto al difunto ar- zobispo de Madrid como al régimen político imperante en España. Explícitamente calum- nia la memoria de monseñor Morcillo; im- plicitamente intenta poner de manifiesto la absorción que el Estado hace de la Iglesia, haciendo de los obispos servidores de su política.
Decir, como dice, que don Casimiro du- rante toda su vida se ha mostrado más aten- to a las palabras de Franco que a las del Papa es una solemne majadería, un insulto propio de un irresponsable, una falta a la verdad hecha a ciencia y conciencia para de- nigrar a un prelado de incomensurable talla por el mero hecho de haber sido un español que no se opuso al franquismo, vocablo tan del gusto de Novais. Cuando tanto cardenal y tanto obispo de la Iglesia de Dios están «contestando» pública y metódicamente las enseñanzas de Pablo VI en documentos de primordial importancia, como el «Credo del Pueblo de Dios», la «Ecclesiam suam», la «Humanae Vitae» y de modo especial el «Cae- libatus sacerdotalis»; cuando cardenales co- mo Alfrink, Suenens, Dopínner y otros pre- lados centro-europeos se mantienen tensos y enseñan los dientes cuando les place al mis- mísimo Papa; cuando Iglesias como la de Holanda, ante errores manifiestos de su Ca- tecismo impugnados por Roma, se niegan sus teólogos ir a Italia a «dialogar» con los del Vaticano; cuando la protesta por todo lo «romano» alcanza cotas de escándalo, lle- gando a negar la infalibilidad pontificia y el magisterio papal; cuando han comenzado a negarse dogmas como el del pecado original, la presencia real de Jesucristo en la Euca- ristía, la virginidad de María, el purgatorio y hasta el mismo infierno, por citar unos cuantos de la larguisima lista que podría enumerar; cuando la teología romana en gran parte de las Universidades centro-eu- ropeas y de otros mundos, la han recluido en el cuarto de los trastos por inútil y des- fasada, para sustituirla por la protestante de los Barth, Cox, Robinson, Culimann, Bult- mann y demás discípulos de Lutero que aho- ra intentan «matar a Dios», proseguida por sus epígonos Kiing, Schillebeeckx, Chenú y otros etcéteras dentro del catolicismo; cuan- do la marea del alejamiento doctrinal de Roma sube día a dia en los países impreg- nados de protestantismo y de aversión a lo latino con el beneplácito de sus pastores; cuando todo esto y mucho más está suce- diendo, he aquí al ínclito corresponsal de «Le Monde» echando en cara a uno de los obispos que más se ha distinguido en la obe- diencia a Roma y más se ha esforzado en servirla con su doctrina y con su inmensa obra por las diócesis que pasó, de que en vez de servir a la Iglesia ha servido al fran- quismo. Vivir para ver, como decía mi abue- lo. Claro está, que estas acusaciones baratas son pura y simplemente una pestífera difa-
Por LEON TEJEDOR
mación. Y en el «caso Nováis», continuidad de otro «Novais» de los tiempos de la Re- pública.
Y prosigue más adelante el periodista es- pañol: «MONSEÑOR MORCILLO NO SE HA IDENTIFICADO JAMAS CON EL ESPI- RITU DEL CONCILIO VATICANO, EN EL CURSO DEL CUAL DEFENDIO ENERGICA:- MENTE LAS TESIS CONSERVADORAS. FUE ESTA, SIN DUDA, LA RAZON POR LA CUAL HA SIDO EL UNICO SUBSECRE- TARIO DEL CONCILIO QUE NO HA SIDO NOMBRADO CARDENAL». Observando la tarea que don Casimiro hizo en su diócesis de Madrid desde que terminó el Concilio, asi como su actuación al frente de la Con- ferencia Episcopal, en pura línea conciliar, tendremos que decir que, a juicio de Novais, para que un obispo español sea conciliar ha de cambiarse la chaqueta, y si antes del Va- ticano II era partidario del régimen, después del Concilio tiene que ser enemigo de él. Que es decir lo mismo que, para que un obis- po sea conciliar, ha de criticar al régimen, oponerse a él y trabajar para derribarlo. Con ello sienta la tesis de que el Vaticano 11 con- denó a Franco y al franquismo, y como don Casimiro no cambió de parecer, no fue un obispo conciliar, como tampoco lo son mi- llones de católicos españoles que mantienen viva su afección a Franco. Vemos, pues, có- mo Novais define a lo conciliar.
Que no lo crearon cardenal por defender tesis conservadoras es un puro cuento. Los motivos me parece que ya los he explicado en estas mismas páginas y en otra ocasión, y no es cuestión de repetirlo.
Sigue escribiendo Novais: «CUANDO FUE ELEGIDO EN FEBRERO DE 1969 PRESI- DENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPANOLA SUSTITUYENDO AL CARDE:- NAL QUIROGA, LA ASAMBLEA ESTABA AUN DOMINADA POR LOS OBISPOS POLI- TICOS, ES DECIR, PARTIDARIOS DEL RE- GIMEN. PERO BAJO LA PRESION DE LA MINORIA CONCILIAR PROMETIO RENUN- CIAR A TODOS SUS CARGOS POLITICOS, QUE CREYO INCOMPATIBLES CON SUS NUEVAS FUNCIONES». El corresponsal es- pañol de «Le Monde» en Madrid llama «po- líticos» a los obispos que están con el régi- men. A los que se oponen a él los denomina «conciliares». Magnífica la tipología que se saca de la manga este periodista para califi- car a nuestros prelados. Dejan de ser polí- ticos, a juicio de Novais, precisamente los obispos que más lo son, los que más intro- misiones tienen en este terreno que no es el suyo, los que se atreven a dar lecciones a nuestros gobernantes en materias sociales, políticas, sindicales, que no son las suyas ni en las que más impuestos se encuentran. Asi los obispos enfrentados al régimen son los conciliares y no políticos. Y los obispos que ven con buenos ojos a Franco son políticos y anticonciliares. Posiblemente para Novais, tanto Franco como su Gobierno, son los ma- yores enemigos de la Iglesia, los que peor la tratan, mientras que los comunistas y los ateos son quienes más la ayudan en su tarea de evangelización de los pueblos. ¡Qué iro- nía y qué estupidez!
Me consta de buena tinta saber que don Casimiro no dimitió de su cargo de procu- rador en Cortes porque los obispos «conci- liares» le obligaran a ello, sino «sponte sua», como dirían los latinos; por propia decisión, por juzgar incompatible la función de pro- curador en Cortes y la de presidente de la Conferencia Episcopal. No hubo tal presión, como afirma Novais. Eso es puro cuento. En cambio, quien le ha sustituido en el car- go de presidente en la Conferencia, teniendo un alto cargo político y de alta resonancia como es el de Consejero de Estado, no ha dimitido del mismo y sigue bien asentado en él, sin que hasta ahora haya leido ningu- na crítica de aquellos que ponían de chupa de dómine a don Casimiro por estar en las Cortes. Habrá que decir que hay personas y personas; las que son de mi agrado y las que no lo son; las que hay que criticar y las que silenciar, porque no soy yo, sino Novais quien dice en su artículo: «ENRIQUE TA- BANCON ES CONSIDERADO COMO EL ABANDERADO DE LOS OBISPOS CONCI- LIARESn. Con estas palabras se demuestra
paladinamente que los «conciliares» tie bula para todo. - El artículo termina diciendo: «LOS AL-
TERCADOS ENTRE MONSEÑOR MORCI- LLO Y LOS CATOLICOS CONCILIARES E) EN PAÑOLES SE MULTIPLICARON EN LOS ULTIMOS AÑOS. LOS PROGRESISTAS NO LE HAN PERDONADO JAMAS AL ARZOBIS- PO DE MADRID EL HABER AUTORIZADO QUE COMPARECIESE ANTE EL TRIBU- NAL DE ORDEN PUBLICO AL P. GAMO POR UN SERMON PRONUNCIADO EN SU PARROQUIA». Los altercados que tuvo don Casimiro fueron con un grupito de curas progreseros, exactamente igual que los tienen los demás obispos del mundo con los curas del mismo tinte. ¿Es que el resto de las dió- cesis españolas son una balsa de aceite, un Oasis de paz? ¿Y quiénes son los que provo- can y promueven los conflictos? Los mismos en todas partes: los indisciplinados, los des- obedientes, los relajados, los aseglarados, los que son piedra de escándalo para el sufrido pueblo de Dios. Son esa masa de donde pro- cede la huida de tanto cura, no del mundo precisamente, sino hacia el mundo y el es- tado seglar. ¡Vaya paradigma que nos pre- senta Novais de los curas «conciliares»!
Y eso de que el P. Gamo fue llevado a un tribunal y condenado a tres años de cárcel por una homilía, es posible que a estas altu- ras solamente se lo crean sus lectores fran- ceses, porque en España bien sabemos que fue por motivos distintos de los religiosos y homiléticos. ¡Tanto como habla el progresis- mo de renuncia a los privilegios y hay que ver cómo se aferran a algunos de ellos! Me- nos mal que pronto les serán sustraidos pa- ra que respondan los clérigos de sus accio- nes contra las leyes como todo hijo de ve- cino. Don Casimiro obró en el caso del cura Gamo con rectitud, y prueba de ello es la condena de tres años que le infligieron.
Asi, de este modo, se vilipendia, se calum- nia, se difama, se ultraja una figura de gl- gante de la Iglesia española, y todo ello, por- que no era «conciliar», porque no se había opuesto al franquismo, adjetivo tan del gus- to de José Antonio Novais, tomado, sin du- da alguna, de los irreconciliables enemigos de España que desde el extranjero no cesan de atacarla. Y tan cierto es lo que digo del franquismo que, en los últimos días del pa- sado año, se publicó un libro más contra el régimen español y contra Franco, escrito por Jacques Georgel, titulado «Le franquis- me. Histoire et bilan. 1939-1969». Es decir, una palabra despectiva tan del agrado de Novais. Lo triste y lamentable es que esta misma teoría la sostienen en Roma los Be- nelli y compañía.
Dicen que «Le Monde» es un periódico im- parcial, de información objetiva, sensato en sus apreciaciones, expresión fiel de los acon- tecimientos mundiales, que se presenta al público desprovisto de orientaciones ideológi- cas. Pero yo he observado a lo largo de va- rios años que, cuando trata los problemas de España y los de la misma Iglesia en ge- neral, tiene poca objetividad, es tendencioso, siempre con intenciones aviesas.
En París me dijeron que está financiado con capital judío, dominado por la masone- ría e influido por el protestantismo. Cierta- mente es un diario burgués. en la amplia acepción que el francés otorga a esta pa- labra.
Hace unos meses escasos se ha publicado en París un libro de Aimé Guedj y Jacques Girault, autores comunistas, titulado «Le Monde...», editado por «Editions Sociales», la editorial oficial del partido comunista fran- cés, y el contenido de la obra es un elogio de principio a fin al periódico «sin ideología». Algo tendrá «Le Monde» cuando merece el aplauso público de los marxistas de su país.
Y de José Antonio Novais, ¿para qué ha- blar? Cuando escribe de los otros y sus em. presas políticas multiplica los elogios a la obra y a sus hombres. Con esto del contras- te de pareceres está visto que se puede ata- car al régimen y a quienes lo defienden aplaudir a quienes merodean por sus ale- daños por eso de que no tienen su raíz en el 18 de Julio. ¡Estos individuos son dife. rentes! pS
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en 1961, cuando Ghana acusó a Portugal de la práctica del trabajo - forzado en los territorios ultramarinos, el Gobierno portugués dio
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DE POLITICA INTERNACIONAL [2]
PORTUGAL, LA ONU Y LA UNESCO:
LAS INSTIGACIONES SUBVERSIVAS DE LA AGENCIA INTER- NACIONAL.—Son ejemplos flagrantes, mas no únicos, del desvío del seguimiento de los ideales que justifican e informan la propia existencia de la UNESCO y que deberían ser el norte de su ac- tuación en virtud de sus propios estatutos, las repetidas resolu- ciones de la Conferencia General en el sentido de que Portugal no sea invitado para las conferencias O reuniones internacionales orga- nizadas por aquella agencia, y a las cuales, como miembro, tiene períecto derecho a estar presente; los continuos ataques, que no deberían tener cabida en semejante agencia, a la situación en las provincias ultramarinas portuguesas; la invitación a todos los Es: tados miembros a «suspender toda colaboración con Portugal en los dominios de la educación, de la ciencia y de la cultura», y en la reciente XVI Conferencia General, una invitación a los Estados miembros para «prestar una atención particular a los problemas de la juventud en lucha contra el dominio colonial, la discriminación racial y la opresión en los territorios bajo el dominio portugués, en Rhodesia, en Namibia y en Africa del Sur, y a establecer progra- mas concretos y adecuados en ligazón con la Organización de la Unidad Africana.»
El Gobierno portugués ve con la mayor inquietud, lamenta pro- fundamente y levanta las más serias y enérgicas objeciones a estas actitudes discriminatorias e ilegales contra un estado miembro de la UNESCO.
Aquella agencia especializada internacional deberá, en virtud del acta constitutiva que le dio existencia, tener una acción de tipo uni.- verselista que no podrá subordinarse, ni siquiera tolerar que se le- vanten problemas de orden político que le son extraños y para ocu- parse de los cuales no tiene competencia.
Se ha visto agravarse, en sucesivas conferencias generales, la in- tromisión abusiva de la UNESCO en los más variados campos de la política internacional.
El Gobierno portugués ve con alarma que la orientación que se está dando a las actividades de la UNESCO representa un gra- ve perjuicio para la notable acción educativa y cultural que en el pasado ejercició aquel organismo, y de la cual especialmente se beneficiaron y todavía podría venir a beneficiar mucho a la gran mayoría de los países que ahora la procuran distraer de los fines para que fue creada.
RESPUESTA A LOS INTENTOS DE INJERENCIA. —También en reciente carta dirigida al director general de la UNESCO, y en respuesta a una comunicación de éste en la cual solicitaba ele- mentos informativos sobre la educación en los territorios ultrama- rinos portugueses, en el marco de la resolución octava, aprobada por la XVI Sesión de la Conferencia de la UNESCO, y que pre- conizaba el envío de delegados de aquella agencia especializada a fin de que se enteraran de la situación allá prevaleciente, el Go- bierno portugués tuvo ocasión de llamar más de una vez la aten- ción acerca de las violaciones de que está siendo objeto el acta cons: titutiva de la UNESCO. Así, se destacaba en la referida carta de respuesta que la resolución octava constituía una grave in- jerencia en los asuntos internos de un pais y una actitud discri- minatoria inadmisible respecto de Portugal; que en ella se admi- tia la aplicación de sanciones a Portugal, contra lo que está estable- cido en el acta constitutiva de la UNESCO, reduciendo todo a una declaración inequívoca de apoyo a la subversión interna en los Estados, con la agravación de la tensión internacional, en una palabra, a la lucha armada. En estas circunstancias no podía el Go- bierno portugués acceder a los deseos expresados por el director de la UNESCO, rechazando toda colaboración requerida en el ámbito de la citada resolución octava, no obstante la actitud siempre seguida por Portugal de divulgar de la manera más am: plia, elementos sobre los diversos aspectos de la vida portuguesa y de abrir las fronteras de sus territorios ultramarinos a todos los que los deseen visitar con espíritu objetivo.
SE DIERON INSTRUCCIONES AL REPRESENTANTE DE POR- TUGAL PARA QUE ABANDONE LOS TRABAJOS.—Hechos más re- cientes ocurridos en el Consejo Ejecutivo de aquella organización, especialmente la aprobación de la resolución permitiendo consignar fondos a los movimientos terroristas antiportugueses con pretexto de auxilio a la educación en supuestas «áreas libertadas», nos obli- garon, sin embargo, a una actitud más drástica. Vamos a retirar- nos de la organización, y en ese sentido dimos instrucciones al re- presentante que todavía mantenemos en París junto a la UNESCO, para que abandone los respectivos trabajos y comunique el acuer- do al director general de la Organización.
Sabemos que no somos los únicos en lamentar esta decisión y sobre todo los condicionamientos que la imponen. Los delegados de los países que más contribución dan, por su cultura, a las acti- vidades de la UNESCO, vienen también protestando contra los tris- tes hechos relatados e intentaron en vano oponerse a las delibera- ciones que denunciamos.
Mientras tanto, nadie de buena fe podrá negar nuestra actitud de franca colaboración con los organismos internacionales.
Un ejemplo, entre otros posibles, prueba esto con claridad. Ya
su más completa y leal cooperación a la Comisión investigadora en- Onces constituida por el B. 1. T. para aquilatar el fundamento de la leja. Los resultados de esa investigación llevada a cabo especial: nte en Angola y Mozambique, a través de la consulta de una am- : documentación, de la recogida de testimonios de visitas a ha- S, plantaciones, empresas industriales y mineras, etc., fueron sin duda que las acusaciones de Ghana eran totalmente pues Portugal cumplía las disposiciones de la Conven- A bre la abolición del trabajo forzado.
Es
EL VALIOSO E IMPARCIAL FRANCES.—Años más tarde, auto observación internacional d
TESTIMONIO DE UN PERITO pa E o nueva posibilidad de l y e sucede en nues erritori o == ue nada teníamos que esconder e pa En A e O portugués propuso formalmente al B. 1. T. or aio de «contactos directos», instituido hacia oa B Eo T. a fin de esclarecer la cuestión de interpreta: e la referida Convención numero 105. Aceptada la sugerencia portuguesa, fue designuado por el B. 1. T. el señor Juvigny, de na: OA francesa, Consejero de Estado, antiguo miembro presi- Eto e la Subcomisión de las Naciones Unidas para la lucha con: eN as medidas discriminatorias y de protección de las minorías. A e directos» del señor Juvigny se iniciaron en mayo Se le a 1s00a, continuando después, en octubre, en Angola y iS que, en un clima de completa exención. Vale la pena de- SE EREOS un poco en ciertas afirmaciones que hace en su memo: al sobre la forma como realizó su misión. Así, a propósito de a dr a que recibió en todas partes, dice expresamente que o «no peace haber sido llevada a cabo en unas condicio- AE oO. encia absoluta si no fuera gracias a la cooperación ra ori AE gubernamentales y administrativas de Portugal, pS Ea es y subalternos de las diferentes Empresas, con la ; E , ón que inmediata y espontáneamente depositaron en mí Os trabajadores de las plantaciones, de los puertos, de los ferro- carriles, de las industrias extractivas y de transformación». Y refi- LcadóSe a los testimonios de los trabajadores. dice que fueron in- errogados de una manera general, en ausencia del patrono o de o eoleniós: habiendo aquéllos sido escogidos por el señor od en los mismos lugares de trabajo, lo que demuestra, como el señor Juvigny muy bien destacó, la «autenticidad» de los con: ESTOS ALDO con los trabajadores interrogados. ria propiamente ] j : gunas odian: e corándaro coo, E ES fue debidamente apreciado por la Comisión de peritos el B. LT, habiendo ésta concluido a la vista de las informacio- nes recibidas a través de los «contactos directos» sobre la situación que prevalece en Angola y Mozambique, que no había indicios de que las disposiciones legales prohibiendo el trabajo forzado u obli: gatorio o toda y cualquier forma de coacción o presión legal en materia de reclutamiento de trabajadores, no sean observadas en la hora actual. '
Es ésta la verdad de los hechos tan inequivocamente compro: bada por un organismo importante y prestigioso como es el B. 1. T. vé parafraseando una afirmación del señor Juvigny, juzga el Gobier- no portugués que seria también deseable que fuese utilizando, en casos análogos, el método de proceder a verificaciones concretas que permitan establecer los hechos.
Bastará para ello que la objetividad y la imparcialidad sean nor- mas de conducta, como sucede con el B, 1. T.
Mas la consideración de que ya no somos nosotros, sino nues- LOs OS los que temen los hechos, nos lleva a pasar a otro
sunto.
(Concluirá con la descripción de la ayuda a los terroristas.)
Continuamos la transcripción iniciada en el número anterior del do- cumento leido por el doctor Rui Patricio, ministro de Negocios Extranjeros, en una conferencia de prensa tenida en Lisboa el 28 «de mayo pasado.
Del Fondo de Resistencia de ¿QUE PASA?
En nuestro número 389 dimos cuenta de la situación de este fon- do «complementario», de auténtico socorro, de la vida en precario de nuestra revista. Esta, única por tantos conceptos, pero especial- mente por el de su pobreza, escatima al máximo extremo sus gas- tos, forzosamente subordinados a sus ingresos, limitadísimos. De ahí que consideremos este llamado «fondo de resistencia» como cons- tituido providencialmente por las cristianas aportaciones fraternas de nuestros benefactores. Así, lo que la Tesorería de la revista nO da, este fondo lo presta. O sea, lo que la caja de la revista, por fal- ta de dinero, no puede pagar, lo pagamos con cargo a este «fondo providencial», y así no fallecemos.
“Ta situación de esta cuenta, al día 30 de junio, era la siguiente:
Pesetas Saldo disponible anterior ... ... ........ 185.670 Nuevas aportaciones Don M. P., de Valencia ... ... ... o... 0. +0. +. 450 Un sacerdote toledano ... ...... ... 0.000... se* 500 IAE o E AS 2.000 Fr. J. S. y don V. de la T., de Mac A 750 Suman las aportaciones ... 0. ....... 189.370 Gastos — Pago importe 25.000 sobres-bolsa para el ici Se los señores suscriptores ... -... 9.593,22 — Por material de Redacción, desplazamien- tos e imprevistos, debidamente acredita- E dos, durante el primer semestre de 1971 ... 6.350 15.943, AE 173.426,78
Saldo disponible al 30 de junio
AA
LA OPERACION «ENCUESTAS»
¿No les obliga el *
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Entrevistado por un periodista de «Arriba» —12 de julio de 1970—, el Cardenal TARANCON, Arzobispo de Toledo, respondió con tan poca precisión y claridad a sus preguntas, que las respues- tas dieron origen a una controversia sobre el tema vidriosamente absurdo de «¿Contra qué Mandamiento se peca más en España?»
Si todos los Mandamiento de la divina Ley se resumen —y es de fe— en el Mandamiento del amor, «amarás a tu Dios... y amarás a tu prójimo», ES EVIDENTE que todos los pecados o trasgresio- nes de esa divina Ley se resumen en un solo pecado o trasgresión. Ese pecado es el del «egoismo».
Pecado no es otra cosa que el afirmar en mi vida AQUI y AHO- RA mi «Yo sobre todo lo demás». El vivir mi «yo», sin tener para nada en cuenta lo que Dios quiere o no quiere. El «hágase mi voluntad» AQUI y AHORA», sea cual sea la voluntad divina, de la que prescindo.
Varían y son muy diversos los objetos sobre los que mi egoís- mo se proyecta .; pero ese egoismo mío, que es lo que en mí se opone al amor de Dios y del Prójimo, sigue siendo igualmente «mi egoísmo» en todos esos diversos pecados y trasgresiones.
¿Me gusta y me apetece este ser u objeto? Pues lo hago mío. Que Dios y su Ley divina me lo prohiben, me importa un bledo en este AQUI y AHORA de mis existencia. El hecho externo se llamará hurto, rapiña, fraude, falsificación, timo..., según los casos.
¿Este mi «hermano» o «prójimo» es un obstáculo para mis fi. nes políticos, sociales, económicos..., eclesiales? Pues me libro de él y lo suprimo, quitándolo del medio. Que Dios y su Ley de Amor me lo prohiben me importa un bledo. El hecho externo se llamará asesinato, falso testimonio, calumnia, engaño, zancadilla..., «jubi- lación forzosa»..., según las circunstancias.
¿Esa «criatura tan adorable» me promete un más feliz «aquí y ahora? Pues la hago mía. Que Dios y su Ley de Amor se interpon- gan entre esa «prójima» y el deseo que tengo de «vivir mi vida», poco me importa. El hecho externo se llamará adulterio, concu- binato, flirteo, ruptura del celibato, aventura romántica, «descon- sagración» O «secularización» de la vida religiosa..., según las cir- cunstancias.
SANTIAGO APOSTOL dice: «El que, observando todos los Man- damientos, quebranta solamente uno, se hace reo de todos. Pues el que dijo «no cometerás adulterion dijo también «no matards». Si uno, pues, no mata, pero comete adulterio, es trasgresor de la Ley... y es pecador.»
O El Cardenal TARANCON, Arzobispo de Toledo, no precisa ni es muy claro cuando —refiriéndose a España, claro está, y a la Pastoral que ANTES DEL CONCILIO tenía, por lo visto, la enton- ces «equivocada» Iglesia, aquí, en España— afirma que «Ahí estd la equivocación de mucho tiempo. Centrar la atención en un Man- damiento, que es el SEXTO, y lo básico del Cristianismo, que es la Justicia y la Caridad, DARLO ASI DE LADO».
¿Cree de veras el señor Cardenal Arzobispo de Toledo que la de «lo básico del Cristianismo»? ¿Cree que lo que que el SEXTO manda se halla fuera de «eso básico» que es la Justicia y la Cari- dad? ¿Qué se entiende por «Justicia» y «Caridad»?
¿Cree de veras el señor Cardenal, Arzobispo de Toledo, que la Iglesia de antes del Concilio faltó en España tan gravemente a su deber, que por centrar la atención en el SEXTO «dejó de lado» a la Justicia y a la Caridad?
eo En «La Vanguardia», de Barcelona, del 23 de agosto de 1970 se publicaron unas declaraciones de Mons. Javier AZAGRA, recién nombrado AUXILIAR del Obispo de Cartagena. ; eN
No hay en esas declaraciones de Mons. AZAGRA más precisión y claridad que en las de Mons. TARANCON. ¿Desde qué punto de vista contempla Mons. AZAGRA «toda una situación de injusticia, contra la que están luchando unos militantes desde hace años»... para decir, como dice, que «la predicación tiene que tocar muchas veces temas políticos...», ya que «no denunciar la situación de opresión e injusticia sería faltar gravemente al deber políticon?
Es muy difícil saberlo. Aunque estamos ciertos de que es im- posible ver DESDE EL EVANGELIO eso que Mons. AZAGRA dice que ve. ¿Sabe Mons. AZAGRA contra qué «luchan esos militantes desde hace años»? ¿Son y se pueden llamar MILITANTES, vistos desde el punto de vista del Evangelio? ¿Cree verdaderamente el nuevo AUXILIAR que del Evangelio LOGICAMENTE SE DEDUCE la afirmación de que «la predicación tiene que tocar muchas veces temas políticosn? ¿Cree de verdad que el «Predicad el Evangelio a toda criatura» lleva tan consigo la «obligación profética» de de- nunciar COMO AUTENTICA SITUACION DE OPRESION E INJUS- TICIA toda situación sociopolítica, contra la que luchan unos «mi- litantes», porque éstos dicen y creen que es «toda una situación de opresión y de injustician?
O Al condenar, como condenaron, «echándolos de sus Cáte- dras», al P. Antonio PEINADOR y demás Profesores de la Facultad Teológica Salmantina, sabían Mons. RUBIO REPULLES, Obispo Gran Canciller, y el doctor GARCIA BARBERENA, Rector Magnífico, y Mons. ROMERO DE LEMA, por aquel entonces Obispo de Avila y Presidente de la Comisión Episcopal, y el P. José María JAVIE- RRE, Visitador Apostólico, y el Cardenal GARRONE, Gran Canci- ller de la Pontificia Universidad Gregoriana y Prefecto de la Sa- |
Por F. P. DE CHANTEIRO
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deber profético
grada Congregación para la Educación Católica... que los Padres Antonio PEINADOR, Victorino RODRIGUEZ, Juan José SOBRADI- LLO, Enrique LLAMAS, Miguel NICOLAU, Luis ARIAS, Eugenio GONZALEZ, José VAQUERO y Juan SANCHEZ no merecían en modo alguno la pena que les imponían.
Y ciertamente sabian el «porqué» no merecían ní esa ni otra pena. Sabían que ese «odium plebisn, en el cual ellos basaban la INJUSTA SENTENCIA, no era más que un «tapujo», más o menos colorado y más o menos jurídico, pero «tapujo». Ya que si de ve- ras existía un ODIUM PLEBIS, no era en los Estudiantes un «odio» al Padre PEINADOR, al Padre LLAMAS o al Padre SOBRADILLO, sino un «odio» a la Teología de SANTO TOMAS.
Si, teniendo en cuenta ese «odium plebis», querían ser justos y condenar JUSTAMENTE, hubieran debido formular su sentencia poco más o menos:
«Visto el ODIUM que los Estudiantes de la Pontificia Salmanti- cense sienten hacia la Teología, hasta aquí enseñada por la Iglesia y profesada en la Pontificia Universidad de Salamanca, esta Sagrada Congregación Romana, de la que depende la dicha Universidad, y esta Comisión Episcopal de Enseñanza, resuelven que la dicha Teo- logía dejará de ser enseñada en Salamanca y, en consecuencia, que, reconocidos los servicios hasta aqui prestados a la Iglesia en di- cha Universidad por los profesores Antonio PEINADOR, Victorino RODRIGUEZ, Juan José SOBRADILLO, Enrique LLAMAS, Miguel NICOLAU, Luis ARIAS, Eugenio GONZALEZ, José VAQUERO y Juan SANCHEZ, se les exonera de sus funciones, anticipando su JUBI- LACIÓN, sin merma alguna de los derechos a que sus años de ser- vicio a la Iglesia en dicha Universidad les hacen acreedores.»
O ¿No será gravemente «faltar al deber proféticon que —según Monseñor AZAGRA— tienen los predicadores del Evangelio y, por consiguiente, los Obispos y Presbíteros todos de España, reunidos en «Asamblea Conjunta», el NO DENUNCIAR la situación de opre- sión e injusticia, en que hoy viven tantos y tantos Sacerdotes y Re- ligiosos en España después de largos años consumidos en el ser- vicio de la Iglesia y de las almas?
¿No será gravemente «faltar a ese deber» si una tal situación de opresión e injusticia redunda, como redunda, en gravísimo daño de la Iglesia en España, nunca tal vez más internamente desgarrada que en estos confusos días del Posconcilio?
Proseguiremos.
Ocurrencias rn
e Es más nocivo un mal jefe o superior que un millar de súb- ditos descontentos.
O El orden público no es el único bien social; pero sin orden público, ningún bien social es posible.
O Los peores enemigos son los que están dentro de casa. Prueba al canto: lo que está ocurriendo a la Iglesia.
O Dijo Sócrates: Si el régimen político es tan dictatorial, tiráni- co y policial como dices, ¿cómo lo puedes decir? Y si no lo es, ¿por qué lo dices?
o No colgarían los hábitos tantos clérigos y religiosos si al ad- mitirlos les hubiesen «suspendido».
O De algunos titulares de la autoridad puede decirse: ¡Qué bien dicen y qué mal hacen!
O Malo es que para nada se acuerden de uno; pero es peor que se acuerden de uno para nada.
O Para hacer algo hay que proponerse algo. Cuando uno está a lo que salga, seguro es que no sale nada.
O Todos somos iguales, pero distintos. -
O Debemos continuar nuestra Historia, pero sin repetirla.
e Sólo es eficaz la perpetuidad de los valores positivos; la de los negativos agrava sus efectos: una deuda, una enemistad, una pena se agravan con el tiempo. ;
e Enel otro mundo, todo es perpetuo; en éste, sólo hay tres co-
sas perpetuas: los secretarios académicos perpetuos, la deuda perpetua y la cadena perpetua; y ni éstas son perpetuas.
O Los sacerdotes se meten a taxistas y las monjas a da a á r la comn. nión. ¡Nueva inversión de valores! p
O Quien no tiene en la cabeza el corazón está expuesto a perder j
la cabeza,
MUNDO LABORAL
LA HUELGA DE LOS MEDICOS BECARIOS Y RESIDENTES. Un fenómeno importante y nuevo, de gran significación sociológica, ha aflorado en las últimas semanas en España, con intensidad y extensión suficientes para poder instalarse entre nosotros como ha- bitual en el futuro. Es la huelga de médicos, la huelga de profesio- nales, la huelga de la clase media. Hasta ahora, la huelga era, al menos en la práctica, un recurso exclusivo del proletariado. Los mé- dicos, los comerciantes, los policías. los funcionarios, no hacían huel- gas. Tenian un elevado sentido de su misión social, y, por otra par- te, ingenio y tenacidad suficientes para sacar adelante sus preten- siones por caminos menos catastróficos para el bien común y más elegantes. Pero la clase media se está proletarizando, masificando, aunque muy a pesar suyo. Llega un momento en que su innata re- sistencia a esta transformación no basta para contener la tentación de asimilar activamente los rasgos de la mentalidad proletaria que pueden serle útiles; por ejemplo, la afición a la huelga. Todo es cuestión de empezar. Antes de la de los médicos ha habido otros brotes de huelgas, menos vistosas, de empleados de bancos y de profesores de instituto.
Estamos ante un proceso lógico. Si se autoriza, o se hace vista gorda, ante la huelga proletaria, aunque se recurra al ya gastado expediente de cambiarle de nombre, es lógico, es justo, es natural, que ese mismo criterio mantenga abierta la puerta de esa técnica de lucha para que pasen por ella las demás clases sociales. A la hora de formular reivindicaciones, el proletariado se va a encon- trar con la sorpresa de que se le coloca delante, por de pronto, la clase media; su más poderoso invento, la huelga, se le empieza a escapar de las manos; comienza a perder una de las bases de su eficacia, que era la utilización en exclusiva.
Ante esta amenaza de desintegración, en cadena, del mundo la- boral creemos importante endurecer el criterio de que la huelga no se tolere. Porque, o para todos, o para nadie. La huelga en manos de la clase media es la disolución de la sociedad; el camino corto y directo hacia una férrea dictadura, salvadora en el último instan- te, insufrible después. Más vale que no se afirme la moda de la huelga para nadie.
Sin entrar en la disección de tantos aspectos concretos como tie- ne la reciente huelga de médicos, hay uno evidente. El abuso del concepto de beca. Se ha convertido en un truco para tener mano de obra especializada, generosa y abnegada a precios infimos. Los becarios no descansan, no paran de trabajar, llevados de su juven- tud y de la acuciante necesidad de hacer méritos para situarse. Su trabajo es no solamente de gran utilidad, sino absolutamente im- prescindible. Lo prueba el colapso producido por su interrupción, ] que si se ha podido disimular en los primeros momentos, se ha he- — cho pronto asfixiante y ha requerido una energía desusada para aplazar la solución del conflicto. Se da la cruel paradoja de que la Administración, tan sensible en vigilar el cumplimiento de la jus- ' ticia social, tan celosa en obligar a la iniciativa privada a promover ñ sin metas previstas la mejora indefinida de retribución al trabajo, la elude en sus propias dependencias mediante la mutación del con- cepto de becario. Yo no digo que no deba de haber becas. Pero las becas son para estudiar; no para cubrir puestos de trabajo que se hurtan deslealmente a enfermeras, practicantes y médicos.
Esto, puesto ahora de manifiesto de manera estridente, lleva a un tema político que sólo dejaré apuntado: el agotamiento del Es- tado, en determinadas circunstancias, cuando se hace absorbente. Con símil médico, el Estado sólo podrá respirar sin fatiga si la Administración adelgaza; la única receta para conseguirlo es la de- volución a la sociedad de las funciones que él asume.
4
*»
E-LAEN M
E II
¿ LAS REIVINDICACIONES DE LOS SERENOS.—La elocuencia 8 pródiga del Ministro señor García Ramal al dirigirse hace pocos días a los serenos, ha puesto en marcha a la vez las reivindicacio- nes económicas de éstos y la alarma del vecindario que de una ma- nera u otra las ha de costear. : Se puede aplicar a este tema lo que hace poco leimos en esta ' revista referente a los porteros, a saber: que sus reivindicaciones la- borales son respetabilísimas, y la mejoría de sus condiciones de vida, motivo de orgullo nacional; pero que cuando entran en coli- sión, verdadera e irremediable con la economía del vecindario, hay que buscar un planteamiento nuevo. A la necesidad de esta nove- dad esencial en el planteamiento, se llega también por las pregun- tas que clamorosamente se han hecho los inquilinos: ¿Para qué - Sirven los serenos? ¿Su trabajo es tan útil como antes? ¿Se pueden - sustituir ventajosamente?
Lo mismo que las criadas han sido sustituidas o complementadas por los electrodomésticos cuando sus pretensiones económicas —res- petabilísimas— se han hecho insoportables para la economía fami- liar media. Lo mismo que los porteros van a ser sustituidos o com: - plementados por distintos ingenios y dispositivos que ya han em- pezado a fabricarse y a anunciarse en grande. Así también los se- 10S van a tener que ser sustituidos o completada la reducción de Número por otros recursos. Por de pronto, los portales ya no se ren con aquellas enormes llaves de antaño; el llavín actual, que lodos llevamos en el bolsillo, les exonera de la misión de porteros urnos; el teléfono y el automóvil, hoy en superabundancia, ha- nnecesario su hipotético servicio de recaderos; la protección
Obo puede trasladarse con ventaja a distintos mecanis-
tores contra el mismo, hoy muy perfeccionados, y a los de la policía gubernativa. Los serenos han perdido
pa de su razón de ser y deberían ser orienta- stintos, más útiles para la sociedad.
*
Los becarios y los serenos
Por P. LOIDI
El Ayuntamiento de Madrid tiene diecisiete mil empleados. Sos- pecho que muchos otros en toda España padecen análogas cargas. La empleomania —en este caso, la tentación de convertir a los se: renos en empleados municipales— puede ser en estas circunstan: cias una enfermedad grave. Acabamos de apuntar en el tema ante rior la necesidad de que la Administración adelgace para que el Estado pueda respirar. Terminamos con un principio que no se debe hollar: los impuestos no deben asfixiar la propiedad privada.
_Las siguientes palabras pertenecen al discurso de Pio XII a los AS del X Congreso de la Asociación Fiscal Internacional
«No hay duda respecto del deber de cada ciudadano en contri- buir a los gastos públicos. Pero el Estado, por su parte, en cuanto encargado de promover y proteger el bien común de los ciudada: nos, está obligado a repartir entre ellos únicamente los gastos ne- cesarios proporcionales a sus recursos. Por consiguiente, el impues- to no puede nunca tornarse para los poderes públicos en medio có- modo de salvar el déficit provocado por una administración impre- vidente o de favorecer una industria o un ramo de comercio a costa de otros igualmente útiles.»
¡Católicos: confesaos antes de comulgar!
Por SANTOS SAN CRISTOBAL SEBASTIAN, Sacerdote
Pablo VI, el miércoles día 9 de junio tuvo su habitual audiencia y, como era víspera de Corpus, tocó el tema de la Eucaristía. Y por cierto que habló muy al caso, pues, además de afirmar la pre- sencia real de Jesucristo y la preparación que debemos hacer an: tes de recibirle, dijo bien claro que ES PRECISO CONFESARSE ANTES DE COMULGAR.
Claro es que dirán algunos lectores: Si esto lo sabemos todos desde que lo aprendimos de niños en el Catecismo de la Doctrina Cristiana. El Papa, pues, no ha dicho nada nuevo.
En efecto, hermanos, el Papa no ha dicho nada nuevo, pero sí que ha hablado muy oportunamente. ¿Por qué? Pues porque hoy dia no faltan curitas que quieren saber de todo y predican a dies- tro y siniestro que ya se puede ir a comulgar sin confesar y que basta el reconocimiento de los pecados que se hace al principio de la misa, y asi todos los fieles pueden ir a comulgar sin excepción. (1).
Estos desatinos y otros por el estilo los tienen que oir, a veces, los fieles en las iglesias por esos mundos de Dios. Parece que se ríen de esas cosas que definió muy claramente el Concilio de Tren:- e su Sesión XII, Capítulo 7. O, por lo menos, hacen chacota de odo eso...
Hasta tal punto han logrado crear confusión en los fieles, que no es raro a muchos oírles decir: «Eso de la confesión es cosa pa: sada de moda y ahora ya afirman los curas que se puede ir a co- mulgar sin confesar.» A mí, sacerdote, más de una vez me han di- cho eso los fieles, hechos un mar de confusión. Es cierto que hay confusión en la Iglesia, pero, ¿quién la provoca? ¿Por qué se deja libremente a tantos curas propalar tantos errores? ¿A qué temen quienes deben defender la sana doctrina?
CATOLICOS: RECIBAMOS MUCHAS VECES A JESUCRISTO, PERO PRESENTEMONOS ANTES EN EL CONFESIONARIO PARA QUE SE NOS PERDONEN LOS PECADOS. NO NOS DEJEMOS EN- GAÑAR POR LAS FALSAS DOCTRINAS QUE HOY SE PROPALAN.
(1) Stn calentarnos mucho la mollera pudiéramos poner aquí no pocos ejemplos de iglesias y de curas que esparcen esos errores. Quizá los lecto- res también sepan de casos de ese tipo.
HA
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LOS QUE AMAN A CRISTO NUESTRO SEÑOR. (Jn.16
Por JUAN-ANGEL OÑATE, Lectoral de Valencia
Al Muy Rev. Sr. D. Manuel López Vizcaíno, de Pontevedra, con todo afecto. A -
En los días que median entre la Resurrección del Señor y su gloriosa (triunfal) Ascensión a los cielos, leíamos en las Misas el Evangelio de San Juan. 4
Era el Señor mismo, que decía a sus Apóstoles: € Ahora vuelvo al que me envió. Fa terminado su Misión en la tierra y va a su GLORIFICACION: «Glorifícame, Padre, con la gloria, que tuvo —antes de que el mundo fuese— (antes de la Creación) cabe "Pi, (Jn. 17, 5). El es... de más allá de los astros: Su Señor, su Creador CIN. 13),
O Y nadie de vosotros me vregunta: ¿A dónde vas?
Lo presienten..., lo saben... y tienen miedo. de
No los importa tanto el que Cristo sea glorificado como el que ellos no sean abandonados (1).
O Mas, porque os he dicho estas cosas: (que se marcha y ya «no le verámn»...) la tristeza se ha apoderado de vuestros corazones.
Y ¡cómo no! .
¿A dónde iremos sin Ti, Señor? Tú tienes palabras de vida eter- na y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios (Jn. 6, 69-70).
Los Apóstoles habían visto a Cristo Jesús. Era SU MAESTRO: el Hijo del Dios bendito. Le querían y... ¡no podían vivir sin El!
"ara mí el VIVIR es Cristo y el morir ganancia. Desearía di- solverme (morir) para estar con Cristo (Fil. 1, 21 y 23), dirá S. Pa- blo, y como suprema felicidad para los fieles, les dice: Estaremos por siempre con cl Señor (1 Test. 4, 17).
«Estar sin Cristo eruel (amargo) infierno; estar con Cristo dulce paraíso, repetirá cl Kempis (Imit. de Cristo, 1. 1, c. E, De O Nosotros no le vimos corporalmente; pero hemos creído que es «Fl Santo de Dios: nuestro Dios y Señor, venido en carne (Jn. 6, B07s: 20. 28-5:.1 Jn +12).
Y le queremos.
Y cl que ama a Cristo Jesús le ve en muchas cosas...
Le ve en — los lagos, porque cn un lago habló.
— las barcas, porque desde una barca habló. — los lirios del campo.
— los viñedos.
— los trigales, etc., porque de ellos habló...
— los libros — que conservan sus palabras: (Evangelios, etc.). — que de El nos hablan como de nuestro Macstr0...
— las imágenes, que «nos lo representan», especialmente en sus «Pasos» (o «padecimientos») y singularmente en su Cruz (2). ¿
— las personas, que nos lo recuerdan: los ángeles, que de El hablaron..., que con El hablaron.., de quienes El nos habló.
— quienes — conservan su virginidad, que El alabó y de que fue EL EJEMPLO VIVIENTE. 0 »
— quienes — le representan, como continuadores de su Misión y dispensadores de sus misterios: de SU VIDA DIVINA (3).
— los que padecen y son despreciados por Cristo (4)
— los mártires, que murieron por Cristo o su doctrina, aunque no estén canonizados, como los de nuestra Cruzada. ¡Qué mártires tan de Cristo! (5). a
— Y ama a todas esas cosas, porque «le recuerdan «u Cristo Nuestro Señor (6). rulo Al Oo El que ama a Cristo quiere verlo en todo: en —los individuos.
— la sociedad: en la iglesia, en el Estado...
-— las casas.
— las escuelas.
— los liceos, colegios...
— las Universidades, Ateneos...
— las oficinas, talleres...
— las Artes y las Ciencias...
— las esquelas, cementerios ..
Y si no le ve... no le gusta aquello. ; : 7
Como le pasaba a San Bernardo: «Si hablas, si predicas, si es- cribes..., no me gusta si no veo allí el dulce nombre de JESUS...
Y hasta una simple carta no le gusta, si no ve allí o su Cruz o su Santo Nombre. p ,
e Los santos no querían otra cosa más que a El. '
Cuando el Crucificado diio a Santo Tomás de Aquino: Bien has escrito de Mí, Tomás. ¿Qué recompensa quieres?
No otra más que A TI, Señor, respondió. de
Y en semejante circunstancia San Juan de la Cruz le respondió: Padecer y ser despreciado POR VOS, Señor.
Y Santa Teresa de Jesús escribe:
«Alma, ¿qué quieres de Mi?
Dios mío, no más que verte.
' ¿qué temes más de ti?
Lo que más temo es perderte. e El que ama a Cristo desea todo lo mejor PARA ILL: desde las más grandiosas Cs para su morada hasta las más bellas
ra su sagrario (7). y E: e Maria de Betania, que le ofrece —no sólo su casa y su comida junto con sus hermanos—, sino cl más auténtico y reglo de los perfumes que se pueda encontrar (Jn. 1813. Y suspira por verlo... «Véante mis ojos, dulce Jesús bueno... Véante mis ojos... Muérame yo luego» (SS.
«Nearer my God to Thee» (9). «Cerca de Vos, Señor, corca de Vos,
aunque en la Cruz esté como el ladrón»...
«Ama (desea) el día de su Advenimiento: de su Manifestación gloriosa (2 Tim. 4, 8) porque: 1) desea Su Triunfo, y 2) porque se lanzará a su AO en las alturas y estará vara sicmpre
Señor (1 Test. 3, : oras que no aman a Cristo: NO LE QUIEREN. k Son los sucesores de aquellos que, con su Pasión y Muerte, quí-
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¡de . %
, y
sieron arrojarle para siempre de la tierra y que fuese olvidad; memoria (Jer. 11, 19; Job. 18, 17, etc.). , Les molesta hasta el que se pronuncie su Nombre... (Hec 17-18; 5, 28). — Lo malo es el que hoy (en la lelesia posconciliar) sacerdotes y aun religiosas, que sean sus aliados! — Si le tiran por una ventana, dicen que «era de madera o nictal»... Que el Cristo viviente son los hombres... (10). Él — Si le tiran a una papelera o le pisotean... se callan cobarde- mente, por no dar propaganda —dicen— a estos casos. S — Si —los que le aman— quieren público desagravio: devota Misa, la prohíben, como acto POLÍTICO... (11). - Se «secularizan» en sus «hábitos» externos e internos y ter- minan por mundanizarse: por «secularizarse del todo»: volverse al mundo, de donde les sacó el Señor (Jn. 15, 19; 17, 14). / Y —<después pretenden hacerlo todo a su imagen y semejanza: secularizarlo todo, Secularización de: — el Estado: Separación ab- soluta entre Ja Iglesia y el Estado. — la ¡Religión: nada de La Trinidad cristiana, que divide (12). — el Matrimonio: Matrimonio civil y divorcio. — la sociedad civil. — enseñanza en todos sus grados. — la Beneficencia. — los Institutos religiosos. — la misma Liturgia. Y Fuera, por tanto, el Crucifijo de: — las oficinas. » — escuelas. p — Liceos. — Universidad. -3 Fuera el Cristo (o su Cruz) de todos: 4 — los Hospitales. , | — los cementerios, y hasta de los templos. si es posible. ¡Para qué tanta cruz! Ya... no es signo de bendición! Ya no se traza, | ni cuando se bendice litárgicamente una cosa... O El antiguo Catecismo de Astete decía que nos habíamos de san- tiguar «siempre que comenzásemos una obra buena»... Eso está - Y desfasado. El que se santigiie antes de comenzar un partido... (o ña antes de una intervención religiosa, aunque sea religioso u obis- | po, es ... un supersticioso... (12). | e Como en la independencia: Vencimos, logramos arrojar a los invasores; pero nos vencieron: inocularon sus falsas ideas hasta en sacerdotes y obispos, como se pudo ver en las Cortes de Cádiz. a e Tanto que se luchó en la Cruzada nacional para reponer a Cristo: : | contra el laicismo y la «secularización» para arrojar —después— a Cristo y su Cruz de todo y ¡en nombre de un Concilio! (13). y (Continu:urá, D. m.)
ra
í A! t1) El Maestro les había dicho: Si he amasels, os alegruríals de que 8 «voy al Padre» (de su glorificación, de que su humana naturaleza ascienda | al Padre, que es mayor) de su promoción (Jn. 14. 28). q | (2) ¡Lejos de mi el glorlarme en otra cosa que en Cristo y en «Cristo crucificado») o «en la Cruz de N. Ss. Jesucristo, por la cual el mundo está ] crucificado para mí y yo para el mundo! (Gal. 6, 16; 1 Cor. 1. 31. 2, 2. etc.) p-| (3) Por eso quiere verles vírgenes como El: dedicados a la propagación de la vida divina (sobrenutural) Que le representen al vivo: que hagan pensar en El. , (4) En los que la vida de Cristo fiesta en su carne mortal (2 Cor. 10-11) (5) A un sacerdote valenciano le dijeron: «Cásese usted y le perdo- namos la vida.» «Jamás —respondió—. ¡No quiero tal vida!ls Y los amigos, que querían salvarle la vida, le decian: «Diga usted solamente que «se ha a casado» y basta». «¡Jamás lo dirél» Y perdió la vida. ¿Y ésos no son múár- | tires? ¿Los hay de mayor categoría en todo el Martlrologlo romano” E ¡Qué mudanza desde entonces! Hoy —en nuestra Iglesia posconclllar-—— hasta ¡Cardenales hay que abogan por la supreslón del celibato sacerdotal! Y se empeñan muchos de los dirlgentes cn hacer diáconos casados, ¡y aun sacerdotes!, hagan o no hagan falta. ¿Esta es la altura del momento con- ciliar en que vivimos? (6) Mil graclas derramando - Paso por estos sotos con presura.
(que fue Cruz y Martirio) se manl-
Y yéndolos mirando Con sola su figura - Vestidos los deje de fer- mosura (S. Juan de la Cruz) (Tob. 7, 1-8).
(1) Todo le parece poco. El que de veras le ama, le ofrece todo lo me- jor que tiene y que encuentra (Cf. Kempís, 1, 2. c ;
(8) Sabido es que el canto de esta copla por una novicia en Salimanca causó un arrobo a la Mistica Doctora Santa Teresn de Jesús y la inspiró el Vivo sin vivir en mi ... (el Vivo nutem fam non ego, vivlt yero in me Chris- ? 2 tus (Gal, 2, 20), e Me
uYlvo ya fuera de mí - después que muero de amor - porque vivo en el Señor - que me quiso para sí: - Cuando el corazón le dí - puso en mi aqueste letrero: - QUÉ MUERO PORQUE NO MUERO.»
19) La letra origlnal fue compuesta en inglés por SARAH F. ADANMS (1805-1848). La música es de LOWELL MASON, quien la compuso en 1850. En español hay letras para esta canción sencilla y hermosa. Yo mismo hice una para la segunda de Las siete Palabras, lo más bíbllen posible, como habrán podido ver los lectores de mi librito; «LAS SIETE PALABRAS» (co- mentarlo biblico a las últimas palabras del Señor muriendo en la Cruz).
(10) Quien tal cosa predicó en Santander... acabó dejando el ejercicio del sacerdocio ¡por una cerlatura! Así me lo comunicaron. Pidamos por su «converstóm». ”
(11) Yo mismo —quizá por haber escrito en contra de tal profanación — recibi una comunicación anónima, en que se me decía si no me parecía que «el Cristo aquel de la Universidad no era un Cristo politico, etc. Para mí Cristo es slempre y en todo lugar MI SESOR Y MI DIOS. e.
Lo que me marnvilló es que hubiese oblspos que prohiblesen los des- agravios públicos n Cristo N. S. con semejantes pretextos, en vez de decir. valientemente: NO PASAMOS POR TAL INJURIA. ¿Y que el que detendió —como Sacerdotal— la conducta del predicador de Santa Lucía, de San= tander, sea hoy obispo? No es de extrañar el que «se le tire (A Oristo N. Sa. A la papelera o se le pisotee» y... nada se diga. 4
¡O que tengan que sufrir «los que denuncien tal proceder»!
(12) San Martín de Tours era ejemplo de obispos y sacerdotes, H valientemente lu señal de la cruz y triunfaba de la superstición. El cristi que no se atreve a suntiguarse publicamente es un cobarde. Como la los que no se atreven a nombrar a Dios y dicen simplemente Hasta y ñana, contra lo que recomienda el Espíritu Santo (Jac. 4, 13-15; Le. 12, 19. Hech. 18. 21.) Claro que han aprendido de Radlo Vaticano (emisi Sp ñola) y... no quieren ser «más papistas que el Papa» (a quien creen re presentan los locutores aquellos religiosos). > z
(13) De «la libertad religlosa» para todo, menos para ue esté n señor). Del ceumenlsmo y «la separacion entre la 1gl y el Estado que venza el paganismo y el ateísmo y no tenga semejantes der relizlosidad. - $
Dase
. Asi debemos siempre adorar, amar y servir a Dios, Nuestro Se- ñor. «Al Señor tu Dios adorarás y a El sólo darás culto.» (Mateo, capítulo 4, versículo 10.) Cuentan que el emperador Segismundo le preguntó a Teodorico, arzobispo de Colonia, cómo podría él encon- trar la felicidad aqui, en la tierra. Y le respondió Teodorico:
—No tengas muchas esperanzas de conseguirla.
—¿Y cómo podré alcanzar la felicidad en el cielo?
—Caminando aqui siempre por el camino recto.
—¿Y qué significa caminar por el camino recto?
—Significa que debe vivirse como promete vivir el emperador Segismundo, cuando le aqueja el mal de gota u Otra dolencia cual- quiera...
¿No te parece que el ejemplo o la práctica mueve más eficaz- mente?
A A A A A A
a
O Erase un hombre, pero muy rico, el cual hombre vivía en la mayor abundancia de todo bien. Y un día, como al Santo Job, le probó Dios. Se encontró de repente sin nada. Murieron sus ga- nados, naufragaron sus barcos, se incendiaron sus casas, cayó la maldición sobre todos sus negocios.
Y abatido, triste, vencido, emprendió, cual mendigo, su peregri- nación camino de la vida aquel hombre. Andaba pidiendo limosna : cuando, al llegar a un pueblo, vio a un hombre que apaleaba el tri- go y lo lanzaba con gran fuerza al aire. Y le preguntó el mendigo:
—¿Por qué no dejas estar tranquilos esos granos? ! —Para que no se pudran.
Siguió andando aquel mendigo, y vio a otro hombre, el cual cla- ' vaba en tierra la reja dura del pesado arado.
—¿Por qué hieres la tierra de ese modo?
P —Para que se ablande, para que empape el agua y asi recoja las É caricias del sol.
sd > > AED
: Pasó, no mucho después, por un viñedo, y allí vio a otro hom- bre, que estaba podando los sarmientos con unas tijeras afiladas.
—¿Por qué atormentas así las vides? —Para que broten mejor y produzcan más rico fruto...
Ñ O Y entonces, nuestro hombre, puesto humildemente de rodi- llas, exclamó:
h —¡Ah, Señor, ahora entiendo los caminos de tu providencia! Me apaleaste como trigo, para que no me pudra en el vicio. Me heris-
7 te como tierra con la reja de tu justicia, para que mi espíritu se
esponje y reciba mejor sol, lluvia de tu gracia. Me podaste cual sar-
miento, para que produzca más fruto de buenas obras. ¡Cúmplase
tu voluntad! ¡Bendito seas!
» Y recuerda aquí, lector pío, las sabias, consoladoras, palabras del salmista:
«Obraste benignamente con tu siervo, ¡oh Yavé!, según tu palabra. Enséñame el buen sentido y la ciencia, pues creo en tus mandamientos. Antes de ser afligido andaba descarriado, pero ahora guardo tu oráculo. Tú eres bueno y bienhechor: enséñame tus estatutos. Traman engaños contra mí los soberbios, pero yo guardo con todo corazón tus preceptos. Craso está como sebo mi corazón, pero yo tengo en tu ley mis delicias. Bien me ha estado ser humillado para aprender tus estatutos. Mejor me es la ley de tu boca que miles (de monedas) de oro y de plata. Tus manos me hicieron y me formaron; dame entendimiento para aprender tus mandamientos.»
(Salmo 119, 65-73.)
O «¡Tus manos me hicieron y me formaron!» Jugaban en la playa dos niños e hicieron magnifico castillo de arena. Dieron lue- - go una vuelta para contemplar los trabajos de otros niños. Y cuan- do al suyo volvieron lo encontraron ocupado por otro niño que cambiaba el estilo del castillo.
- —Deja esto, pues este castillo es nuestro. —Es mío: vosotros lo habéis abandonado. - —Mientes; es nuestro. - —La arena es de todos.
—Pero nosotros lo hemos construido y podernos hacer de él lo nOs plazca, porque es obra nuestra...
Pertenecemos a Dios, que nos sacó de la nada. «¡Tus manos
eron y me formaron!» Por esto yo pertenezco a Dios: en y alma. Suyo soy, para que El de mí haga lo que bien le Con el alma y la vida... Así debemos siempre adorar, ervir a Dios, Nuestro Señor.
voroso creyente, exclamaba cierto día ante unos amigos que le ex- hortaban a preocuparse más por su dinero:
—Yo no tengo tiempo de hacer dinero...
Tentado de suicidio, a causa de sus grandes tribulaciones, decía: _. T—El arte, el arte me conserva la vida. ¡Oh!, es un absurdo de- jar esta vida sin haber hecho lo que uno es capaz de hacer: por esto soporto esta vida infeliz. Y, pensándolo mejor, concluía:
, —Sólo Dios es el dueño de la vida: partiremos cuando El nos ame.
_ O No, ninguna cosa puede molestarnos en el curso de la vida sin la voluntad o permisión de Dios. Por eso les decía a sus atri- bulados hermanos el prístino José de Egipto: «No sois, pues, vos: otros los que me habéis traído aquí: es Dios quien me trajo y me ha hecho padre de Faraón y señor de toda su casa; y me ha pues: to al frente de toda la tierra de Egipto.» (Génesis, 45, 8.)
Jesucristo, hablando de la providencia del Padre celestial, dice que aun los cabellos de nuestra cabeza están contados: «Y de vos- otros, hasta los cabellos de la cabeza están todos contados.» (Ma- teo, 10, 30.) En otras palabras, la divina providencia se extiende hasta los acontecimientos más insignificantes de la existencia hu- mana.
Nada acontece aquí en el mundo por sino o casualidad. Es ver- dad que no sabemos las causas o razones de muchos sucesos; pero bien sábelas Dios, que lo dirige todo en número, peso y medida. «Pero todo lo dispusiste con medida, número y peso.» (Sabiduría, capítulo 11, versículo 21.) Y el que dice que hay en el mundo un «acaso», ese tal blasfema de la Divinidad, según San Efrén.
o Cierta joven de un pueblo de Andalucía, ataviada con galas nupciales, esperaba impaciente la llegada de su padre para ir a la capital de provincia, donde había de celebrarse el matrimonio aque- lla mañana. Y todo estaba preparado al efecto. Allí esperaba el no- vio con su séquito. El acompañamiento de la novia llenaba el hogar.
Había colocado ella dos velas delante de un cuadro del Inmacu- lado Corazón de María para conseguir la oportuna llegada del pa- dre. Pero éste telegrafió que no llegaría hasta el día siguiente. La joven, despechada, apagó entonces las dos velas y volvió el bendi- to cuadro de cara a la pared.
A la mañana siguiente se enteraba de que el tren en que debía viajar su padre había chocado con otro, y el sesenta por ciento de los viajeros estaban muertos o heridos. Así que la Providencia, de un mal (el retraso del padre), había sacado un bien: le había libra- do de una muerte casi segura.
O Muchas veces me ha consolado recordar aquellas palabras de la Sagrada Escritura que aquí te recuerdo, quepasense del alma:
_ «Todo tiene su momento, y todo cuanto se hace debajo del sol tiene su tiempo. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar; tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de lamentarse y tiempo de dan- zar; tiempo de esparcir las piedras y tiempo de amontonarlas; tiem- po de abrazarse y tiempo de separarse; tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de tirar; tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra y tiempo de paz.» (Eclesiastés, 3, 1-8.)
O No, nada en el mundo sucede al acaso: nos viene todo de la mano de Dios, nuestro Padre celestial. El permite algunos ma- les, es cierto: esto es, no los impide, aunque pudiera. Escucha, para tu consuelo y aprovechamiento espiritual, las palabras del Sabio:
«Hijo mío, si te das al servicio de Dios, prepara tu ánimo a la tentación. Ten recto corazón y soporta con paciencia y no te impa- cientes al tiempo del infortunio. Adhiérete a El y no te separes, para que tengas buen éxito en tus postrimerías. Recibe todo cuan- to El manda sobre ti y ten buen ánimo en las vicisitudes de la prueba. Pues el oro se prueba en el fuego, y los hombres gratos a Dios, en el crisol de la tribulación. Confíate a El y te acogerá; en- dereza tus caminos y espera en El.» (Eclesiástico, 2, 1-6.)
Sí, permite Dios pasemos por el crisol de la tribulación. Por él pasaron los mayores Santos. «El hombre instruido sabe muchas cosas y el muy experimentado puede enseñar. El que no ha sido probado sabe muy poco, y el que ha corrido mucho es rico en ex- perfencia.» (Eclesiástico, 34, 9-10.)
Y abre, finalmente, el sagrado libro de los Proverbios, y lee: «No desdeñes, hijo mío, la corrección de tu Dios; no te enoje que te corrija. Porque al que Yavé ama le corrige, y aflige al hijo que le es más caro.» (Proverbios, 3, 12-12.)
Y acabo ahora como comencé: Así debemos siempre adorar, amar
y servir a Dios, Nuestro Señor... con toda el alma y la vida. «Al
Señor tu Dios adorarás y a El sólo darás culto.» (Mateo, 4, 10.)
CON EL ALMA Y LA VIDA
Por JOSE MARIA PEREZ, Pbro.
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'- REFLEXIONEMOS
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1, AUTODEMOLICION
Algunos se escandalizan por nuestras puntualizaciones doctrina- les y desaprobaciones morales, que llegan en determinadas ocasio- nes hasta instituciones eclesiásticas concretas y a conspicuos laicos muy comprometidos, y a clérigos muy encumbrados, Obispos y Car- denales. ¿Qué clase de escándalo es ése? No será el de párvulos, débiles y pusilánimes: porque hoy todos, y más los que osan re: criminarnos, son católicos muy adultos. Es, sin discusión, escándalo farisaico.
Cuando Pablo VI, dos veces con palabras expresas e innumera- bles veces con términos equivalentes, se ha referido a la autodes- trucción de la Iglesia, es claro que no apunta a las deficiencias co- rrientes de los católicos corrientes, sino a los gravísimos desvaríos, prácticos o teóricos, de esas instituciones eclesiásticas y laicos com:- prometidos y clérigos encumbrados y Obispos y Cardenales.
Cuando se queja de que: el aggiornamento se entienda como mundanización y secularización; se apele a la conciencia personal, desechando los criterios objetivos; haya una aversión preconcebida a las leyes eclesiásticas; se ignoren los preceptos de la Iglesia y aun los Diez Mandamientos; se carezca del sentido de Iglesia, cuyas es- tructuras se pretende hacer saltar desde dentro o desde fuera, con lo que se destruye a la misma Iglesia; se adulteren los dogmas, se den por superadas las definiciones, se sometan a discusión inaca- bable doctrinas y leyes ya claras y establecidas; se esté a la caza de las más peregrinas novedades, con olvido de la Tradición y des- acato al Magisterio, y se desvirtúe la relación de la Teología con este Magisterio, según una dirección arbitraria que es el camino a la herejía...
No será por lo que escribe ¿QUE PASA?; pero puede ser por lo que publica «Concilium». No, por las Semanas Teológicas de la Co- misión Episcopal española para la Doctrina de la Fe; pero sí por el Congreso de Bruselas. No, por las tan medidas y exactas notas editoriales de Siri en «Renovatio»; pero sí por las detonantes rma- nifestaciones de Suenens en «Informations Catholiques Internatio- nales». No por la Declaración de Principios de la Hermandad Sacerdotal española, en Segovia; pero sí, por las conclusiones del Concilio Pastoral (perdón, Latrocinio) de Holanda. Sí, por los peli- grosos errores del Nuevo Catecismo; no, por las correcciones al mismo, mal que les pese a todos los... desleales a la Iglesia.
No, por los que vemos en el sacerdote al apóstol que Jesús escogió para estar con El y predicar (Mc., 3, 14) —con lo que se indica que la única preparación apostólica eficaz es la intimidad con Jesucristo—, y al entresacado de entre los hombres para las cosas de Dios (Hbr., 5, 1) cual confirma la tradición ininterrum- pida desde los Padres Apostólicos, pasando por el Crisóstomo y San Carlos Borromeo hasta San Pío X, y Pío XI, y Pío XII, y Juan XXIII, y Vaticano II, y Pablo VI. Si por la Comisión Epis- copal del Clero y su expeditivo Secretariado, que ¡a estas altu- ras! se empeña en «construir una teología del ministerio sacer- dotal» enriquecida (?) con las supuestas aspiraciones, muchas de ellas reprobables, recogidas y aireadas con escándalo por una en- cuesta improcedente, No por los que acatan, obedientes y gozosos, la disciplina multisecular —expresamente reafirmada por el Con- cilio y declarada INDISCUTIBLE por el Papa— del celibato, enamo- rados de la suprema novedad de Cristo. Sí por los miembros de la Comisión y el Secretariado del Clero «presididos» por el obispo Suquía y «promocionados» por tan autorizado y ducho propagan- dista como Martin Descalzo, inmersos en la decrepitud decadente de Ginebra.
2. CONTRA CORRIENTE
Hoy nadie duda ya de la tremenda crisis, La confiesa el Papa; la comprueban, responsables y alarmados, los Obispos; la sufren, conturbados, los fieles todos. Algunos pocos, o más ilusos o más culpables, se baten vergonzosamente en retirada, queriendo enga- ñarse y engañarnos con la ilusión de crecimiento. q
Mas conviene reflexionar. En esas coyunturas criticas de la his- toria se desensadenan fuerzas nocivas —y en eso está la crisis— que fácilmente arrastran a la mayoría, la que grita y gesticula en su confusa y alborotada torrentera.
Es la mentalidad nueva, es el mito del hombre moderno, son los signos de los tiempos y los vientos de la historia a que muy pocos logran resistir. Son esas horas críticas en que el espíritu del mundo, vestido engañosamente con apariencias de ángel de luz, enturbia con su halago embrujador los ojos más serenos y trastorna y marea las cabezas mejor sentadas.
Se olvida entonces que el espíritu del mundo es un límite cerra- do, sin horizontes hacia el cielo, mientras el espíritu de Cristo es un horizonte abierto, sin límites hacia la eternidad; que pasa la comedia de este siglo como fulguración de relámpago que os cierra los ojos un instante con su brillo... Miráis, y su camino se ha borrado: sueño, humo, sombra, nada.
Son las horas críticas en que casi todos parecen olvidarse de la filosófica sentencia de San Pablo: «No tenemos aquí morada per- manente, sino que buscamos la futura», embarcados en la aspira- ción loca de los necios: «Coronémonos de rosas, que mañana mo- riremos.» El ruido que mete el mundo a sus espaldas les hace vol- ver la vista atrás. Y le hacen caso. Y se van con los muertos a enterrar a sus muertos.
Son las horas críticas en que los gérmenes nocivos, arrastrados por corrientes subterráneas que vienen de muy lejos —y que el Concilio no ha podido o no ha sabido filtrar, o tal vez ha contri- buido a enturbiar más aún por sobra de discusión y falta de es- clarecimiento—, afloran hoy en el confusionismo ideológico, la
anarquía de las costumbre y la subversión social.
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Para mayor desdicha, el progresismo —que no es católic cristiano, al decir de Pablo XI— se ha ingeniado para apar. como protagonizando todo lo conciliar. Pero, borracho de munda- nidad, se deja invadir por los gérmenes nocivos y, más que asumir la humanidad en Cristo, parece querer mundanizar al Redentor
Ya la «Ecclesiam suam» fustigó severamente a los que no sólo no convierten, sino que se dejan convertir, hacen del mundanismo su norma de conducta y quisieran que fuera también la norma de la Iglesia. Tendríamos lo que se ha llamado una redención inver- tida: el mundo, rebajada a su nivel la Iglesia, la salvaría... de su inadaptación a los tiempos nuevos, de sus vanas pretensiones ma- gisteriales, de su propia misión sobrenatural, de su carácter divino de Maestra infalible de la verdad. En lugar de consagrar al mun- do desacraliza a la Iglesia. e,
Si en un principio el progresismo pudo hacer creer que año- raba la fresca vitalidad del cristianismo primitivo, en realidad aho- ra se escandaliza del escándalo de la Cruz, propugna un cristia- nismo más novedoso y rebelde que renovador, y la propia diná mica lo empuja a vaciar a la Iglesia de su savia divina, de su fer- mento vitalizador y transformante.
No es el suyo anhelo de conquista, sino espíritu de deserción. Y así la valiente predicación de la verdad es suplantada por el diá- logo igualitario y derrotista..., sin precedentes ni en la Escritura ni en la Tradición.
Hay una especie de vértigo colectivo. Es una enfermedad que nubla los ojos y enfria el corazón. Está causando la más alarmante e del espíritu, al que anestesia para toda sensibilidad evan- gélica.
Un paso más y naturalizamos el cristianismo; un paso más y desangramos el Cuerpo Místico; un paso más y descristianizamos a la Iglesia.
Y el hombre, que se empeña en emanciparse del orden sobre- natural y rebelarse contra él, sofocado hoy por la materia y ani- quilado por la máquina, cuando ya se oye el crujir de los cráneos, forcejea con esfuerzo horrible por sacar su humanidad deshecha de entre las ruedas, para lanzarse desesperado a la subversión to- tal y atea del mundo.
3. REFLEXIONEMOS
Ahora bien, en esos tiempos de crisis tan honda y general se puede dar por supuesto a priori que sólo una minoría logrará con resolución constante y heroica, y a fuerza de luchar contra corrien- te, mantenerse inmune de la universal apostasía, y que será la mayoría, la de los espíritu débiles y afeminados, la que se deje gobernar por los sucesos y arrastrar por la corriente. (Dejamos a salvo a la mayoría silenciosa.)
E Asi se puede verificar a posteriori que ha pasado en todas las “Y grandes crisis de la historia. Y Nada más lógico. Porque, si no, ¿en qué habría de consistir la crisis? ¿Comprende ya el lector qué es eso ¡tan despreciable! de la minoría conservadora e integrista, extremista y desfasada?
Claro. Ha llegado hasta el extremo de luchar sola a brazo par- tido, de nadar contra corriente... para salvar del naufragio la sa- grada herencia secular, que los otros, la mayoría, amenaza hun- dir con su propia ruina en el torbellino de la confusión.
IGUALDAD EN EL CATOLICISMO -
La Revolución francesa hizo bandera política de las palabras igual- " dad, libertad y fraternidad. El Cristianismo, desde la era Apostólica, | estableció en realidad y efectivamente la igualdad y fraternidad en- tre los hombres. ¿Cómo? Por la enseñanza y la puesta en práctica del Evangelio real de Jesucristo. «No es el discípulo superior al maestro: pero será perfecto, como sea semejante a su maestro.» 4 (Lucas, 6, 40.) «No queráis que os llamen maestro, porque uno sólo es vuestro Maestro, y todos sois hermanos.» (Mt. 23, 8.) «Un nuevo X mandato os doy: Que os améis unos a otros, y que del modo que yo os he amado, así también os améis recíprocamente. Conocerán e todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros.» (Jn. 13, versículos 34-35.) Para el Católico «no hay distinción de Gentil y Ju- dio, de circunciso y no circunciso, de Bárbaro y Escita, de escla- vo y libre, sino que Cristo es todo y en todos.» (Col. 3, 10-11.) «Los bautizados en Cristo estáis revestidos de Cristo, y no hay distinción á de Judío ni Griego, ni siervo ni libre, ni de hombre y mujer. Por- que todos sois una cosa en Jesucristo.» (Gal. 3, 27-28.) «De verdad acabo de conocer que Dios no hace acepción de personas, sino que en cualquier nación, el que teme y obra bien merece su agrado» (Act X. 34-35.) «Tribulación y angustia para el alma del que obra mal, del Judío primero, y luego de Griego; más gloria, honor y paz al que obra bien, del Judío primero, y después del Griego; porque - para con Dios no hay acepción de personas.» (Rm. 2, 10-11.) Ante Jesús, O Dios, o la Iglesia Católica, no hay discriminación. Todos iguales. Todos con los mismos derechos y Obligaciones, los mismos premios y castigos. Sólo la autoridad y la santidad son veneradas y respetadas. Y hay un respeto especial y amor para el pobre, como nos dijo el Maestro. La humildad debe ser la virtud fundamental: «Si alguno piensa ser algo, se engaña, pues es nada.» (Gal 6, 3. tólico es igual a universal y todas las naciones reciben esta doct
de
A la caza de verdades Por M. SEMPRUN GURREA
LA SILLA GESTATORIA: No parece haber sido regalada al Papado por Constantino ni tampoco por Teodosio el Grande. Mu- cho tiempo hubo de pasar antes de que los fieles se dieran cuenta de que iban creciendo en número, y si acudían a Roma no podrían todos tener el privilegio de ver a su Pontífice en las salas o galerías del Vaticano; menos aún, en la plaza de San Pedro. Quizá recorda- ron el caso de Zaqueo que se vio obligado a subir a un sicomaro para ver a Cristo porque Le tapaban los que rodeaban Su Persona, lo cual nos hace creer que el Redentor no descollaba por encima de los demás, pues de haber descollado Le hubiera visto Zaqueo, por bajito que fuera, como puede ver un niño a un gigante que so- brepase las cabezas de quienes le rodean. Estudios hechos muy con- cienzuda y cientificamente sobre el sudario de Turin parecen indi- car que se calcula Su estatura entre 1,71 y 1,90 m.; sin embargo, no se puede dar, ni mucho menos, una medida exacta. Más impor- tante es el dato histórico de la dificultad de Zaqueo y el hecho de que ni fisiológica ni estéticamente la estatura demasiado grande es perfecta. En la Historia de la Iglesia ha habido Papas de diversas tallas, física y moralmente hablando; el ver al Padre común cons- tituye siempre una dicha muy grande para sus hijos y si esto pue- de hacerse de una manera bella, digna y que refleje generosidad en los hijos —hermoseando la silla regalada— y generosidad del Padre que quiere ver a todos y no favorecer solamente a los ami- ] gos, no sólo aumenta la satisfacción, sino que es señal admirable de
comunión. Tuvo que venir el Progresismo con su mezquindad y ta- cañería disfrazadas de igualdad y humanitarismo para pedir que el Papa prescindiera de esa silla, caminara por entre las turbas y los hijos ávidos de verle se fastidiaran por amor fraterno. A un torero que ha hecho una buena faena, a un campeón, a un artista o a un filántropo, le alza en hombros para que reciba el homenaje de la gente; al Vicario de Cristo se le exige que entregue su silla a una «compraventa», que la subaste, que pueda adquirirla el mejor pos- tor para que un dia un capricho sacrilego haga un agujero en el asiento... y lo que ustedes quieran...
En una ocasión, una radio protestante lanzaba gruñidos porque los misioneros católicos usaban el avión para ciertas enormes dis- tancias y clamaba: «Cristo no utilizó aviones»... Son los mismos que hoy aúllan: «Pedro iba andando entre los suyos»...
El llevar sobre sus hombros a un personaje que destaca por algo es un honor muy codiciado; ser portador de la silla llamada «gestatoria» (del latín: gestatorius, o sea que ha de llevarse a bra- zos) debiera ser para un católico privilegio apreciadisimo, algo pa- recido a lo que era, cuando se tenía fe, ser uno de los elegidos para sostener el Palio (del latín: pallium, que se usaba desde antes de Constantino, en Grecia y en Roma, no sólo para proteger contra las inclemencias del tiempo, sino también para demostrar a una persona que se lo merece, la estimación que se siente por ella). Era emocio- nante cuando, bajo Palio, iba Cristo Sacramentado. «El «progresis- ta», juzgando a todos por si mismo, no puede, lógicamente, sentir es- timación por nadie.
LA TIARA: Es una palabra de origen griego y éste a su vez del persa «tara»; significa un gorro alto de tela o cuero ricamente ador- nado usado por gentes que ostentaban algún cargo elevado. Parece ser que el primer Papa que usó tiara fue el sirio Constantino en el siglo VIII. Bonifacio VIII (1294-1303) modificó la forma dándole la de una doble corona y Benedicto XI (1303-1304) le añade la tercera
- y desde entonces es llamada también «triregnum». Por fin, en el Siglo XVI se coloca la cruz sobre las tres coronas. El pintor Rafael pinta a San León Magno (siglo V) con tiara de triple corona por pura imaginación, pues el cuadro (Museo Vaticano) se realiza mu- chos siglos después.
Cuando un Papa es elegido celebra Misa solemne ante el pueblo, y luego el Cardenal primer diácono coloca la tiara sobre las sienes del Papa pronunciando las palabras de la coronación papal que re- conocen en el Pontífice al Padre de los príncipes, al Rector del Orbe -Y, por encima de todo, al Vicario de Cristo. Desde 1736 hay la cos- mbre de colocar la tiara sobre la cabeza de la estatua de San o, durante las grandes solemnidades. La tiara puede estar más renos adornada según las donaciones hechas por los fieles. En s tiempos modernos, en que los vasos de alabastro, rotos a los de Cristo, irritan a sus ministros progresistas, como aquel de Magdalena irritó a Judas, los regalos rara vez son espléndidos; mbargo, al Cardenal Montini, elegido y felizmente reinante, ba:
1ombre de Pablo VI, sus fieles de Milán le regalaron una tiara tada por él, pasó a ser objeto de su propiedad, aun cuan: lla no tenga jurisdicción. Para aclarar estos términos: jurisdicción» pongamos un ejemplo: a un individuo le y el dinero para edificar en él una iglesia; no
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puede usarlo ni para campo de deportes ni para construir un teatro. Suponiendo que la iglesia terminada ya, se incendia, pero habiendo sido asegurada, la Compañía paga su valor; con esa cantidad el in- dividuo en cuestión está obligado a su reconstrucción. No se ha liberado del compromiso, ya que el donante hizo el don con ese fin. Imaginando el absurdo de que Cristo hubiera nombrado dos Vica- rios Suyos, el uno podía ceder al otro la tiara, siempre y cuando que la usara como Pontífice. Como no fue así y Papa hay solamente Uno la tiara es Suya para los fines a que está destinada. Sería de- primente que, por ejemplo, subastada (como cuenta la Prensa que lo han sido los regalos hechos por Pablo VI a] Consejo de las Iglesias en Ginebra) y adquirida por algún archimillonario sin fe, éste la luciera, osado y bromista, sobre su testa en un baile de máscaras.
LOS ANILLOS PAPALES: No se puede determinar con certeza cuándo empezaron los Papas a utilizarlos como símbolos de digni- dad y autoridad a la par que de entrega o consagración. Entre las insignias del Sumo Sacerdote del Antiguo Testamento no figuran anillos en dedos; sin embargo, en la Historia de los pueblos primi: tivos aparece el anillo con varios significados: sumisión del esclavo al amo, mutua donación entre esposos, dignidad real a la par que expresión de dedicación a su pueblo o tribu. Ya para los romanos significaba lo mismo que para nosotros: dignidad, autoridad, ma- trimonio. El Concilio 1V de Toledo, celebrado en el año 633 lo enu- mera entre las insignias de los Obispos y señala la obligación de llevarlo en el anular de la mano derecha. Esto parece indicar que también lo llevaría el Pontífice. En el Museo Sacro de la Biblioteca Vaticana se conserva uno que perteneció al Papa Nicolás III (1277- 1280); éste es en realidad un sello para estampar en los Breves Pontificios y se llama «anillo del Pescador» porque representa a Pe- dro joven, pescando con una caña al final de la cual se ve un pez. El antipapa Clemente VII cambió la forma del suyo, conservando la cabeza del Príncipe de los Apóstoles, pero añadiendo llaves y tiara. Clemente, antes cardenal Roberto de Ginebra, fue por fin expulsado (a descubrir su dolo contribuyó Santa Catalina de Siena) y entonces se eligió a Bonifacio 1X (1389-1404), el cual tuvo tanto que sufrir durante los quince años de su Pontificado que la Historia nos cuen- ta de su anillo solamente que al ser estampado en los Breves se le llamaba «anulus fluctuantes naviculae». La conducta moral de este Papa fue intachable, de extremada austeridad y gran fortaleza de espíritu. Nicolás V (1447-1455) intenta imponer un tipo definitivo de anillo ovalado con la figura de Pedro en la barca en el acto de echar la red, y en la parte de arriba del anillo se pondría el nombre de cada Papa que lo llevara. Los anillos pueden ser más o menos adornados o valiosos según la generosidad de la época. Los anillos del Renacimiento además de suntuosos son de esa gran belleza ar- tistica que la imaginación del siglo actual no podría concebir y qui- zá por eso hace gala de despreciarlo.
En 1842 el sello de cera amarilla fue sustituido por uno rojizo re- dondo que conserva la representación del Pescador.
En torno a esta cera adherida hay como un trenzado de perga- mino para evitar que el sello se estropee. Además del anillo del Pescador, el Santo Padre tiene otro llamado Pontifical y un tercero conocido por el ordinario; este último es el usado constantemente, exceptuando un día al año, el Viernes Santos, cuando el Papa, re- tirado en su capilla, se lo quita, en señal de luto para celebrar la liturgia.
El Pontifical, parecido a los de los cardenales, es impuesto al Papa por el Cardenal asistente en la Misa propia de la ceremonia de la Consagración Papal.
De la dignidad y autoridad supremas de un Papa nadie que crea en Dios podrá dudar, ya que fue Dios mismo quien se las otorgó; y tampoco de sus Desposorios con la Iglesia, pues es el Vicario en la Tierra del Esposo Verdadero de Nuestra Santa Madre.
Esos anillos, por lo tanto, son para todo católico objetos de ve- neración; el verlos en otros dedos, por ejemplo, en los de ministros de falsas religiones, no sólo no significarían nada, sino que resul- tarían profanados. Debemos respeto a todo ser humano, pero debe- mos a Dios el no sacar las cosas de quicio. Supongamos que una jerarquía de cualquier creencia o secta nos da su bendición; eso se puede aceptar o bien como aceptaríamos la bendición de un anciano bien intencionado o como la de un amigo que nos dice: « ¡Dios te bendiga!», pero nunca como la de quien tiene atribuciones divinas para hacerlo. Así, pues, si besamos un anillo Papal, pon ejemplo, en la mano de un anglicano, sería un acto de culto indebido que, como dice el diccionario, es el «contrario a los preceptos de la Iglesia»; también sería superfluo «dirigido a otros fines que los que tiene aprobados la Iglesia» y, por fin, supersticioso, «que Se dsigules
no se debe dar».
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Autor.—¡Entren, señores, entren: verán el prodigio, el laberinto! ¿Observan esos setos de arrayán, esas callejas? Caminos andaderos son, y sombreados, riendo, incógnitos. los desenlaces. ¿Quién tanto se asegura en los trillados senderos, que alguna vez no pierda al horizonte su meta? ¿A quién no aburre un seguro prosperar, que al cabo no lo juegue a los dados? Sorpresas de la vida, ¿qué ven- turas nos deparáis? s
¡Entren, señores! Este famoso laberinto, alardes son de un siglo de candelas; siglo... ¡no cual los otros, reaccionario: siglo ilustrísi mo e ilustrado, padre de los progresos y madre de las revolucio: nes! ¿No vivió en él, a la sombra de estos soles, el taciturno Rous: seau?
¿Digo las sombras? ¡Las nicblas! Voltaire luego: Enciclopedias.
Y el verbo de Mirabeat.
Mas el buen Padre Feijoo. Todos a una esgrimiendo
las plumas del ganso fiero, fantasmas de lanza en ristre, circundando en su despiste
de Minotauro cl secreto,
¿quién es autor del Panfleto?
Constantino.—¡Entren, señores, no tengan reparo! Por estas his- tóricas veredas, tras las huellas de Ariadna, entraron damás y ca- balleros en lucidísimos saraos. Estos verdes, de noche sombrías tintas, arreholáronse en los fulgores de flameantes teas cuyos hu: mos, dilatándose al aire, semejan en su presencia al nimboso Zeus,
o ya los celos de Juno. Todos lo ¡p»robaron, el laberinto. Pruébanlo:
infantas y princesas de grácil borccguí, simulando a trechos ha- berse contusionado el tobillo ebúrneo. Probólo el soberano monar- ca de España, yy perdióse en terreno de cuatro fanegas aquel en cuyos dominios el sol no conocía ocaso. Probáronlo sus validos y ministros, e incluso, por no desgraciarse, prudentísimos prelados juntaron ahí prima con sexta, siempre en su breviario, para no ser indiscrotos. ¡Entren, señores! ¡Entren sin reparo!
Autor.—¡Señores, entren! Si acaso en el intrincado laberinto la curiosidad los acucia a buscar al autor del Panfleto, puede que él fuera como el aire sutil que por los setos traspasa. O puede fuera como en el dibujo de los siete errores, un rasgo nada más. Puede fuera una libélula que las doncellas, en sus dedos de aljófar, la asían por la cola diciendo: «¡Mira qué bichito!», en tanto ella tiene más de cien ojos. O puede la misma libélula se posara incauta en el breviario del señor cardenal, donde dice «dies irae». El, con graves aspavientos, la expulsa a torpes manotazos de la jurisdic ción de sus rezos. Puede que autor del panfleto, con los erráticos va, jugando a gana-pierde como quien no tiene otra cosa. O puede ser autor el mismísimo Minotauro, boca en llamas y escamas de «diplodocus». Puede, en fin, que a autor de Panfletos, Minotauro se lo tragaría si aquél tuviera el infortunio de caer en sus fauces. ¡Señores, si es así, no entren!
—¡Señores, los que aquí entráis sin que os pongan zancadillas (no hay billetes ni taquillas): es menester que volváis...! —Si acaso los extravíos gozáis sin saber adonde,
si atrás o adelante váis:
éste es siglo de quimcras, progresa el polvo en las suelas cuando al dar el esquinazo, sin salida os queda el paso. —¡Oh, qué gozo, qué deleite, perderse sin remisión
y a vueltas de evolución
el Minotauro, o volverse!
Constantino;
Autor:
Constantino:
Autor.—¡Ved, señores; ved cuántos curas y frailes entraban por las callejas. haciendo de la sotana para Ariadna madejas! ¿Y el Panfleto? ¡Dicen no era sino el autor del Panfleto quien les qui- taba el «oremus»!
Constantino.—¡Mátenlo, señores, al autor de Panfletos! Mas, ¡cui- dado! Antes es menester reconocerle, no sea paguen justos por pecadores; no sea topen con «el fantasma de José Cadalso, y lo maten inútilmente, que muerto está para la justicia.
Autor.—No sea por distracción se topen al de Campazas que les endilgue el Gerundio. ¿Qué tal estaría en jerga progresista, estando inmersos en laberinto, desinstalados y desfasados? ¿Cuál
CENA-HOMENAJE A GIL DE SAGREDO
Como saben nuestros amigos y simpatizantes. la cena- homenaje a nuestro ilustre colaborador don Jullán Gil de Sagredo, se celebrará (D. m.) esta noche 3 de julio, a las diez de la noche, en la «Casa de Córdoba», calle Martínez Campos, 32.
PALAESTRA BARCINONENSIS [4]
EL LABERINTO
Por JAIME RUIZ VAI
declamando en estas estructuras ambiguas, no habiendo desa cado el lugar de su presencia? Constantino.—... ¿Estando comprometidos en la desvincula de Ariadna y en la desacralización de Teseo? ¿Deviniendo, por cxistencialmente expectantes de un evento evanescente?... Autor,—... ¿Estamos inmovilizados ellos que son movilis cuando piensan avanzar, haciéndose por equivocación retrógra Constantino.—... ¿Previniendo la falacia, ellos que son ad tratando de polarizar los signos sin ultrancismo? Antor.,—O ya..., ¡mátenle, sí señores, al autor del Panfleto! Constantino.—¡Mátenle cuando logren encontrarle! ) Autor.—Más rodeen, por estos andurriales, al Filósofo Rancio: no les vaya a contar todas las mujeres que tuvo el padre Teilhard de Chardin. Mec Constantino.—Con todo, al del panfleto, ¡mátenle! 5 Autor.—¡Mátenle! Y tú, Constantino, que entiendes de biología, métete a agorero: indaga los proféticos signos, que podamos des- madejar los embrollos del panfletario. A Constantino.—¡Ea! Por este lado del laberinto hay una cueva. Entrando en ella, ¿qué veo? Suena a hueco, como un pozo. Ahí E algo rebulle. ¡Eh, ah! Responde «glú-glú». ¿Eres rana o la ibila? Rana.—Glú-glú; pitón-ich. Constantino.—¿Que tú eres pitonisa? Rana.—Pitón-ich, croá-croá. Constantino.—¿Pito qué? Rana.—Pito croá. Pitón pitón pitará. Constantino.—Dime por ventura: ¿Quién es autor del Panfleto? Rana.—Glú-glú; croá-croá: pito panfleto. Constantins.—¡Oyentes que aquí me véis sobre el antro tenebroso (no sé si es humilde charca) de presagios abundoso. Confuso estoy. Las razones son buenas adivinas, y ésa está di- ciendo que habrá de tocar el pito el autor del Panfleto. Pero me pregunto: ¿qué pito? No el bufido de la lechuza, que no se parte a cañaflauta. No el silbo de los aires, que acá lo ablanda el follaje. A no ser en la veleta... ¡Cata, es un fraile! ¿Quién y cómo pintará? Autor.—Ya se cumple el presagio. Acertó la rana. Ahí llega el vendedor de pitos, con su anaquelería de pajaritos de plástico ali geros al viento, sus globos y con esos pitos. A la entrada del la- berinto, paróse. ¡Hijos, teneos, que sóis muchos: no abuséis del bolsillo del pobre Trigecio! Constantino.—Veo Trigecio les compra a los chavales todo gé- ncro de chucherías, y también un pito. Siete críos que tiene, y ocho pitos que ha comprado. ¡Ay!. ¿qué habrá osado profetizar la rana? Ya van por el laberinto: pií, pií. 'Trigecio está con ellos: pif-pií. Uno que se ha perdido: pif-pií. Otro que le responde: pif-pií. Pitos.—Pií, pií, pií, pií. Más pitos.—Pií, pií, pií, pií. Autor.—Alhora vienen los guardias. e Constantino.—No, seños guardias. Autor ni yo, no hemos pi- -] tado para nada. Reconocemos el derecho de ustedes a tocar en exclusiva el pito.
Autor.—Ya van los guardias por el laberinto, a caza de los que tocan el pito... La culpa es de Trigecio... Presumo cuando los guardias hayan alcanzado en el laberinto todos los pitos perdedizos, será hora de irnos a comer...
Pitos.—Pifrripipif-rripipit-rripipií.
Constantino.—Pitan los guardias. ¡Dios, ya todo el laberinto es una algarabía de pitos! Cuántos astros brillan en el firmamento de una noche cerrada, otros tantos pitidos vagan por doquier, que algunos, en el rastro, parecen meteoritos. Cuáles rasgan las ci: garras al calor del verano, así en las encrucijadas, los pitos, que algunos arrastran como los grillos: ¡erriipirriipirriipipiif!
Autor.—¡Cata, el pequeñajo Iñigo se asustará si le viene el guardia! y
Constantino.—Hagamos la finta. Cacahuetero, véndeme un pito. Y otro para ti, Autor. Yo me voy por este lado, que suene a través del seto: 3
—¡Piiiiót ¡Piiiñf! >.
Autor.—Yo me voy por el otro:
—¡Piiiif! ¡Piiiif! bo
Constantino.—Ya la sinfonía se extiende por todo el parque, que — el vendedor lo ha recorrido de un cabo a otro. ¿Ves aquel señor : calvo, y aquel otro de la perilla, y aquel tercero del mostacho, integrista? la
Autor.—Todos suenan pitos.
Constantino.—Dijo bien la rana: si todos suenan debió de escribir el panfleto.
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pitos, algLnu
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TAMAFUTMAL TENAFUT POSCONCILIAR
Por AVERROES
_ Carisimo lector: Hoy quiero hablarte de la «oración del Centu- rion»:
«Señor, yo no soy digno de que Vuestra Divina Majestad entre en mi pobre morada. mas decid una sola palabra y mi alma que- dará sana, salva, limpia y perdonada.»
Esta sublime oración, cuyo origen bien conoces, la han pro- nunciado hoy, poco después de decir también «Venga a nos el Tu Reino, y hágase tu voluntad, asi en la Tierra como en el Cielon, cuyo autor tampoco te debe resultar desconocido, millar y medio de españoles, varios millares de irlandeses, bastantes «moritos», al- gunos negros y algunos japoneses, indios, chinitos, etc., de toda raza y color, reunidos en la suave penumbra de la monumental Basílica de San Pío X, momentos antes de la Comunión general de casi todos los asistentes, en una misa concelebrada, con Obis- pos de varias lenguas y con un incalculable número de sacerdotes de diversos paises.
Y entre todos ellos destacaba, vestido de Pontifical, un Obispo español, que si no era precisamente el «Gran Arzobispo» reciente- mente fallecido, era otro Insigne Prelado, un poco más alto de figura, pero con la misma alma de niño... que aquel que le había escogido como auxiliar de esa privilegiada Diócesis de Madrid- Alcalá.
Todos estábamos emocionadísimos, porque era la fiesta del Sa- grado Corazón de Jesús, que incluso en Francia sigue celebrándose, a pesar de la barrabasada inolvidable, aún no bien reparada, del Cerro de los Angeles madrileño.
Y es que hoy, caro lector, no te escribo desde el Paraiso de mis huríies de la Necrópolis de Lucena, sino desde otro paraíso terre- nal, sito allende el Pirineo, donde la Reina de los Angeles y de los Arcángeles se suele manifestar visible y tangiblemente con harta frecuencia desde hace poco más de un siglo.
Aquello es casi el Cielo..., aunque con mucha diferencia... Es como la antesala del mismo, sin visión beatifica, pero que te re- pito que con visión «material y tangible» de lo que es SOBRENA- TURAL.
Hemos venido acompañando, con muchas huríes y con otros mu- chos médicos de diversos países, de diversas razas e incluso de religiones diversas, en los llamados «TRENES DE LA ESPERAN- ZAn, los cuerpos y almas de enfermos y de peregrinos.
Por un especial privilegio, los médicos alli oímos perfectamente cuanto se dice en el altar, aunque no existieran los altavoces, y vimos con nitidez y enfoque perfecto incluso los gestos de los ofi- ciantes. El privilegio consiste, como creo que sabes, sentarse junto al Preshiterio. Esto en España lo consigue ya cualquiera, incluso las «minis»; pero en Lourdes todo recuerda aún la «paz tridentina» y jerárquica. Un equipo de «Brancardiers» imponen el orden con )- una seguridad propia del ámbito celeste, que, pese a las naturales imperfecciones humanas, la simple Caridad que el ambiente im-
: pregna hace que se consume este milagro... por simple ordinaria pl Providencia. | No puedo explicarte la emoción tan honda que producía, preci-
samente allende el Pirineo... y precisamente en la festividad del A Sagrado Corazón de Jesús, mientras en España se preparaban las A Pastorales sobre el «día del Tráfico», que tan elocuentemente ha- ! bían de hablar de las obligaciones en conciencia de las órdenes : de la Guardia Civil, modernos centuriones de la católica España, reguladores no sólo del «tráfico de carretera», sino también de | «todos los tráficos y de todos los traficantes del confusionismo mo- p dernon, otro Prelado español decía con la sencillez y el fervor que
exige el todavía vigente Concordato: TE ROGAMOS POR NUES- TRO PAPA PABLO, NUESTRO PRELADO VICENTE Y NUESTRO CAUDILLO FRANCISCO, POR EL PUEBLO Y POR EL EJERCITO.
4 Fijate bien, caro lector, que era precisamente el día del Sagrado Corazón de Jesús, que aunque sea de un modo invisible, RIGE ES- PAÑA COMO REY DE REYES Y COMO SEÑOR DE SEÑORES, BAJO LA REGENCIA PATERNAL Y SOLICITA DE ESE CAUDI-
LLO DE CAUDILLOS Y CENTURION DE CENTURIONES, QUE
MUCHOS AÑOS NOS CONSERVE VIVO SU DIVINA MAJESTAD,
Fijate un poco en la providencial circunstancia, caro lector, y asi podrás adivinar la emoción y la fe con que aquella represen- tación de la mayoría silenciosa de España, que tanto critica el pa- dre Llanos. rezaría aquella oración vigésimo secular del Centurión
- del Evangelio. «Señor..., yo no soy digno...»
. Incluso los sacerdotes y Prelados decían: «Señor, yo no soy digno...»
- Pero mis simpatiquísimas huríes, uniendo sus voces a las de Angeles, arcángeles, serafines, principados, querubines, potestades, . etcétera, cambian un poco el texto, ante la sonrisa de María Inmacu- lada, diciendo: «El Centurión de España sí es digno...»
Y una hurí, sobrina de Maimonides, añadió: «Ama a su pueblo econstruyó la Sinagogan, empleando las mismas palabras de otro dico también ilustre de antaño llamado Lucas Evangelista.
los doctores de la Iglesia Universal respondieron a coro:
MA a e
Toledo, recobraba su movimiento al salir de las piscinas después de treinta años de inmovilidad absoluta de tres de sus miembros.
_El diagnóstico concreto no le da ningún valor apologético: Se- gún Lucas, un paralítico como el de Betsaida; según los doctores modernos, una parálisis psicógena, sin lesión aparente, pero con repercusión orgánica manifiesta e inveterada; para Freud, un po- sible complejo reprimido, no sublimado; para Charcot, la clásica parálisis histérica; para el moderno psicólogo, una frustración, etc.
Para mí, personalmente, creo se trataba de la misma enferme: dad que padecía España.
Polución mental de origen preternatural, «sed non sanctan, por falta de fe en el ambiente.
Con un poco de fe, cualquier psiquiatra la hubiera curado por «psicocatarsis».
En el Seguro de Enfermedad, con un poco de fe... también se hubiera curado.
Pero llevaba treinta años paralítica, por falta de fe, desidia, etc.
Mas en la piscina de Lourdes se habia curado incluso sin «psico- catarsis»...
Yo en mis tiempo tenía fama de «buen ojo clinicon, aunque ho- gaño algunos me suelen tomar por «el pito del sereno», como a todos los que vivimos en el limbo.
Pero hoy, caro lector, te repito que no estaba en el Limbo, sino en Lourdes de los franceses. Muy cerquita de España y muy cer- quita del Cielo. Me sentía incluso en tierra mora.
Porque ya sabes, lector querido, la leyenda del escudo de Lour- des... Un aguila con un pez marino, que recuerda el Aguila que lo dejase caer providencialmente en el Gave durante la dominación musulmana. Ya sabes la historia: Carlos Martel (el Charles Degoll de entonces) detuvo la invasión sarracena en Poitier... Sólo la parte meridional de Francia tuvo el honor de convivir con el pueblo mu- sulmán... Los cristianos pidieron al Valí de aquella ciudad que se convirtiese al cristianismo... Pretendían convencerle de que la Religión de los hijos de Isaac, en contra de lo que el Corán insinúa, era más perfecta que la de los hijos de su hermano Ismael.
El Valí dudó y se encomendó a Miryam, rogándole que como seña le diese el placer de pescar en el Gave un pez que fuese de mar, y no de río...
Y un águila que pasaba volando lo dejó caer providencialmente en aquel momento,
Y, naturalmente, con aquel Valí se convirtieron al Cristianismo todos los musulmanes que habían traspasado el Pirineo. Muchos de ellos se casaron con cristianas indigenas, y algunas de mis hu- ríes opinan que asi nació Iñigo Arista..., el amigo de Carlos el Calvo.
Y por intermedio de Petronila... desciende San Fernando, San Luis y los Reyes Católicos e incluso todos los católicos Principes de España...
Y, naturalmente..., y esto es verdad rigurosamente histórica, ABDERRAMAN III, el más grande de todos los CALIFAS DEL MUNDO, INCLUYENDÓ LOS DEL CALIFATO PERFECTO.
¡Casi na..., que era mi paisano Coráobés el que cambio la Ki- dla!
En el campo musulmán, aquel Abderramán fue el mejor Caudillo de la edad aquella.
Del mismo modo que el Caudillo de hogaño es el MEJOR CA- LIFA DE LA EDAD MODERNA, CON LA ESPADA MAS LIMPIA DE EUROPA.
Pidámosle a Dios que no tenga que cambiar la Kibla cristiana, mirando a Fátima en Occidente, de un modo KERIGMATICO Y PNEUMATICO, como diría Ranher..., el teólogo de los KERIGMAS.
Y por fin regresamos a España, caro lector, donde las Pastora- les del Sagrado Corazón brillaban por su ausencia. Menos mal que en mi paraiso de la Necrópolis de Lucena, desde donde la semana que viene volveré a escribirte, mis castizas huríes conservan la oración pronunciada en el Cerro de los Angeles hace dos años por el Centurión de España, en presencia del actual Vicario de lu Diócesis de Madrid-Alcalá, mientras oficiaba el Gran Arzobispo, de tan grata memoria y que ya goza de la Visión Beatífica...
Un fuerte abrazo... y un emocianado saludo desde Lourdes, re- pito que en el Día de la Solemne Fiesta de su Divina Majestad, el Sagrado Corazón de Jesús, del Santo Año Jecobeo.
nn nn gn nn een JUAN-ANGEL OÑATE, LECTORAL D£ VALENCIA .
ANAFORA EUCARISTICA II | literal («el autor). ; Texto latino y versiones ¡ oficial interina (criticada). pastorales
NOTAS catequéticas y Comentario bíblico. > IAN El mejor comentario existente a la más emple
las Me 0see (o Cánones de la Santa Misa), que A
que se expliquen y cuya explicación nadie (o casi
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DESDE BARCELONA
DEL XIII FESTIVAL INTERNACIONAL DEL TEATRO
6.2 representación,
La COLINA, de Daniel Gallegos, por la Compañía Nacional de Costa Rica. Por causas ajenas a la voluntad de los organizadores, según nos fue comunicado, esta sesión —y es una pena— no se ha po: dido celebrar.
1 representación.
DEFENSA INDIA DE REI, de Jaume Melendres, por la Compa- nía Nacional «Angel Guimerá». Dirección: Ricardo Salvat. _He aquí mi primera cita con el teatro catalán, y con ella mi
brimera sorpresa. Barcelona (la cuestión se impone por sí sola a
poco que se viva en tierras catalanas) es una ciudad bilingúe.
Nunca creí que se hablara tanto catalán pero es lo cierto que la
ciudad se expresa indistintamente en ambos idiomas, y que, para
sentirse a gusto en ella, es preciso, cuando menos, entender su lengua.
Yo arribé a tierras catalanas, ayuno de las más leves nociones del idioma. Hoy, al cabo de sólo unos meses, entiendo bastante de lo que se me habla, pero una conversación seguida, sobre todo, una obra teatral, me es aún ininteligible. Y el equipo de traducción simultánea, la noche de autos, no funcionó. Esta fue mi sorpresa, pues si se tiene en cuenta la proporción abrumadora de «caste- llanos» existente en Barcelona y su desconocimiento —al menos, en principio— de la lengua vernácula, cl funcionamiento de la traducción, en esta singular ocasión, hubiera sido un detalle. Ca- taluña y el resto de España padecen un equívoco que sólo se puede salvar a base de mucha buena voluntad por ambas partes.
: Por todo lo anterior, mi reseña ha de Jimitarse a reflejar las
impresiones de un andaluz ante una obra de la que sólo entendió
algunas palabras sueltas, pero que no pudo captar en su. tal vez, profunda y simbólica intención.
O Se levanta el telón. Un fulano, con cara de «atravesao», está tumbado en una cama. La que parece ser su mujer pulula por la estancia. l'uera, en el campo, llegan unos soldados y, después de ellos, un oficial y un brigada. Hablan de cosas militares Me parece que el Yjército, como institución, no sale muy bien parado de la escena. Llamado por su mujer, se levanta el «atravesao» de la cama. Tiene cara de pocos amigos, que conservará, impertur- bable, a lo largo de toda la representación. Sale fuera y el briga- da, que habla por los codos y en un catalán bastante cerrado, en- tabla conversación con la pareja, después de que se hayan ido los soldados. Mejor dicho, habla él sólo. Entiendo que dice que va a abandonar el Ejército. Llega una sobrina del «simpático», que es muda. Le gusta la «nola» al brigada, pero se le muestra arisca. Poco después, retirados todos «a descansar, la muda, en vez de dormir, sale en camisón a la puerta. La encuentran los solda- dos y, según parece, abusan de ella. Sale corriendo después, se oye una explosión y muere.
Luego vienen muchos cambios de escena. Vemos una estación de ferrocarril y al brigada, vestido ya de paisano, con el «atrave- sao», que, por cierto, se llama Jan. Sigue tan agradable como en la escena primera, aun cuando ahora con mayor razón, por lo de su sobrina, la muda. El brigada, el ex «maestre d'armes», le con- suela con la perspectiva de un gran entierro con honores militares y le ofrece un puesto de trabajo. Habla y habla, se mete con todo el mundo y no deja de reír.
Después viene un baile en un salón. Por la forma en que visten las parejas, la acción debe desarrollarse por los años cuarenta. Aparece un industrial. Es el padre de uno de los soldados viola- dores, ya licenciados. El resto de la tropa, ya de paisano y acom- pañados de sus parejas respectivas, forman parte del cuerpo de baile.
MARTIRES CRISTIANOS EN LA U.R.S.S.
Otra escena. Decorado simplista, con manchas rojas en la pa- red. Parece un cuadro modernista, pero resulta una carnicería o, mejor dicho, un gran matadero. Hay discursos a zargo de los altos
jefes de la empresa, a los que los obreros, que se han sentado en el
suelo, aplauden. (Esto debe representar la cnajenación proletaria). Sigue un concurso o prueba de aptitud para descuartizar unos cerdos de cartón, en cl que participa Jan, quien por su rapidez en la faena, es admitido. Después viene el brindis y el mutis de tal Jan por uno de los laterales.
El decorado, previo apagón, cambia. Ei brigada, a la derecha del escenario, parece haber progresado. Le vemos sentado en una mesa de despacho, algo desvencijada, y tiene, a cierccha e izquier-
da, a los que, en términos codornicescos, podríamos llamar «pe-
lota primero y pelota segundo». Entra Jan. Se le ha perdido su mujer y sigue sin sonreír, esta vez con mayor motivo aún. La busca en una jaula o prisión que hay a la izquerda del escenario y que está llena de mujeres con pinta de fulanas. No la encuentra. Otro apagón de luz y otra escenita.
Jan vuelve a su primitiva casa. Allí vemos, delante de la puerta, la tumba de la muda. Un individuo, que creo que era el mismo que vendía café yy helados en la escena de la estación, se encuentra en el lugar, no pude averiguar si de hortelano o de sepulturero. Habita la antigua casa de Jan. Entre los dos tras- ladan un féretro, tras lo cual Jan, más triste que nunca, se va por el foro.
Va a otro lugar en el que hay una pared con una ventana. La ventana se abre y un hombre le dispara un tiro a bocajarro. Muere. [el asesino, según me pareció deducir, era su hermano, el padre de la muda violada. Pero antes de morir Jan tuvo tiempo de escribir una carta, que da pretexto al autor para otro «cuadro». Este re- presenta un bosque, en el que un cartero algo «panoli» da la pelma a los paseantes buscando a su destinatario. Las señas no debían estar muy claras. Sale un profesor pedantísimo acompañado de dos adláteres pelotilleros, que le ríen las gracias, y con motivo de la epistola en cuestión, nos lanza una disertación sobre grafología y psicología.
Escena final. La mujer de Jan, en medio del escenario, está sentada en una silla. Detrás de ella hay un letrero escrito en ca- talán. Aparece el brigada con algunos comparsas. Habla y habla y, después, entrega a la viuda algunas monedas. Los otros, conta- giados por el gesto, dan también alguna calderilla, excepto el que primero apareció de soldado y resultó ser después hijo del ca- pitalista, que, generoso él, saca la cartera y le lanza un billete de mil pesetas. Y fin.
O El público que asistía a la representación, nada numeroso, se divide. En el patio de butacas algunos aplauden, pero en las altu- ras dominan los pateos y silbidos. Jistos arrecian cuando sale a escena un señor algo maduro al que le entregan no se qué. Miro el programa y resulta ser Salvat. Y con la corta y forzada ovación de los incondicionales termina el espertáculo.
Mi desconocimiento del catalán me impide enjuiciarlo. Ahora bien, de montaje y «mise en scene», «res de res», nada de par- ticular. Modernita la cosa, pero vulgar.
(NOTA.—Ustedes se preguntarán por qué me metí en una obra catalana si no entendía el lenguaje. Muy sencillo de explicar. Yo había sacado un abono a fin de que el festival me resultara más barato. Había pagado y hubiera sido neciy renunciar a la repre- sentación, aparte de que todo lo catalán. por español, me interesa sobremancra, y pienso hacer lo imposible por aprender la lengua y tratar, con ello, de calar en la entraña de csta región a la que admiro y quiero como parte integrante de mi España y lugar de
asentamiento de tantos compatriotas andaluces.) >
AAA A AAA A AA A AÁA AA AAA AA A20qqéq_Q—O__e — — ———————— AAA —————_———— AAA AAA
BORIS TALANTOV: CONCIENCIA DE LA IGLESIA RUSA
(Traducimos de «Orthodox Christian Wit- ness», núm. 32, de Seatle, Wáshington.)
Recientemente, ha fallecido en una pri- sión de la Unión Soviética el profesor Boris Talantov, quien por sus convicciones cristia- nas había sido condenado, a los sesenta y ocho años de edad, y. no obstante, su preca- ria salud, a dos años de trabajos forzados.
La carta que transcribimos a continua- ción, escrita desde sus prisiones en el hos- pital penitenciario de Kirov, el 7 de diciem- bre de 1970, creemos constituye un admira- ble ejemplo de fortaleza cristiana:
«Mi querido ...: Su carta ha sido motivo de gran alegría para mi, ya que desde que me enteró de sus desgracias en octubre de 1969, estaba muy preocupado por usted y continuamente oraba para que el Señor lo librase de ellas.
Descaría expresar mi profunda gratitud a V. y a sus amigos por el gran interés que hab6is demostrado por mi situación. El sin- cero y sacrificado «mor que los cristianos
tenemos unos hacia otros es como una ga: —rantía de que somos discípulos de Cristo.
La seguridad de ello nos conforta y anima cualquiera que sea la situación en que nos hallemos. Anciano y enfermo como soy, comprenderá que no ha sido fácil para mí el llevar adelante mi sentencia, pero aquí he encontrado varios compañeros de prisión, verdaderos creyentes, quienes al ser más jóvenes que yo, me han cuidado y conside- rado como un padre. Igualmente, otros cre- yentes de fuera de la prisión me han con- solado con sus cartas, en las que patentizan un sincero amor en Cristo.
Desde el 6 de noviembre estoy en el hos- pital penitenciario debido a una dolencia cardíaca. El médico ha dictaminado que pa- dezco cataratas en ambos ojos, que deben ser operadas, pues de lo contrario, quedaré totalmente ciego. Todo ello, lejos de debi- bilitar mi fe y serenidad de espíritu, me ¡n- vita a dar gracias y glorificar a Dios, que aín me permite escribir y leer cartas.
Mi alma está en paz y me siento recono: cido al Señor por las amargas pruebas que me envía. Ruego por su salud y las de to- dos los fieles cristianos.
Quiera El preservarte de todo mal y con- cederle Su perfecta felicidad.—Suyo, BARIS. O Ante tan espléndido testimonio cristiano. que a la vez constituye otra prueba irrefu- table de que la feroz campaña anticristiana en la URSS continúa en plena virulencia, nuestro corazón de cristianos y de españo: les se llena de dolar anto ciertos aconteci- mientos ocurridos en Madrid la pasada se- mana. Con motivo de la visita a España del «obispo» Juvenaly, del Patriarcado de E Moscú, que como es bien sabido es instru- mento del poder comunista ateo, la jerar- ; quía católica española ha desplegado todo a un programa de homenajes a Mons. Juve- naly, incluyendo una visita a la Basílica del Valle de los Caídos. Es una paradoja qua allí donde reposan nuestros hermanos que un dia ofrendaron sus vidas para librar a España de las garras del Comunismo, este súbdito del Kremlin sea festejado como re: presentante de la Iglesia Rusa. Pero tod sabemos dónde está la verdadera lgl Rusa, Iglesia que lleva en su frente el OD! bio de Cristo. ¡ELORÍA A SUS MARTIRE
TEMAS CLAVIJEÑOS
ORIGINAL VOTO DE CLAVIJO
Por RAFAEL GIL SERRANO, Director Central de la H. de Campeadores Hispánicos
CORRESPONSAL SEMIANONIMO
Existen por ahí ciertos elementos que, como si estuvieran inmu- nizados contra todo lo que signifique Ideales grandes y generosos —caso del Ideal Santidqguico—, se dedican a lanzar alfilerazos más o menos molestos contra quienes sienten y viven Ideales de ese tipo. Uno de los fáciles procedimientos de que se valen es el envío de recortes de prensa donde se lanzan diatribas —serias o sacásti- cas— contra el objeto principal del /deal en cuestión visto claramen- te, sentido profundamente, retenido tenazmente y vivido intensa- mente por los hombres ideálicos.
Y para que el impacto sea algo terrorifico o, por lo menos, un tanto misterioso, suele hacerse el envio por correo con un «remite» semianónimo, pues consiste en unas iniciales como, por ejemplo, «J. M. B.» y la localidad del remitente.
Y así, el destinatario puede ponerse nervioso y hasta perder el sueño pensando: «¿Quién será este corresponsal de..? ¿Quién no será el que me envía esto...?» Porque, claro es, un tal J. M. B,, sin otras referencias que la población de origen, lo mismo puede ser José María Bueno que Jumencio Más Bruto.
A veces, en el recorte no se dignan poner el título de la publi- cación y nunca la fecha de la misma.
Para nosotros, la cosa resulta interesante, pues aparte de obli- garnos a exprimirnos el meollo para localizar el punto y hora en que salió de las prensas el regalo con que se nos obsequia, vamos formando una no despreciable antología de «sabihondeces» pro- feridas por autores, al parecer, muy respetables. Y vamos con un botón de muestra.
¿VOTO POR MITO?
Entre los envíos recibidos de nuestro amable corresponsal use- mianónimo» figura un recorte, arrancado con muy malos modos, de «La Vanguardia Española», de Barcelona, correspondiente al día 11 de julio de 1970. En la sección «Tribuna de La Vanguardia, y bajo el tema «Trayectoria de los pueblos», aparece un articulo de José María de Areilza titulado: «EL VOTO DE CLAVIJO.»
El autor es bien conocido, y su firma, muy cotizada en los me- dios de información nacional. Por eso nos extrañó que el artículo se publicase en el mes de julio, cuando debiera haberlo publicado en el mes de mayo, que era lo suyo, por ser mayo el mes en que la Iglesia Española celebra la festividad de la Aparición del Após- tol Santiago en Clavijo.
Y no fue eso sólo, sino que al leer el articulo no llegamos a tro- pezarnos con la palabra «voto» en todo el texto ni en el contexto. ¿Qué había sucedido? Que el autor había confundido, sin duda, la palabra «voto» con la palabra: «mito». ¿Voto por mito...? ¡Voto a tal... que ya es confundir! Porque nadie ignora que voto es una promesa hecha a Dios bajo pena de pecado mortal, mientras que mito es una fábula o mentira elevada a la categoría de dogma por el paganismo antiguo O moderno.
EL CERRO Y LA FUENTE
Ñ P De todos modos, vamos a ser indulgentes y a suponer que el
autor no se confundió, sino que fue una errata de imprenta el «voto» del título. Pues ni aún asi queda libre el articulista de ignorancia santiaguista, al menos clavijeña. Porque, en efecto, por más que leí- mos y releímos el articulo, no pudimos encontrar nada demostra- tivo de haber estudiado el tema, ni siquiera de manera elemental. Todo son vaguedades y tópicos sin consistencia de ninguna clase y hasta con alguna contradicción esencial.
_ El autor comienza el artículo de este modo: «La subida a Cla- vijo se retuerce por un camino que marcha ceñido a los barrancos y valles de la sierra. Queda atrás Albelda, villa de cronicones me- morables, con su monasterio desaparecido y sus celdas excavadas en la roca, acaso origen de la primera comunidad monacal. En una cueva, al pie del macizo de yeso horadado, todavía se adivinan los arcos y columnas de lo que fueron primitiva capilla, hoy almacén de pajas. Pero hemos dejado ya el valle del Iregua, con el reino mi- núsculo de la reconquista, Viguera, para ascender al cerro santia- gueño. La visión de la Rioja se pierde ahora en una cerrada niebla matutina que nos envuelve en sus cendales. Una cueva y otra. Como en un truco escénico, se rasgan las mubes bajas cuando en lo alto' el castillo hace su espectacular aparición. Montado sobre la loma, con sus grandes muros almenados semejantes a gigantesca mandi- bula, se alza sobre una ladera casi vertical, mientras la otra vertien- te se apoya en el sendero que lleva al pueblo de su nombre. Henos aquí ante un mito de nuestro pasado, que duró muchos siglos.»
He aquí el final: «Cuando, subido el atajo empinado, llegamos al recinto en ruinas, hallamos un grupo de muchachos que, senta- dos a la sombra, escuchan de un joven sacerdote el relato del fa- -buloso episodio. Del otro lado de la muralla mana un caudal que - Huye hacia el valle, presuroso. Así, también, la tradición, que entre
las Tiberas del recuerdo y la esperanza acaba vertiendo sus aguas
n la mar de la común historia.»
e ve, por la bella descripción del viaje realizado por el
os dos pelos y señales que del mismo nos da, todo el «mi-
to» gira alrededor del cerro clavijeño. ¿De qué cerro? ¡De cuál va a ser! Del que tiene su loma montada por los grandes muros al- menados del castillo, «semejantes a gigantesca mandíbula»...!
Y todo, ¿para qué? ¡Para venir a parar en el «caudal que fluye hacia el valle, presuroso», como «también la TRADICION, que entre las riberas del recuerdo y la esperanza, acaba vertiendo sus aguas en la mar de la común HISTORIA»...!
De donde resulta que el Voto de Clavijo no es Voto de Clavijo, que es Mito de Clavijo... Que el Mito de Clavijo no es Mito de Cla- vijo, que es Tradición de Clavijo... Que la Tradición de Clavijo no es Tradición de Clavijo, que es Historia de Clavijo...
¿Podríamos haber llegado nosotros tan lejos como llega José María de Areilza con su original «Voto de Clavijo»...?
A lo mejor, eso del mito, en tan renombrado y polifacéutico per- sonaje, es un rasgo autobiográlico.
DE LA ISLA DE MALLORCA
CONSIDERACIONES...
Por A. TERRADO
Bien conocen mis lectores la averiada formación que se recibe en el Seminario mallorquin. Sepan ahora que el Rector de dicho es- tablecimiento, Pablo Oliver, se va por conventos de Religiosas en- cargando oraciones y sacrificios para que del mismo Seminario que tiene bajo su responsabilidad salgan buenos y santos sacerdotes. Bello ideal, ¿verdad? Sin embargo, nos parece utópico, ya que, luego de la partida de Jerónimo Fito a América con la elegida de su mun- danizado corazón —su futura esposa—, permitió que otro cura, Jal- me Santandréu, muy «aggiornado», diera una conferencia a los se- minaristas haciendo resaltar el magnifico gesto humano y social del mismo Fito. Tenemos asi que las monjas han de arreglar con ora- ciones y sacrificios lo que unos curitas estropean con su magiste- rio. ¡Dios nos conserva el seso tanto como la vida!
O Al oeste de nuestra isla hay tres parroquias limitrofes entre si: Andratx, S'Arracó y Paguera. Referente a las dos primeras, ya tengo dicho algo de sus adelantos pastoralistas. Quizás algún día dedique un párrafo al coadjutor de Andratx, P. Arbona (sacerdote «ágil», de los que gustan al Cardenal Bueno Monreal), muy aficio- nado a frecuentar los caminos y las playas, sirviéndose de su coche para transportar y cristianizar a jóvenes turistas.
Hoy únicamente me detengo con el cura de Paguera, D. Pedro Orpi, a quien se lo han dado todo en bandeja de plata: iglesia nue- va, casa rectoral y últimamente se estableció alli una Comunidad de Franciscanas para el servicio de enfermos; instrucción de la ni- ñez, y seguramente arrimarán el hombre en la medida que les sea posible en favor de las necesidades del templo parroquial. El do- mingo 18 de abril, las buenas Religiosas fueron objeto de gran re- cibimiento en Paguera por parte de las autoridades y pueblo, cele- brando misa, con homilía del señor Obispo Don Rafael Alvarez Lara. Yo, invitado por una familia de aquella zona marítima, estuve pre- sente. El prelado dio también la comunión, depositando la hostia en la lengua de los fieles. En cambio, el P. Orpi, dándola al mismo lado de S. E. Reverendisima, la depositaba en la mano de los que se acercaban a él. En un acto tan solemne, el párroco cometía una desobediencia pública. ¿Se ha visto algo semejante? Hay que añadir que el P. Orpi recibió, además, hace pocas semanas el cargo de ar- cipreste por el sistema de votos. ¡Oh la Democracia!
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Biografía de este eminente dominico que fue «un hon» bre de Dios, un religioso y sacerdote que había llegado a aquella «plenitud de Cristo» y «plenitud de Dios» que San Pablo desea para todos los cristianos...»
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Coeducación de chicos y chicas en los ¿Con el ex «Mensajero del Corazón de Jesús», o con el Magisterio Eclesiástic Por ALFONSO CHACON DE LA FUENTE
Ved aquí un artículo extraño, publicado en el mes de junio, en esa revista que se honraba antes francamente con el nombre del Corazón de Jesús y ahora lo esconde vergonzosamente. El artículo lo firma J. Balari.
«Hace unos años —comienza diciendo— ni siquiera nos pre- guntábamos sobre la posible conveniencia de la coeducación de chicos y chicas.»
Comentamos nosotros: Es que aparte de las obvias razones para su exclusión de nuestras costumbres escolares, fundadas en la misma naturaleza de los dos sexos; con sus claras diferencia- ciones, psíquicas, morfológicas y funcionales, teníamos presente las enseñanzas del Magisterio Eclesiástico; y las respetábamos, al parecer, con mucha más delicadeza que los autores del artículo del «Mensajero», que comentamos.
Solamente en casos excepcionales, por limitación de medios cconómicos, de locales escolares, de falta de población infantil en las aldeas, se toleraba la coeducación, y esto, io sin especiales Cautelas y separaciones, convenientes para evitar sus naturales peligros.
Pero J. Balari nos habla de la rápida evolución de las cos-
tumbres. Tiene razón: pero no dice si esta evolución es en sentido mejor, como parece que piensan con Teilhard algunos de sus secua- Ces, y al parecer él mismo, y su interlocutor interviuvado, Torre- lló; o es en sentido peor, como piensan muchos buenos católicos, y desde luego nosotros con ellos. Por todas partes se ve y se lamenta el materialismo, el sensua- lismo, la falta de honestidad y de decoro en espectáculos, diver- siones, exhibiciones, modas, relaciones entre los novios, etc. Y por lo que hace a nuestro caso, el desprecio del Magisterio Eclesiástico y de las normas de la moral que defiende la Santa Iglesia.
Balari se fija en las relaciones más libres entre chicos y chicas y le parece «lo más natural del mundo». Pero, claro, reparamos nosotros: estas relaciones, en centros recrearivos, clubs, agrupa- ciones escolares o universitarias, practicadas sin cautela, sin las limitaciones impuestas por el decoro, aunque sean —«lo más natural del mundo»— (así lo pensaba también Teilhard y' lo de- fiende en «La Evolución de la Castidad»), están llenas de peli- gros, cuyas lamentables consecuencias paipamos cada día. 0 A¡pesar de las «píldoras»; a pesar de la infecundidad de algu- nas tierras, porque no todo lo «que se siembra nace; a pesar de las irregularidades antinaturales con que se procuran otrillar con- secuencias molestas y peligrosas, los casos de las jovencitas des- hontadas, cuando todavía no TENTAN NI EDAD NI DERECHO para llegar a la gloria de una honesta y santa maternidad, se repiten en no pocos sitios; y no como casos aislados, sino hasta por docenas. Y cuántas otras cosas inconfesables se ocultan a los ojos del mundo, pero gravan las conciencias de nuestros jóvenes, y están patentes a los ojos del Supremo Juez.
No exageremos, P. Balari: no es preciso que la pareja de
En torno al "Novus Ordo Missae”
Ya OA OO O O O CAOS ANA OS noe OD coña (00D. 50
tables de la Fo católica sobre lo que constituye esencialmente nuestra Santa Misa.
«In Missa offertur Deo verum et proprium Sacrificium.» (De fide divina catholica definita.) ,
Los que negaran esta proposición serían herejes. .
«Para todo sacrificio se requieren un Sacerdote, una Víctima y una acción sacerdotal mediante la cual la Víctima es ofrecida.»
«In Missa et in Cruce eadem est Hostia et idem Sacerdos Prin- cipalis.» (De Fide divina catholica definita.) 4
«Hostia seu Victima est ipse Christus praesens sub specibus panis et vini» (De Fide divina catholica definita.) Herejes son también los que negaren estas dos últimas proposiciones.
Tres realidades son, pues, esenciales para la realidad del Sa- crificio de la Misa: —. 3 e
El Sacerdote (Sacerdotes, illique soli, sunt ministri) (de fide divina catholica) teniendo el carácter sacerdotal.
La presencia real y sustancial de la Víctima que es Cristo.
La Acción sacerdotal de la oblación sacrificial que se realiza
esencialmente en la Consagración.
No olvidemos que son precisamente estas tres verdades fun- damentales que niegan los Protestantes y los Modernistas.
No olvidemos que es para manifestar su negativa a creer en estos dogmas que sus Misas se han transformado en culto, en cena o asamblea eucarística, con un desarrollo importante de la
lectura bíblica, de la palabra en detrimento de la ofrenda y de la”
liturgia del Sacrificio.
9 Todo lo que ha sido prescrito como novedad se resiente clara- mente de este nuevo concepto más cercano del concepto protes- tante que del concepto católico. Las afirmaciones de los Protes- tantes que han contribuido a esta Reforma ilustran ingenua y iristemente esta verdad: «Los Protestantes ya no ven lo que po- dría impedirles la celebración del Novus Ordo.»
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novios salga a paseo, como antaño, acompañada por la madre
o por la señorita de compañía; pero es muy conveniente que toda
la sociedad la acompañe y la defienda. Y lo hace cuando los novios no buscan los lugares umbrosos o desiertos; cuando no van a Clubs hippics misteriosos, de oscuridades y luces fantásticas; cuando no escogen en los cines los rincones poco visibles; cuando no se van solos por los caminos lejanos, en ese coche que suele ser a manera de casa de citas con ruedas.-
Si los novios guardan estas razonables cautelas, equivalentes a las famosas que requería el insigne Maura para toda obra recta, sea de gobierno, sea de conducta personal: «Luz y taquígrafos»; entonces toda la sociedad acompaña a los novios en sus honestas relaciones, honra a las jóvenes, y a unos y otras les aparta del
peligro de las naturales debilidades que padece nuestra natura-
leza, viciada por el Pecado Original. o El P. Torrel!ló, delegado en Barcelona de la Federación Es- pañola de Religiosos de la Enseñanza, interviuvado por Balari, por lo visto parece que no tiene en cuenta ni el dogma del Pe- cado Original ni el desorden actual de la concupiscencia, que nos hace tender a los placeres carnales con mayores apetencias aún que a los mismos animales, los cuales se guían rectamente por sus instintos naturales.
Estamos siguiendo al P. Torrelló. en plena concepción «rous- soniana», y aun teilhardiana, de la perfección natural del hombre,
ajena a todo desorden de pecado y de concupiscencia, y exigitiva
de un trato íntimo, confiado y efusivo de los dos sexos, aun mu- cho antes del matrimonio.
El P. Torrelló, guiado al parecer for una concepción naturalis:- ta de la vida y del sexo, da de lado a las consideraciones morales y religiosas sostenidas por la Iglesia y prefiere apoyarse en las tesis teilhardianas de la «Evolución de la Castidad».
El P. Torrelló encuentra muchas ventajas en la coeducación de niños y niñas, jovencitos y jovencitas; coeducación. por otra parte, tan reprobada por el Magisterio Eclesiástico. Apela a la fa- milia, donde necesariamente ha de haber comunión de vida entre los «dos sexos. Pero no repara en que «la familia es la familia». Una sociedad santa y natural instituida por et Creador. .
La santidad del hogar y la solícita y amorosa vigilancia de lo padres, evitan muchos peligros. Pero «ún allí, en el hogar, debe ha- ber, en lo posible, discreta y' prudente separación entre hijos e hijas, cuando pasan ya de la primera infancia, en sus juegos, tra- tos, habitaciones, vestidos, etc. Si no la hay, sobrevendrán peli- gros de consecuencias harto vergonzosas.
Más aún, tendrá una realidad lo que execraba cel vate latino de Venusa, en las pervertidas costumbres romanas: «Incestos amores de tenerse meditantur ungue» - «Traman amores mcestuosos, des: de los más tiernos años».
La cuestión es grave y trascendental. Continuaremos (D. m.) en nuestro próximo número.
Por MARCEL LEFÉBVRE Arzobispo de Synnada en Frigía
cuentemente descritos por San Pablo a los Gálatas V-22, están a punto de desaparecer de la Sociedad. Todas las familias están divididas, las congregaciones religiosas, las parroquias están ata- cadas por el virus de la desunión. Lo están los Obispos, los Car- denales mismos. ñ
La Misa católica tenía y sigue teniendo por efecto elevar a los hombres hacia la Cruz, unirlos en N. S. Jesucristo crucificado, atenuar en ellos los fermentos del pecado que los lleva a la divi- sión. Si la Cruz de Nuestra Señor desaparece, si su Cuerpo y su Sangre ya no están presentes, los hombres se encontrarán entre ellos alrededor de una mesa desierta y sin vida, ya no habrá nada que los una.
De allí nace sin duda este cansancio y este aburrimiento que empiezan a manifestarse en todas partes, de allí la desaparición de las vocaciones, que ya no tienen objeto; de allí esta seculariza- ción y esta profanación del sacerdote que ya no encuentra su razón de ser, de allí esta necesidad del mundo. Jesucristo poco a poco, por culpa de este concepto protestante de la Santa Misa, abandona las iglesias, tan a menudo profanadas.
La concepción de esta Reforma, el modo cómo ha sido publi. cada con ediciones sucesivas indebidamente modificadas, la ma- nera cómo se ha vuelto obligatoria, a veces con tiranía, como ha sido el caso para Italia, la modificación de la definición de la Misa del art. VII sin ninguna consecuencia para el Rito mismo, son otros tantos hechos sin precedentes en la Tradición de la Iglesia Romana, obrando siempre «cum consilio et sapientia». Nos permiten poner en duda la validez de esta legislación y de confor- marnos así al Canon 23: «En la duda no se admite la revocación de una ley, sino la ley reciente se ha de reducir a la precedente y se debe conciliarlas tanto como se pueda.»
Lo que sigue siendo un deber y un derecho absoluto es la salvaguardia de la Fe. Y la Santa Misa es su expresión más viva y su fuente divina, por lo que su importancia es primordial.
Roma, 13 de mayo de 1971.
DESDE MALLORCA
Se nos va el catolicismo
No voy a comentar las habladurías y cuchicheos que las anoma- lias de la Iglesia y los sacerdotes suscitan a diario; son tantas, que el decidido semanario ¿QUE PASA?, constante defensor de las vo- luntades populares, resulta insuficiente para recogerlas todas. Sólo comentaré lo que más se repite por cualquier rincón de Mallorca: se acaba el catolicismo.
Si la teología de nuestros dias concede a todos los bautizados los carismas sacerdotales, y entre ellos el profético, con más razón y gratuita bondad de Dios estará sobre el sacerdocio ministerial por la imposición de manos episcopales, y aún, creo, con acento de más predilección sobre aquellos que, dejando su antigua religión protes- tante, pasaron, por convicción y amor, al ordenado catolicismo y se decidieron por el estado religioso y sacerdotal, como lo fue, en- tre tantos, Luis Bouyer, autor de varios libros y que en uno de ellos, titulado «La descomposición del catolicismo», denuncia cau: sas y efectos bien determinados por donde hoy se precipita el ca- tolicismo, el cual no puede tener otra consecuencia lógica que su completa descomposición.
Quizá alguno de esos utópicos modernos querrá interpretar ese torbellino caótico católico, como el resurgimiento de la nueva Igle- sia posconciliar, pero es lo cierto que por todo cuanto se ve, se oye, se cuenta, se predica..., sólo presentan de Cristo, de su doctri- na, de la Iglesia, de la fe, tradición y autoridad, un enfermizo feto que carece de fuerzas para poder sobrevivir y que los inyectables que se le aplican de cada día resultan ineficaces.
Uno de los eminentes políticos franceses no católico, al oir a uno de los observadores, también acatólico, del Concilio Vaticano Il, re- latar las posturas, discusiones y orientaciones que tomaban los pa- dres conciliares, espontáneamente se pronunció no sólo por la des- composición, sino que por la completa desaparición del catolicismo, a pesar de su arraigada universalidad, y lo más gracioso es que se: ñala el tiempo probable que le sobrará para llegar a ello: Dejemos que avance esa generación ideológica y de empujes conciliares para saber en qué se queda la floración de un catolicismo venerado.
Si don Miguel de Unamuno, autor del libro «Agonía del Cris- tianismo», viviera y contemplara los actuales momentos críticos de la Iglesia católica, alma y fuerza de los fieles servidores de Cristo, ¿qué diría ante el espectáculo y obrar dramático de jerarcas, sacer- dotes y pueblo de Dios? ¡Qué bien reforzarían la argumentación de todo su libro los reflejos filosóficos, teológicos, socio-políticos, di- manados de Jerarquías, sacerdotes y de tantos acontecimientos in- cluso abandonos del campo ideológico, que en un tiempo fue de- fendido con denuedo! Seguro que con la sal de las apostillas reafir- maría con veracidad innegable sus adelantos y predicciones, siendo causa de confusión y vergúenza para muchos mitrados y modernos episcopables. ¿Cuál sería la radiografía que sacaría del catolicismo no sólo actual, sino del que se esfuerzan titánicamente en implan- tarnos para destruir el que hemos vivido, como fruto y constante vigilancia de la Iglesia? Yo creo que Unamuno no sería tan ingenuo como las altas Jerarquías y horizontalizadas esferas eclesiásticas de achacarlo todo, sin atribuirse responsabilidad alguna de haber- las provocado, a las circunstancias actuales, a las tensiones, convul: sión mundial, apetencias de libertad, derechos humanos, dignidad personal..., mirando más por los que están fuera de la Iglesia y del catolicismo que para los resignados y humillados seguidores de lo católico eclesial de veinte siglos de vida. Yo creo que Unamuno lo referiría a morbosidad intelectual y espiritual de los Jerarcas, de los teólogos de admiración y de los sacerdotes mundanizados que con su arte de no hacer, quisieron descomponer el mito, como se dice, de las creencias, cultos, liturgia, devociones, sacramentos y hasta dogmas profesados por la Iglesia católica preconciliar.
Que no se diga que estos hombres mencionados carezcan de ojo previsor O de carisma profético, porque sin revelación alguna, sólo con el sacerdocio natural a todos los bautizados, pero con vista y lógica sobre las premisas que iban sentando, atinaban las conclu- siones claras de los derroteros que seguiría el catolicismo, digámos- le progresista, hasta confundirse con el mundo enemigo de Cristo.
¡Afanaros, señores Cardenales y Obispos, afanaros si queréis sal- varlo! ¿Cuántos años se necesitarán para arreglar lo que va tan descompuesto? El mal brota casi espontáneamente, y si no se mete mano a tiempo el arreglo se queda en reparación, que se nota siempre. ¿Estarán SS. EE. orgullosos de las páginas que dejan es: critas en la historia de la Iglesia? ¿Que clase de profesión o jura- mento prestaron el día de la imposición del Capelo o de la ordena- ción Episcopal de defender, hasta con su sangre, la Iglesia que co- nocían. O la que iban a inventar?
La Religión Católica, siguiendo el rumbo de los tiempos actua- les, pasará a ser una de tantas SECTAS existentes en el mundo, y eso con muchisimo dolor por los que de veras la amaban, así en pretérito, por causa de tantas dudas, confusiones, divisiones, deser- ciones, minimización y desacralización de sus valores doctrinales, culturales y disciplinares, y lo peor es que se quede en la SECTA más ridícula y pobre de todas las existentes.
Digo SECTA RIDICULA por el abandono de la majestuosidad y seriedad de sus funciones litúrgicas tradicionales, que por su emo- ción invitaban a la oración y al recogimiento sólo con haberlas he- cho inteligibles con el uso de la lengua vernácula, enriqueciéndolas con lecturas bíblicas más variadas y adecuadas, con la participación de fieles en aclamaciones, actos penitenciales, profesión de fe, uni- dad de oraciones, alabanzas de acción de gracias, etc. Así se hubie- ran quedado en su grandeza remozadas y quizá más apreciadas que la liturgia esquemática actual, carente de sentimiento, piedad y sen- tido sobrenatural. ¡Que escuchen, si quieren saber, lo que dice el
pueblo cuando se trata de entierros, funerales, funciones populares, misas guitarreras y bailarinas, señoritas exhibicionistas y mini..., et- cétera! y
SECTA ridícula por haber mantenido enhiesto su torreón duran- te tantos siglos y combatido por fuertes tempestades, pero valiente y resistente siempre, sin moverse, con su veleta que no sólo indi- caba la dirección de los vientos, sino la clase de tormentas que querían trágarsela; hoy no ha sabido vencer los embates y se ha desplomado con los nuevos y modernos vientos, que en otros tiem- pos la hubieron cubierto de gloria y firmeza.
SECTA ridícula por haber puesto mano al arado..., por haber comenzado a construir sin antes calcular bien sus fuerzas..., por sa- lir al campo de batalla sin tener en cuenta el número de sus ene- migos; ... y no sigo con más indicaciones bíblicas, puesto que ni a las Jerarquías ni a los sacerdotes progresistas les interesan y les importa un bledo las voces de los católicos que se quejan por su opresión, y mucho menos a los que están hablando desde este se- manario, ¿QUE PASA?, eco fiel del pensar y decir del pueblo.
SECTA POBRE por despojarse de su tradición, derrocar su arte y venderlo para enriquecer a chamarileros y empobrecer a los que les sucedan; por despreciar sus vestiduras y ambicionar los despo- jos, tiras o togas de los hermanos separados; por ir mendigando entre estos hermanos y nuestros más afines, los ortodoxos orienta- les, fragmentos de su teología, de su liturgia, de sus costumbres e incluso de sus vestiduras, las que más cómodas hayan parecido.
Pobre, por faltarle los hombres de los temples antiguos, pastores que, a pesar de sus galas, honores y triunfalismos, la llenaron de esplendores doctrirales y, vigilantes, apacentaron su grey por pra- deras exuberantes de riquisimos pastos; pero hoy, los actuales, o no saben, o no quieren, o no pueden por la burla que se ha hecho de la riqueza católica.
Pobre, no por amor a los pobres y verse invadida por ellos, porque pobre puede ser cualquiera, aunque posea bienes, sino por faltarle el amor de los pobres y el de los beneficiarios, y el de los demás que se les considera ricos o medianos.
El Catolicismo preconciliar se cotizaba muy alto y era admira- do y ambicionado por su vitalidad, su firmeza, su seriedad, su uni- dad, su inteligencia y disciplina, una sola Voz y un solo Corazón. Hoy, todo ha fracasdo; todos lo vemos y lo comentamos, y por mu: chos paños que quieran ponerle, siempre resultarán remiendos y explicaciones forzosas de sentido naturalista y acomodaticio.
El Santo Padre, en sus elocuentes discursos o cartas religio-socio- politicas, habla a los cristianos en general, a los católicos ni siquie- ra los menciona, y eso que es el Padre de la Iglesia católica. Nos tiene reducidos en el aprisco y llama a los que se.-mantienen y vi- ven por sí mismos tranquilamente, pensando quizá en impresionar- les y siguen tan inmóviles como se dice de los integristas.
Ante lo expuesto, concluimos diciendo que el catolicismo se nos va. Que ya es una página del pasado, un plagio en el jardín prima- veral de la mundanizada Iglesia.
UN SACERDOTE MALLORQUIN
FAVOR, DOLOR Y PLEGARIA
Por TEOFILO
YO HE SIDO UN LEPROSO: Me curó EL SEÑOR,
y estoy orgulloso
de tan gran favor.
Mas, hoy, cuando veo
a tanto indigente
que no se arrodilla,
estando El presente,
me mata la pena,
me muerde el dolor
y el alma me grita
¡NO HAY FE! ¡NO HAY AMOR! De diez que curaste,
sólo uno volvió...
Gracias vengo a darte,
por los nueve, yo. ¡Perdón yo te pido
por ellos, Señor!
Si, ingratos, se han ido y te han ofendido,
mi pecado ha sido
más grande, ¡EL MAYOR! Yo, que vi TU ROSTRO, no escuché TU VOZ:
Si ellos no te han visto, como te vi yo, é ¡perdón yo te pido
por ellos, Señor! :;
que mi culpa ha sido LA CULPA MAYOR.
LIBRITO DE BOLSILLO PARA
"Hablar con Dios”
ORACIONES DEL CRISTIANO POR JOAQUIN JIMENEZ, S. J. 25 ptas. - 130 págs. Maldonado, 1 - MADRID-6